Señora,
¿me permites continuar mi ministerio sacerdotal aquí en tu casa?
Con estas palabras,
Mons. Antonio Palencia saluda a Santa María de Guadalupe pen el inicio
de su servicio como integrante del Cabildo de la Basílica de Guadalupe,
luego de caminar por más de 20 años al servicio de los enfermos en
la Pastoral de la Salud.
Nació en México, D.F., el viernes
13 de junio de 1951 -día de la Solemnidad del Sagrado Corazón y fiesta
de San Antonio de Padua-, del matrimonio formado por la Sra. Carmen
Ramírez de Arellano y el Ing. Carlos B. Palencia, principal constructor
y urbanizador de la Colonia Hipódromo Condesa, y de los antiguos templos
de la Coronación y San José de las Palmas.
Además de las enseñanzas propias
de un hogar cristiano, su abuela paterna Doña Juana Aguilera de Ramírez
de Arellano, le introdujo en el amor a Santa María de Guadalupe desde
pequeño. “¡Veníamos todos los nietos el día 12 de diciembre, llegábamos
a la misa de aurora después de que habíamos peregrinado caminando
desde la colonia San José Insurgentes hasta acá! ¡Era una hazaña familiar!”.
En este ambiente sintió la
vocación hacia el sacerdocio aunque no sería sino hasta después de
graduado como Médico Cirujano de la Universidad Nacional Autónoma
de México, cuando ingresó al Seminario. “Siendo Médico sentí fortísimo
el llamado al sacerdocio y fui ordenado el 9 de diciembre de 1990,
en la bondad del Sr. Cardenal Ernesto Corripio, en la Parroquia de
San Bernardino en Xochimilco. Ahí primero se entronizó la imagen de
san Juan Diego y luego se realizó la procesión para la ordenación.
Fue una gran alegría”, señala. Posteriormente comenzó a trabajar en
la Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud (1979-1997). “Fueron
18 años muy bonitos porque se fundó a nivel nacional la Pastoral de
la Salud, con una visión de la atención al enfermo y la defensa de
la vida, del no nacido, del enfermo terminal”.
Uno de los primeros frutos
e impulso de ese trabajo fue la publicación del Directorio de Pastoral
de Salud, que fue asumido después en el Vaticano como el libro oficial
de esta pastoral. Este directorio contiene las bases de la formación
de los agentes de pastoral de la salud, desde los fundamentos bíblicos,
cristológicos, eclesiológicos, de la atención al enfermo, a la persona
que sufre. “También contiene la presentación de lo que es la salud-salvación
en medio del sufrimiento, es decir, el sentido cristiano al sufrimiento.
Luego trae las herramientas de Pastoral de la Salud: el counceling
pastoral, la bioética católica, entre otras. Fue un trabajo de
dos años, era la primera publicación de ese tipo a nivel mundial y
después de pasar por la Comisión de la Doctrina de la Fe, finalmente
fue aprobado por el pleno de la asamblea de la CEM y publicado por
la misma”, afirma.
Ésta fue la base para comenzar
una intensa labor en toda la República Mexicana, realizando visitas
a las regiones pastorales y a las diócesis, colaborando al mismo tiempo
y estrechamente con los obispos de la Comisión de Salud: Jorge Martínez
presidente), José Lizares, José Barraza, José Pablo Robalo y el Sr.
Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, de Guadalajara y representante
de la Congregación para la Doctrina de la Fe. “Más adelante surgen
las primeras peregrinaciones de los enfermos a la Basílica de Guadalupe.
Traíamos una vez al año 12 mil enfermos; era el último sábado del
mes de mayo; realizamos 22 peregrinaciones”. Más tarde, a mediados
de 1995, S.S. Juan Pablo II declara al Santuario de Nuestra Señora
de Guadalupe como sede de la Jornada Mundial del Enfermo para el 11
de febrero de 1996, acontecimiento que “abrió Guadalupe al mundo,
y generó diversas iniciativas diocesanas”.
“En ese entonces murió Mons.
Jorge Martínez de un cáncer terminal y suplió interinamente el Sr.
José Lizares. Nos dimos cuenta de que el Arzobispado era sede vacante
y a los pocos días se anunció que el obispo electo es Mons. Norberto
Rivera. Lo fuimos a ver y todo salió todo de la noche a la mañana.
Se armó un grupo muy grande porque era la primera vez que pasaba algo
así en el Santuario. Después vendrían muchos eventos mundiales aquí,
pero la IV Jornada Mundial del Enfermo fue lo que abrió Guadalupe
al Mundo, incluso se llamó: Del Tepeyac al mundo”.
Este acontecimiento único,
asegura, propició que en todas las diócesis se establecieran las comisiones
diocesanas de Pastoral de Salud, pues surgió el compromiso de los
obispos y sacerdotes asistentes, alrededor de 60 y 300, respectivamente.
“De unas seis comisiones que había en diócesis y arquidiócesis, se
llegó a 42 en un término de tres años. Después ya vinieron la reunión
anual, conferencias, simposia". “Al unísono se fundan, el 9 de
diciembre de 1998, la Asociación de Médicos Católicos, la Asociación
del Voluntariado Católico y la Asociación de Enfermeras Católicas.
Fue el nueve de diciembre, pues se tomó a San Juan Diego como patrono
de los agentes de Pastoral de Salud, porque él cuidó de su tío Juan
Bernardino. Hay al respecto un decreto de la CEM”.
Con la Asociación de Médicos
Católicos, añade, se comenzaron a crear las facultades y escuelas
de Bioética, en las universidades Anáhuac, La Salle y Panamericana.
“Es el nacimiento a la defensa de la vida humana desde el punto de
vista médico”.
Luego comenzó el diálogo con
el gobierno en la lucha por la vida. “Ahí entra muy fuerte Médicos
Católicos, quienes hasta la fecha se han colocado en el trabajo en
comisiones del Congreso y con el Gobierno Federal”.
Poco después se fundan los
comités de Bioética en hospitales, especialmente de religiosas y privados.
“Se inicia toda una campaña para la fundación de estos comités que
ya integran la presencia de sacerdotes. A nivel nacional las comisiones
diocesanas y los colegios de médicos ya estaban funcionando y ellos
comenzaron a hacer sus propios trabajos bajo los mismos lineamientos”.
“Somos los únicos que hemos
parado la situación del Instituto de Medicina Genómica. Hemos llevado
la lucha contra el procedimiento del embrión congelado, la fertilización
in vitro, y en contra de toda esa parte que niega que el embrión
sea persona”.
Un punto culminante para esta
pastoral, indica, fue cuando el Papa visitó un hospital del Gobierno
Federal, porque se tendieron los lazos con el Estado y fue una nueva
puerta que se abrió para el diálogo por un mejor servicio al enfermo.
“Crear puentes en la cultura de la vida, en la cultura de la salud,
es muy importante, y eso se sembró”.
Advierte que actualmente nuestro
país ha vivido un retroceso en la cultura de la vida porque se ha
propiciado que se abran los causales del aborto, que se acepte la
clonación “terapéutica” que es más dañina que la clonación reproductiva
y el proceso de eutanasia. “Ha sido una lucha campal con las fracciones
parlamentarias”, dice, “porque la vida ha quedado como un instrumento
de trueque entre las fuerzas políticas. Algo desastroso porque no
se valora la vida humana”.
Han trabajado con las comisiones
del Congreso por petición de varios partidos y han participado en
seminarios, en programas de estudio para los legisladores, “pero indudablemente
la postura de la Iglesia Católica no gusta, porque dice la verdad
y es muy sencilla: el respeto a la persona del embrión, del enfermo
terminal, de la persona. Hay corrientes que la ven desde el punto
de vista utilitarista y pragmático y empiezan a jugar con la terminología
y el caso es que tenemos leyes que son opuestas al respeto a la vida.
“Sí ha habido incidencia de la Iglesia en este aspecto. Hemos desenmascarado
mucho de lo que hay, porque no sólo no hay respeto a la persona sino
que se ha convertido en un precio para la obtención de intereses personales”.
Por otra parte, al hablar sobre
los retos que le representa llegar al Santuario señala que lo más
importante es el mensaje de Ella que dice: "¿No soy yo tu salud?".
“Me falta adentrarme en esta dimensión nueva, en todo lo que María
ha dicho, para plasmarlo no sólo en líneas pastorales, sino en acciones
concretas a nivel de lo que es un Santuario, porque Guadalupe es verdaderamente
salud y salvación del Tercer Milenio. Y no solamente la salud física
sino la salud social, continental y mundial porque el mensaje que
Ella tiene y brinda es la ternura de Dios, adentrándose en el sufrimiento
humano y dándole un sentido cristiano: ‘No te preocupes, ¿no estoy
yo aquí que soy tu Madre?’. Creo que aquí tenemos un gran compromiso
en el Tercer Milenio para mostrar lo que es la sacralidad de la Vida.
Su Santidad Juan Pablo II, cuando se refería a la salud, tenía un
lugar muy especial para la Morenita y nos fue llevando poco a poco,
creo que ahí tenemos una gran metodología pastoral que debemos retomar”.
Se declara feliz. “Desde que
llegué el primer día es una gran alegría que no se puede describir,
es profunda, es honda, y ahí está. Recientemente tuve un momento muy
íntimo con María Santísima [...] me tocó la misa de las seis de la
mañana, es muy hermosa esa hora, y empecé diciendo: ‘Buenos días Señora,
niña Mía, ¿cómo amaneciste? ¿Nos permites iniciar nuestro ministerio
sacerdotal en tu casa? En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo’. Y creo que eso que pronuncié en esa misa de seis es lo que
marca mi llegada a Guadalupe”.