Domingo 15 de julio de 2007
Hermanos peregrinos:
l. Hemos llegado, tras un largo y
fatigoso caminar, a los pies de nuestra madre Santísima de
Guadalupe para pedirle que nos "muestre el fruto bendito de su
vientre", que es Jesús Nuestro Salvador. Ella nos ha concedido
esta gracia y estamos alegres; lleno de gozo nuestro corazón
y de nuevo liento nuestra vida. Le hemos cumplido a la Virgen Santísima,
porque ella siempre nos cumple a nosotros.
2. Escuchamos en el santo Evangelio
como María, llevando en su seno a Jesús, fue por las
montañas de Judea, al encuentro de Isabel para servirla y santificar
a Juan, en futuro Bautista, en el seno de su madre. El fruto bendito
del seno de María hace bendito y santifica el fruto que Isabel
lleva en sus entrañas. Hermanos peregrinos: ¿Queremos
un signo más claro, evidente y maravilloso de lo admirable,
digno y santo que es la vida humana en el seno de su madre? Sin duda
que José acompañó solícito a María
en su viaje y que Zacarías se regocijó al recibir al
hijo anunciado por el ángel. Todo padre de familia con alma
cristiana recibe con alegría y sagrado respeto la vida humana
concebida en el seno de su esposa, de toda mujer.
3. María Santísima acompañó
a su Hijo Jesucristo en la predicación del Evangelio por los
caminos de Galilea y de Judea. Ella estuvo siempre atenta a la Palabra
de su Hijo divino y fue fiel observante de los mandamientos de la
ley de Dios. Ella, junto con José, acompañó a
Jesús en las visitas al templo de Jerusalén y lo educó
en el santo temor y respeto al Señor.
Hermoso ejemplo para todos los padres
católicos. Ustedes han hecho muy bien en pedir a la Iglesia
la fe para sus hijos, pero su tarea no termina en la pila bautismal
sino en el altar, es decir en la Misa dominical y en la enseñanza
de la doctrina cristiana a sus hijos. Y, después, el ejemplo
de su vida. El Concilio llama a las familias católicas "iglesia
doméstica", porque ustedes, junto con su esposa, son los
primeros educadores de la fe de sus hijos. En cada familia católica
debe haber el altar familiar, junto con la santa Biblia y el Catecismo
católico, para que allí enseñen a rezar y la
doctrina cristiana a sus hijos. ¡Que la familia de ustedes sea
una continuidad de la sagrada Familia de Nazaret!
4. María Santísima acompañó
a su Hijo al pie de la Cruz. A ustedes, hermanos peregrinos, no les
falta la cruz de Cristo en sus vidas. Somos sus discípulos,
por eso la llevamos con honor y alegría. Pero no nos falta
el consuelo y la fuerza de Dios para cargar con ella. La Virgen María
allí, en la Cruz, acompañó de pié, a su
Hijo y allí nos recibió por hijos a todos nosotros.
Ella también nos acompaña cuando llevamos la cruz de
la pobreza, de las injusticias, del desempleo o de la migración.
Su protección poderosa, desde el Tepeyac, se extiende sobre
sus hijos, los nuevos Juan Diego, esparcidos por todo el territorio
nacional y el extranjero. Le pedimos, con devoción y con fe,
que siga extendiendo sobre nosotros su manto poderoso, que no nos
apartemos del cruce su sus brazos, que nos sostenga en nuestro caminar
por esta vida, y que nos permita llegar, como estamos aquí
en su casita de la tierra, a la Casa del Padre en el cielo.
¡Santa María de Guadalupe,
Reina de México:
Salva nuestra Patria y conserva nuestra Fe!