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Mensaje
de Mons. Mario de Gasperín Gasperín, Obispo de Querétaro, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis Querétaro a la Basílica de Guadalupe, leído por el Pbro. Francisco Javier Bocanegra Morales, Director Espiritual de la peregrinación queretana.

Misa de peregrinos

Domingo 15 de julio de 2007

Hermanos peregrinos:

l. Hemos llegado, tras un largo y fatigoso caminar, a los pies de nuestra madre Santísima de Guadalupe para pedirle que nos "muestre el fruto bendito de su vientre", que es Jesús Nuestro Salvador. Ella nos ha concedido esta gracia y estamos alegres; lleno de gozo nuestro corazón y de nuevo liento nuestra vida. Le hemos cumplido a la Virgen Santísima, porque ella siempre nos cumple a nosotros.

2. Escuchamos en el santo Evangelio como María, llevando en su seno a Jesús, fue por las montañas de Judea, al encuentro de Isabel para servirla y santificar a Juan, en futuro Bautista, en el seno de su madre. El fruto bendito del seno de María hace bendito y santifica el fruto que Isabel lleva en sus entrañas. Hermanos peregrinos: ¿Queremos un signo más claro, evidente y maravilloso de lo admirable, digno y santo que es la vida humana en el seno de su madre? Sin duda que José acompañó solícito a María en su viaje y que Zacarías se regocijó al recibir al hijo anunciado por el ángel. Todo padre de familia con alma cristiana recibe con alegría y sagrado respeto la vida humana concebida en el seno de su esposa, de toda mujer.

3. María Santísima acompañó a su Hijo Jesucristo en la predicación del Evangelio por los caminos de Galilea y de Judea. Ella estuvo siempre atenta a la Palabra de su Hijo divino y fue fiel observante de los mandamientos de la ley de Dios. Ella, junto con José, acompañó a Jesús en las visitas al templo de Jerusalén y lo educó en el santo temor y respeto al Señor.

Hermoso ejemplo para todos los padres católicos. Ustedes han hecho muy bien en pedir a la Iglesia la fe para sus hijos, pero su tarea no termina en la pila bautismal sino en el altar, es decir en la Misa dominical y en la enseñanza de la doctrina cristiana a sus hijos. Y, después, el ejemplo de su vida. El Concilio llama a las familias católicas "iglesia doméstica", porque ustedes, junto con su esposa, son los primeros educadores de la fe de sus hijos. En cada familia católica debe haber el altar familiar, junto con la santa Biblia y el Catecismo católico, para que allí enseñen a rezar y la doctrina cristiana a sus hijos. ¡Que la familia de ustedes sea una continuidad de la sagrada Familia de Nazaret!

4. María Santísima acompañó a su Hijo al pie de la Cruz. A ustedes, hermanos peregrinos, no les falta la cruz de Cristo en sus vidas. Somos sus discípulos, por eso la llevamos con honor y alegría. Pero no nos falta el consuelo y la fuerza de Dios para cargar con ella. La Virgen María allí, en la Cruz, acompañó de pié, a su Hijo y allí nos recibió por hijos a todos nosotros. Ella también nos acompaña cuando llevamos la cruz de la pobreza, de las injusticias, del desempleo o de la migración. Su protección poderosa, desde el Tepeyac, se extiende sobre sus hijos, los nuevos Juan Diego, esparcidos por todo el territorio nacional y el extranjero. Le pedimos, con devoción y con fe, que siga extendiendo sobre nosotros su manto poderoso, que no nos apartemos del cruce su sus brazos, que nos sostenga en nuestro caminar por esta vida, y que nos permita llegar, como estamos aquí en su casita de la tierra, a la Casa del Padre en el cielo.

¡Santa María de Guadalupe, Reina de México:
Salva nuestra Patria y conserva nuestra Fe!

 
 
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