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Homilía
pronunciada por Mons. Mario de Gasperín Gasperín, Obispo de la Diócesis de Querétaro, en ocasión de la Peregrinación Femenil de su diócesis.


18 de julio de 2010

Hermanas peregrinas, hermanos peregrinos.

1. Hemos llegado al término de nuestra peregrinación, pero no al término de nuestro caminar hacia la Casa del Padre. Aquí, en la Casa de Nuestra Madre Santísima, hacemos como un alto, miramos su imagen y dejamos que nos miren sus ojos; sin duda experimentamos la caricia de sus manos que curan nuestras heridas; intuimos una sonrisa de beneplácito en sus labios y, sobre todo, escuchamos cerca de nosotros el palpitar de su corazón de Madre que nos dice: No temas, no te angusties, que aquí estoy yo que soy tu Madre. Sintámonos todos cobijados por el regazo de la Virgen Santísima en su sagrada Imagen, y reavivemos las fuerzas para proseguir el gran camino que es la vida cristiana.

2. Hoy la santa palabra de Dios nos habla de la hospitalidad. Primero, de Abraham y su esposa Sara que preparan el hospedaje para esos misteriosos tres personajes, que le traen a Sara la promesa que, a pesar de sus esterilidad y vejez,  pronto será madre de un niño, el “hijo de la promesa” de donde vendrá Jesús, que nos traerá a todos la bendición de Dios. Hacer el bien y practicar la hospitalidad con el hermano necesitado, siempre nos acarrea la bendición de Dios. Un hogar cristiano siempre tiene una puerta abierta y una mano tendida hacia los demás. Ahora nosotros somos huéspedes de nuestra Madre del Tepeyac.

3. En el Evangelio dos hermanas dan hospedaje a Jesús, Marta y María. Una se afana, como es debido, por preparar la comida y hacer que el huésped se sienta como en su casa; la otra, María, está escuchando atenta las enseñanzas del Maestro. Jesús acepta tanto el servicio activo de Marta como la escucha atenta de María. Cuando surge la incomprensión entre las hermanas, Jesús le dice a Marta que María “ha escogido la parte buena” con su actitud, al escuchar atentamente la palabra de Dios. Esto quiere decir, querida(o)s hermana(o)s peregrina(o)s que el trabajo, el ajetreo de ganarse la vida, siempre fatigoso, debe estar acompañado de la escucha atenta de la palabra de Dios. No olvidemos que Marta y María son hermanas, están siempre unidas, y por tanto se necesita siempre tanto la acción como la oración; el trabajo cotidiano y la asistencia misa el domingo y la oración. “A Dios rogando y con el mazo dando” decimos, porque Dios es siempre el que da el éxito.

4. Ahora que lleguen a su hogar, cuéntele a sus hijos, a sus familiares y amigos esta experiencia hermosa de su peregrinar y de su encuentro con Jesús en los bazos de Santa María de Guadalupe. Compartan su experiencia con su familia y díganle a todos que Santa María de Guadalupe, “La Patrona de nuestra Libertad” como la llamó el Padre Morelos, no defrauda a nadie; que Ella cumple su promesa y que ahora a todos somos un poco mejores. México es un poco mejor. Que la paz que experimentan ahora en su corazón llene sus vidas, su familia, su parroquia y su comunidad. Los católicos hemos contribuido a “Que en Cristo, nuestra Paz, todos los mexicanos tengamos una vida digna” de hijos de Dios. Es el deseo de Santa María de Guadalupe y también de su Servidor.

 
 
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