13
de junio de 2010
Hemos
retomado en estos domingos el Tiempo Ordinario dentro de la vida
de la Iglesia en la Liturgia y volvemos a la meditación del Evangelio
de san Lucas. El Evangelio de la misericordia, Evangelio del amor
compasivo de Jesús. Dentro de este marco de la Palabra de Dios de
este domingo en donde en primer lugar es la Palabra la que nos invita
al reconocimiento de nuestras faltas en la primer lectura, y habiéndola
reconocido postrarnos ante el Señor Jesús, para que tenga misericordia
de nosotros, perdone todos nuestros pecados y así levantarnos con
la gracia de Dios a emprender un nuevo camino.
Este
marco de la Palabra nos invita a reflexionar precisamente a la luz
de ella la realidad que tenemos en nuestra Nación. En el mes de
febrero pasado, el día 15, los señores obispos dimos a conocer una
exhortación pastoral. Exhortación pastoral que lleva precisamente
como título en este sentido: Que en Cristo, nuestra paz, México
tenga vida digna. En donde se ha querido primeramente reflexionar
sobre esta realidad violenta que vivimos en el país y que para cuando
se dio a conocer, precisamente, esta exhortación teníamos el dato
de que en nuestra patria estaba la ciudad más violenta del mundo
en ese momento. Y todavía el viernes pasado siendo en la vida de
la Iglesia la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús ha sido el día
más cruento de nuestra patria, que anteriormente lo tenía el 2008
en donde en un solo día se había reportado la muerte de 58 personas
a manos precisamente del crimen organizado. El viernes pasado tristemente
una noticia en esa Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús 80 personas
en nuestra patria perdieron la vida. Algunos de ellos buscando su
recuperación de las drogas otros inocentemente, como estudiantes
que estuvieron también en un fuego cruzado. Ellos que iban hacia
su graduación del bachillerato y que en esa tarde noche pierden
la vida; 20 muertos en el Estado de Tamaulipas suman un total de
80 personas. Y esto tristemente día con día lo tenemos presente
en los medios de comunicación que nos informan, pero ante esta realidad
reflexionamos en el sentido de que repercute grandemente pareciera
ser que no afecta a muchos de nosotros. Más sin embargo, repercute
en las personas, se vive con miedo; repercute en las familias, porque
hay dolor por la pérdida de un ser querido; repercute en las comunidades,
porque ya no se trabaja de la misma manera; repercute en nuestra
sociedad, porque el miedo hace presa de nosotros. Al mismo tiempo
afecta a nuestras economías, altera nuestra paz, este gran Dios
de se ve verdaderamente afectado con esta violencia que vivimos.
Se siembra la desconfianza en las relaciones humanas y sociales,
y lo más triste envenena el alma con resentimientos, miedos, angustias
y lo que más nos preocupa, el deseo de venganza.
Todo
esto nos duele y así lo hemos dicho los obispos de México, y lo
hacemos nuestro en la Prelatura de Huautla. Nos duele toda esta
situación, pero sobretodo nos preocupa, lo que ya decía, que brote
en el corazón de muchos mexicanos: la rabia, el odio, el rencor,
el deseo de venganza. Eso es lo que más nos preocupa, porque en
ocasiones pareciera ser que es el camino para salir adelante y aquí
es donde tenemos que convertirnos en discípulos de Jesús, sentarnos
a los pies del Maestro para escuchar de Él sus enseñanzas y encontrar
en Él la respuesta ¿a qué hemos de hacer ante esta situación? ¿qué
es lo que Él quiere en realidad de nosotros en este momento tan
crucial de nuestra historia mexicana, ante esta realidad tan cruel
que vivimos? ¿y qué es lo que Él nos enseña? En primer lugar su
compasión, esa compasión que le muestra aquella mujer que se acerca
a Él para lavarle y enjuagarle sus pies y besárselos constantemente.
Actitudes que le muestran a Jesús el arrepentimiento de esta mujer
y el deseo de perdón de sus faltas. La acoge, la recibe, no como
el fariseo, no como el que está pensando en señalarla como pecadora.
Que no nos planteemos ante la realidad que vivimos en nuestra patria,
como el fariseo, queriendo fácilmente decir: estos son los culpables,
estos no. Es una realidad muy compleja, no podemos hacer un juicio
tan a la ligera. Pero, sí hemos de verla con estos ojos de Jesús
en donde la compasión es necesaria. En donde la invitación al arrepentimiento,
pero ante todo al reconocimiento de nuestras faltas, es urgente
para que podamos acercarnos con toda humildad, penitentes ante el
Señor Jesús, recibiendo de Él precisamente ese perdón y nuevamente
recuperar su gracia, su amor misericordioso, para poderlo compartir
con los demás.
Esto
precisamente lo podremos encontrar en esta exhortación pastoral
que hemos entregado los obispos a todo el pueblo de Dios y aquellas
personas de buena voluntad. Yo los invito desde este lugar ante
los pies de la Santísima Virgen María de Guadalupe a que hagan lo
posible por hacerse llegar esa exhortación y tenerla entre sus manos,
leerla y reflexionarla y descubrir la invitación que le estamos
haciendo de convertirnos en constructores de paz. Esta exhortación,
como le decía lleva precisamente este título: Que en Cristo,
nuestra paz, México tenga vida digna. Y ahí encontraremos la
voz de los pastores de nuestra Iglesia en México, que nos invitan
sobretodo apoyados en la Palabra del Señor a convertirnos, como
decía: en constructores de paz. Y para poder construir esa paz tenemos
que darnos cuenta de que hay una institución muy importante, que
también tenemos que recuperar en este tiempo, porque hemos venido
viendo con tristeza, que la hemos perdido. La familia es la que
tiene el derecho primario de educar a los hijos, padres y madres
de familia, son ustedes los primeros educadores de sus hijos en
los diversos valores humanos y cristianos. Y particularmente en
el valor de la paz y sobretodo el del respeto a la vida, para erradicar
la violencia que tenemos en el país. Requiere, precisamente, de
que la familia recupere este papel tan importante de ser la educadora
en los valores, pues, es la más cercana al ser humano, es la familia,
el núcleo natural y fundamental de la sociedad. Así la reconocemos,
así queremos verla y por eso hemos venido hasta aquí.
La
familia ante todo tiene una misión: dar la vida, acogerla, cuidarla,
protegerla, promoverla desde su concepción hasta su fin natural.
Y es por esto que hemos venido, también hoy en la Prelatura de Huautla
para presentarnos ante el Señor y buscando la intercesión de Santa
María de Guadalupe. A decirles que bendigan ese Plan de Pastoral,
que se viene elaborando en nuestra Prelatura, que bendigan esta
actividad en relación a la familia, que hemos iniciado el pasado
10 de mayo con el peregrinar de la imagen de la Sagrada Familia,
convocando a los padres y madres de familia a unirse en la oración,
para que verdaderamente la familia recupere lo que acabamos de mencionar,
el ser la primera educadora en los valores humanos y cristianos.
A esto venimos también a comprometernos los pastores a apoyar a
la familia, precisamente, para que puedan cumplir y llevar a cabo
esta misión de dar la vida, de acogerla, de protegerla desde su
concepción hasta su fin natural.
Yo
los invito, pues, a mis hermanos sacerdotes, a todos y cada uno
de ustedes los agentes de pastoral de nuestra prelatura, a todos
los fieles y personas de buena voluntad de ella, que reconozcamos
a Jesús, como hemos escuchado en la segunda lectura del día de hoy:
No es el cumplimento de la ley, sino la fe en Jesús la que nos puede
salvar. Así, pues, pongámonos a los pies de Él, como discípulos
y convirtamos en sus misioneros, acompañémoslo también, como nos
dice en el Evangelio: que salió a predicar esa Buena Nueva.
Llenémonos de la esperanza de Jesús, para que salgamos a nuestros
pueblos, a nuestra prelatura llenos de ella y la transmitamos a
todos y a cada uno de los que están allá en nuestros pueblos. La
realidad no tiene la última palabra es Jesús, Él que verdaderamente
tiene la última Palabra. Esta realidad no debe aplastarnos, no debe
llevarnos, a lo que decía al inicio, a sembrar el odio a sentir
la rabia y el deseo de venganza, sino sobre todo a recuperar esta
institución tan importante, como es nuestra familia.
¡Con
Jesús, José y María!
¡Vivamos en paz y armonía!