20 de julio de 2010
Nos platica hoy el evangelista
san Mateo, ese momento tan interesante en la vida de nuestro
Señor, en que era seguido por una gran muchedumbre y Jesús
señalando a los que formaban aquella muchedumbre, dice:
esos son mi hermano, mi hermana y mi madre. Y claro
que lo decía no para hacer menos a su madre y a toda su
familia, sino por decirnos a todos sus seguidores, que formamos
parte de su familia. Cristo nos dice, en este hermoso pasaje
del Evangelio, a ustedes y a mí que nos siente íntimamente
unidos a Él, como una sola y verdadera familia. Y todos
los que hoy nos encontramos en esta Basílica de Guadalupe
tan significativa para todos los mexicanos y para todos
los latinoamericanos, todos los que hoy nos encontramos
aquí. Hoy tomamos conciencia de que somos parte, que formamos
parte de esta familia de Cristo y que estamos en la casa
de la Madre de Cristo que es nuestra Madre, y que como nuestra
mamá ha querido venir aquí a nuestro México para que la
sintiéramos también nosotros mexicana.
En esta ocasión, queridos hermanos,
porque todos somos hermanos en esta familia de Cristo, venimos
nosotros, como miembros de esta familia representando a
nuestra querida Diócesis de Piedras Negras. Y venimos como
miembros de esta familia a decirle: Señor te encomendamos
esta partecita de la Iglesia, que es nuestra diócesis, en
una situación de dificultad, como la que hemos vivido durante
todos estos días, del mes de julio que estamos viviendo.
Han sido unos días, mis queridos hermanos de la diócesis,
unos días tan especiales los que hemos vivido y así en esta
situación especial y de dificultad venimos con nuestra Madre.
Recuerdo cuando alguno de ustedes me preguntaba allá en
la diócesis, cuando andábamos visitando a los damnificados:
¿Señor obispo se va a suspender la peregrinación a la Basílica?,
y rápido otra persona decía, no que no se suspenda, ahora
hay más razón para que vayamos. Y aquí estamos, que si había
cruce en las carreteras, que si no había; que si estaban
destruidos los puentes, que si los iban a arreglar; y con
toda la dificultad todas las situaciones se vencieron y
aquí nos encontramos.
¡Felicidades,
porque fuimos más grandes que la dificultad!
¡Felicidades,
porque la crisis nos hizo los mandados y aquí estamos!
Y
hacemos realidad, que cuando las cosas se viven con Dios
y como Dios lo quiere la crisis es bendición, porque eso
que nos sucede a nosotros nos trae siempre cosas buenas,
la crisis trae progresos, la creatividad nace de la dificultad,
como el día nace de la noche oscura. ¿Qué hace que estábamos
de noche? ya estamos de día. ¿Qué hace que parecía que estábamos
derrotados? todo lo contrario, aquí estamos victoriosos,
porque en esa situación de dificultad viene la inventiva,
los descubrimientos, las estrategias, en una palabra cuando
se supera la crisis, nos superamos a nosotros mismos. ¡Felicidades!
que esto nos ayude siempre a encontrarle salidas y soluciones
a las dificultades conscientes de que sin crisis no hay
méritos, y que en la crisis es donde aflora lo mejor de
cada uno. Que esto nos ayude a seguir trabajando duro en
todas las dificultades que enfrentemos, para que salgamos
siempre victoriosos, con la ayuda de Dios y con la protección
de María.
Yo
quiero hoy recordar junto con ustedes, queridos padres que
nos acompañan y con todos ustedes queridos fieles de la
Diócesis de Piedras Negras y las demás personas que se encuentran
aquí en la Basílica. Quiero recordar con ustedes alguna
dificultad que vivió nuestro México, como fue superada con
la Virgen de Guadalupe y algunas dificultades que vivieron
algunas personas, como la Santísima Virgen ayudó a que se
transformaran en grandes oportunidades. La dificultad que
vivió nuestro México era referente a la evangelización que
trajeron los españoles a nuestra tierra. La historia nos
platica y nosotros lo recordamos, como batallaban tanto
los misioneros para que nuestros antepasados aceptaran a
Cristo. No había forma de que se aceptara la persona de
Cristo, nuestros antepasados seguían con sus dioses, con
sus divinidades y es entonces en esa dificultad, recordémoslo
bien, tan seria cuando se hace presente en nuestra patria
la Santísima Virgen de Guadalupe. Fijémonos, bien, la dificultad
en la evangelización fue la ocasión para que viniese a México
la Santísima Virgen María. Qué bueno que hubo dificultad,
sino quien sabe si contáramos con esta hermosísima presencia.
Bendiga dificultad, que trajo a México a la Virgen de Guadalupe.
Y
quiero recordarles dos de las dificultades que vivió Juan
Diego, ahora san Juan Diego y que parecía que todo se iba
a venir abajo. La primera, cuando se enferma su tío Bernardino,
y él dice: ya no voy a ver a la Señora, voy a buscar al
médico para que venga a curar a mi tío. Y ante aquella dificultad
que vive y le saca la vuelta al lugar de la aparición se
le presenta la Santísima Virgen: ¿por qué sufres hijo
mío? ¿no estoy aquí que soy tu Madre? tu tío va a quedar
curado de su enfermedad. Ante aquella dificultad que
vivió Juan Diego sale esta presencia de María que consigue
ese milagro de su Hijo para su tío y que habría de ser primicia
de tantos milagros que ha conseguido la Santísima Virgen,
para nosotros los mexicanos. A lo mejor tú en este momento
estás viviendo alguna situación de dificultad y a lo mejor
esa dificultad que estás viviendo va a ser que en este encuentro
con la Santísima Virgen, Ella te conceda, como le concedió
a Juan Diego el milagro de Dios. Y que tú salgas de aquí
con un milagro después de este encuentro con María. Así
como Juan Diego salió del encuentro con Ella con un milagro.
Preséntale
hoy tu situación a María con la misma sencillez y la misma
confianza con que se la presentó Juan Diego y a lo mejor
te vas con las manos llenas como se fue él. Quiero recordar
con ustedes una segunda dificultad de Juan Diego: la dificultad
de él fue con el obispo ¿qué también con el obispo hay dificultades?
pues, sí, también. Y el obispo no le creía a Juan Diego,
ustedes saben la historia. No le creía que la Virgen se
le andaba apareciendo y esa dificultad que tuvo Juan Diego
con el obispo fue la ocasión de que tuviésemos esa hermosa
imagen. El obispo le pidió un signo, y ya sabemos que la
Virgen le dijo: ve a cortar aquellas rosas. Y cuando
él lleva ese signo en su ayate a presentárselo a su obispo
al caer las rosas, queda estampada esta hermosa imagen,
que nosotros contemplamos.
Miren,
mis hijos, lo que surgió de una dificultad, el que tuviésemos
los mexicanos una imagen y que María hiciera con nuestro
pueblo lo que no ha hecho con ninguna otra nación; dejar
su imagen pintada para que nosotros sintiéramos su cercanía
y para que nosotros le manifestásemos también a Ella nuestra
devoción y nuestra veneración. Aquella dificultad de los
misioneros y aquella dificultades de Juan Diego, miren lo
que han hecho, han traído toda suerte de bendiciones y el
gran don de que María se haya hecho una mexicana como nosotros.
Que
más prueba queremos de lo que nos dice el Señor en la Sagrada
Escritura, por medio de san Pablo: todas las cosas son
para bien de los que aman a Dios, y no dice casi todas,
todas las cosas son para bien de los que aman a Dios. Esta
dificultad que hemos vivido en nuestra diócesis tendrá que
ser para bien, como fue para bien el tornado y la inundación
de Villa de Fuente, aquí están algunos de sus hijos, miembros
de su querida parroquia. ¿Acaso no está mejor Villa de Fuente
ahora que antes de la inundación y del tornado? Fue para
bien, porque se vivió en el amor de Dios. Como han sido
para bien todas las situaciones difíciles que hemos enfrentado,
porque se han vivido en el amor de Dios. Que está situación
de dificultad que atravesamos sea la ocasión y la oportunidad
de nuevas gracias y de nuevas bendiciones, y que sea cual
sea la situación que cada uno de nosotros viva sea la ocasión
para mayores gracias y para más bendiciones que nos consiga
la Santísima Virgen con su Hijo, nuestro Hermano Jesús.
Yo
les invito, ahora, a permanecer un minutito en silencio,
para que cada uno de nosotros le presente a nuestra Madre
la situación que está viviendo él, ella, su familia, su
pueblo, su parroquia, nuestra diócesis. Vamos a presentarle
a la Santísima Virgen en silencio, cada uno de nosotros
nuestra situación. Vamos a decirle: María, aquí estoy, aquí
estamos con esto que estamos viviendo, transfórmalo en gracia,
transfórmalo en bendición, porque somos conscientes que
todo es para bien, de los que aman a Dios. Habla con nuestra
Santísima Madre desde el fondo de tu corazón.