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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Lucas Martínez Lara, Obispo de la Diócesis de Matehuala, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

4 de noviembre de 2010

Muchas gracias Mons. Alberto Reynoso por esta bienvenida, un saludo al Señor Cardenal. La iglesia de Matehuala saluda a esta iglesia particular de México y a este Cabildo de la ilustre Basílica de nuestra Señora de Guadalupe, al Monseñor Diego Monroy y a todos ustedes, muchísimas gracias por esta bienvenida, muy amable, gracias.

Pues, en esta alegría, queridos hermanos, nos encontramos reunidos, así iba invitando yo a todos ustedes queridísimos fieles de nuestra Diócesis de Matehuala, seglares, religiosas, queridísimos sacerdotes. Diciéndoles que entráramos a la fiesta y es que encontrarnos con María de Guadalupe es la fiesta de todos nosotros los que seguimos a Jesucristo y que lo seguimos en esta queridísima patria nuestra, bajo la advocación de nuestra Señora de Guadalupe. Esta es la fiesta y nuestra diócesis la expresa en esta presencia, yo digo multitudinaria de nuestros seglares. Bienvenidos y en nombre de María, como les iba diciendo creo que casi a cada uno, que la Virgen les bendiga, sí. Y esta bendición de María nos invita aquí donde Ella es especialmente honrada y hacia donde se dirige en su bendita imagen nuestra plegaria para que Ella la reciba en el cielo se dirige nuestra palabra de amistad. María es la amiga de Dios.

Hoy les invito, queridísimos hermanos, para que de María aprendamos y reafirmemos nuestra amistad con Dios. Hoy nuestra patria tendrá paz si cada uno de nosotros en nuestras diversas expresiones nos planteamos con rectitud ser amigos de Dios. Esto es María, si queremos preguntarnos ¿cómo? y ¿por qué? esta mujer fue escogida para ser Madre del Hijo de Dios. Yo hoy quiero pensar, que porque Ella fue la creatura más amiga de Dios. Si de Abraham se dice: que era el amigo de Dios. María es escogida para ser la Madre del Hijo de Dios, porque antes era su amiga. Y yo les invito a todos, especialmente a ustedes queridísimos hermanos de esta Diócesis de Matehuala, a que nos empeñemos obispo, sacerdotes, religiosas, religiosos, seglares en ser amigos de Dios. Que esto no sea una palabra, que esto no sea una expresión sensible, que esto sea una profunda convicción en nosotros: soy amigo, soy amiga de Dios.

María es escogida para ser Madre del Hijo de Dios y sí es como se le saluda, la llena de gracia, porque así es como descubre Dios a sus amigos, nos descubre en su gracia, nos descubre ahí donde nos empeñamos y María es la que exquisitamente se empeñó en escuchar a Dios, dialogar con Dios, intimar con Dios y asumir que era una esclava. Y es Dios, entonces, el que la levanta, porque Dios que comunica primero su amistad, entiende y comprende cómo Ser Divino que María ha aceptado ser amiga de Dios. Y es entonces cuando sus amigos Dios se decide a comunicarles grandes dones: el Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo estará contigo y el Hijo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. A los amigos Dios les confía toda su grandeza y su bondad, todo su amor.

Nuestra diócesis quiere sentir ese profundo amor de Dios, pero quiere también expresar que somos sus amigos, para que el Señor ponga su mirada en nosotros. Hoy queremos decirle a la Virgen: Señora, Tú, que eres la amiga de Dios, antes que Madre de Dios, Tú que eres la Madre de Dios y Madre nuestra intercede para que esta diócesis camine como amiga de Dios. Y que en esta amistad nos plantiemos en nuestra acción pastoral ser las mujeres y los hombres, que entreguemos a los demás la cercanía de nuestra persona y de nuestra fe. La cercanía del Espíritu solamente llega por aquellos que teniendo el Espíritu lo saben comunicar a los demás. Y, hermanos, tenemos esa riqueza por el Bautismo y en cada saludo en cada palabra, en cada sonrisa, en cada perdón, en cada empeño por vivir más unidos estamos entregando el Espíritu de Dios y estamos recibiéndolo, María como amiga de Dios nos enseña a saber recibir al Espíritu y entregar al Espíritu. Esa fue la experiencia que recibió Isabel, cuando en su seno sintió que Juan Bautista brincaba de gusto, porque el Espíritu que María llevaba se comunicó a Isabel. Que este desea Él que nosotros comuniquemos en la acción pastoral que nos estamos planteando, que con toda decisión tenemos que buscar y organizar nuestras parroquias, en sectores y en zonas. Tenemos que sectorizar y tenemos que solificar para que nuestra gente se encuentre independientemente de su experiencia religiosa, pero que se encuentre en su condición humana y sepa asumir que estamos en una gran fraternidad.

Hermanos, no nos hemos puestos a pesar en la situación la hemos nosotros impulsado por nuestra desunión y por esa separación en la que nos plateamos diferencias religiosas, políticas, económicas, sociales y muchas veces también de sangre. Hoy somos invitados a crear un cuerpo de unidad, nuestra diócesis quiere crear ese cuerpo de unidad, que exprese la unidad del Cuerpo de Cristo. Y, hermanos, aquí es donde nuestro Plan Pastoral nos está pidiendo que trabajemos de una manera nueva, por plantear en la Eucaristía, no sea la celebración que se realice en el altar, sino el esfuerzo que se realiza en el territorio de nuestras parroquias y de nuestra diócesis por vivir más cercanos. Y aquí está este empeño nuestro de trabajar para que en los sectores y en las zonas las gentes tengamos la oportunidad de encontrarnos. Y que ese encuentro lo sepamos vivir como Cuerpo ahí en los consejos de pastoral parroquial y que esto lo plantiemos en nuestros diversos consejos de decanos en el consejo presbiteral en nuestra curia.

Hermanos, hoy tenemos que ofrecerle al mundo el regalo de Cristo, que en la comunión de la entrega de su Cuerpo y de su Sangre de los dos pueblos hace uno.

¡Qué bello día este para celebrar nuestros encuentro con la Virgen! Un encuentro en un día en el que en 1958 el beato Juan XXIII asumía solemnemente el servicio a la Iglesia Universal. Y decir: Juan XXIII, es pensar en una Iglesia abierta, es pensar en una Iglesia cercana, es pensar en una Iglesia amable, es pensar en una Iglesia que haga sentir la acogida de Dios. No tanto por los misterios teológicos que expresa, sino por la caridad que transmite a través de sus acciones. ¡Qué bello día hoy que la Iglesia celebra a san Carlos Borromeo un gran pastor!

Queridos hermanos sacerdotes esta es nuestra tarea, gastarnos y desgastarnos a favor de nuestro pueblo. Esta es la gran misión que tenemos, nuestra vida no podrá sentirse plenamente satisfecha, sino nos hemos entregado en amor a nuestro pueblo venciéndonos a nosotros mismos, abriéndonos a lo que el Espíritu nos dice a través de ellos.

Queridísimos hermanos, Carlos Borromeo que se empeñó en participar en el concilio de Trento y todos sabemos murió joven porque entregó su vida para que hubiese una formación en aquellos que se encaminaban al sacerdocio, para que su Iglesia estuviese unida, para que sus sacerdotes caminaran en el empeño de ser santos.

Hoy nosotros en la Liturgia de las Horas en el Oficio de Lectura tenemos los consejos que este gran pastor da, para que nosotros hombre débiles sepamos ser los pastores del pueblo de Dios. Que esta sea también nuestra plegaría a la Virgen: Señora enséñanos a ser pastores, enséñanos a ser pastores de este pueblo. No será también el enemigo, se ha tornado violento, porque los pastores nos hemos alejado de las ovejas. ¿Qué hemos enseñado? ¿cómo nos hemos preparado? ¿cuál es la paz que nosotros mismo vivimos en nuestro cuerpo diocesano presbiteral?

Hoy el Señor nos invita para que María de Guadalupe renovemos nuestra condición de pueblo de Dios, de amigos de Dios y que lo aprendamos de Ella. María es la Madre del Dios por quien se vive, porque primero fue la amiga de Dios. Seremos los pastores del pueblo de Dios si somos amigos de Dios; seremos del pueblo de Dios si somos sus amigos y vivimos en esa íntima unión de unos con otros, porque es en eso como se conoce que somos seguidores de Cristo.

Que María de Guadalupe nos bendiga y que Ella reciba nuestra plegaría y nuestros propósitos para ser seguidores de Cristo su Hijo.

Hagamos oración.

 
 
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