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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. José Guadalupe Torres Campos, Obispo de la Diócesis de Gómez Palacio, en ocasión de su peregrinación a la Basílica de Guadalupe.

21 de julio de 2010

Hermosísima Señora y Madre nuestra, Santa María de Guadalupe, aquí está tu amada Diócesis de Gómez Palacio quienes este día venimos a tu encuentro para saludarte, manifestarte nuestro, nuestra afiliación, como hijos y suplicarte que nos sigas protegiendo, bendiciendo con tu poderosísima intercesión. Están mis amados sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas, muy amados fieles, todos. Saludo con afecto, con amor a todos los aquí presentes, a todos los peregrinos, que nos encontramos este medio día.

Sin duda alguna nuestra diócesis a penas naciente de un año cuatro o cinco meses, como la vocación del profeta, también estuvo en la mente de Dios desde toda la eternidad. Bien, podríamos decir que nuestra amada diócesis desde antes que nacieras te consagré, te he constituido una gran familia, una gran comunidad o gran pueblo lleno de fe. Podríamos decir, como el profeta, también, como diócesis: somos una diócesis bebé, que apenas ha nacido; somos un muchacho.

Sin embargo, hoy, Dios nuestro Padre y nuestra Madre Santísima, la Virgen de Guadalupe nos dice con la Palabra de Dios, no digas que eres un muchacho, yo estoy contigo. Sentimos la presencia del Señor, sentimos su mano poderosísima, sentimos la protección excelsa de nuestra Madre Santísima, la Virgen de Guadalupe. Somos una diócesis guadalupana, consagrada a la Virgen de Guadalupe y como tal asumimos la vocación de iglesia particular, como tal nos comprometemos a responder con un “sí” generoso, con un “sí” fiel al llamado de Dios. A donde yo te envíe tú irás, lo que yo diga tú dirás.

Aquí estamos ante ti Señora  y Madre nuestra para manifestarte nuestro compromiso, nuestra fidelidad, nuestro “sí” generoso. Así como tú dijiste un día: cúmplase en mí lo que me has dicho, he aquí la esclava del Señor, así nosotros. Este valioso grupo de sacerdotes valientes de mi diócesis; este grupo de seminaristas generosos, también valientes, que dan esa opción de seguimiento al Señor, de seguirlo fielmente, este hermoso pueblo de Gómez Palacio en nuestra diócesis, gente trabajadora, gente humilde, gente sencilla, gente hermosa y buena aquí estamos, para escuchar tu Palabra; aquí estamos  para trabajar y para construir el Reino de Dios en nuestra diócesis.

El Santo Evangelio, que acabamos escuchar, también se acomoda muy bien a la experiencia que estamos viviendo, sin duda alguna también nos consideramos una tierra buena; una tierra hermosa; una tierra fértil donde el Señor ha sembrado una semilla igualmente hermosa, igualmente buena. La siembra del obispo en los presbíteros, en los seminarista, religiosos, religiosas y fieles laicos su amor, su vida, su Palabra, su semilla. Y Él espera de todos y de cada uno de nosotros dar el ciento por uno. Por eso hoy estamos en esta hermosísima Basílica a tus pies Señora y Madre nuestra para agradecerte tu maternal intercesión. Confiamos en que tú estés ahí cerquita de tu Hijo intercediendo por nosotros, intercediendo por nuestra diócesis, intercediendo por todos y cada uno de los que este medio día nos encontramos aquí visitándote, amándote, queriéndote mucho.

Vivimos tiempos difíciles, todo México, pero particularmente nuestra región de la Comarca Lagunera, esa parte de Durango, los vecinos de Torreón, a nuestros alrededores sufrimos. Sufrimos como todo nuestro pueblo; sufrimos la violencia, el secuestro, el narcotráfico, los asesinatos, los abortos, la agresión contra la vida, contra el matrimonio, contra la familia, un pueblo que sufre, la injusticia y la pobreza. Sin embargo, a pesar de esos restos y dificultades que ahí están confiamos y creemos en el Señor. Yo estoy contigo, no tengas miedo, nos dice la lectura primera del profeta, no tengas miedo, yo estoy contigo. Confiamos en tu Palabra; confiamos en tu poder; confiamos en que Tú si nos has llamado a formar una nueva iglesia particular, una nueva comunidad diocesana sabemos y estamos seguros, que Tú caminas con nosotros, que Tú nos proteges, que Tú nos auxilias, que Tú estás en medio de nosotros, porque eres nuestro Padre, eres nuestro Mesías, nuestro Salvador, tu Señora eres nuestra Madre Santísima. Con esa confianza podemos afrontar nuestros retos, nuestras dificultades, estamos comenzando a trabajar hacia un Plan Diocesano de Pastoral donde he convocado a todos: sacerdotes, religiosos y religiosas, seminarista, fieles laicos a unirnos, a descubrir ¿qué quiere Dios de nosotros como diócesis? Estamos abiertos a su plan de salvación; estamos abiertos a recibir su Palabra, su semilla y quienes necesitamos su ayuda, su luz, la fuerza de su espíritu para responder y dar el ciento por uno. Cada quien desde su propia vocación, pero todos unidos, como familia, como iglesia.

Hemos tenido un primer encuentro diocesano de agentes de pastoral donde analizamos de alguna manera algunos rasgos de nuestra realidad nueva, como diócesis. Queremos ahora empezar a trabajar y dar continuidad a ese primer paso, profundizar nuestra realidad, para luego ir iluminándola con la Palabra de Dios, el magisterio dando un diagnóstico pastoral y descubrir en todo ello el Plan de Dios y llegar así a nuestro propio Plan Diocesano de Pastoral.

Por eso a Dios, nuestro Padre, por intercesión de nuestra Madre Santísima, Santa María de Guadalupe hoy venimos aquí a su casita, a su Basílica, para poner y presentarle nuestra diócesis, nuestros sacerdotes, nuestros seminarios, seminaristas, nuestros fieles laicos, religiosos y religiosas. Ponerlos ante Ti, Señora mía pedirte, suplicarte con toda humildad que camines con nosotros, que intercedas ante tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo para estar atentos con los oídos bien abiertos, con el corazón palpitante para escuchar la voz de Dios, nuestro Padre, la voz de tu Hijo Jesucristo. Y así descubrir su plan de salvación para nosotros, ponerlo en práctica en un propio plan pastoral de nosotros, como diócesis.

He escuchado a mis hermanos fieles laicos, cada vez que los visito en sus parroquias, el deseo y la disposición para el trabajo. Señor obispo aquí estamos, cuente con nosotros ¿qué vamos hacer? ¿cuándo empezamos? En esas palabras ellos me expresan su docilidad, su generosidad, su disposición al igual que mis sacerdotes y mis seminaristas. Es hermoso, esto es un don, un regalo, tan hermoso, tan grande que Dios nos da, porque Él nos ama, porque Él está en medio de nosotros, porque Él nos protege, porque Él es bueno y misericordioso. Basta que nosotros, también seamos igualmente generosos, dispuestos a trabajar a darlo todo. Yo estoy muy confiado en Dios y muy confiado en nuestra Madre Santísima de que vamos a dar el ciento por uno. Vamos a redoblar esfuerzos; vamos a trabajar como hasta ahora lo hemos hecho muy unidos, todos de la mano, cada quien con sus cualidades, talentos, potencialidades dinamismos, para responder con fidelidad a tu plan de salvación en nuestro propio Plan de Pastoral Diocesano.

Gracias a todos los peregrinos, tanto de mi diócesis, como a los aquí presentes, también, tienen sus propios planes, inquietudes, situaciones, problemática, tengamos la confianza en Dios. Es lo último que podemos perder, que no perdamos la confianza, que no perdamos la fe, que no perdamos la esperanza en Dios y en nuestra Madre Santísima. Él es nuestra fuerza, Ella nuestra poderosísima intercesora con ellos, con Dios, con su Hijo, con la fuerza del Espíritu Santo y con Santa María de Guadalupe podremos salir adelante, podremos construir el reino de Dios cada quien en su propia diócesis, cada quien en su propia vocación y ambiente, nosotros como Diócesis de Gómez Palacio.

Santa María de Guadalupe, Reina nuestra bendícenos, muéstranos siempre tu mirada bondadosa, que nosotros abrimos nuestro corazón para recibirte y que te quedes ahí siempre en medio de nosotros.

Así sea.

 
 
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