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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Rogelio Cabrera López, Arzobispo de la Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez, en ocasión de la peregrinación de las Diócesis de Chiapas, Tapachula, Tuxtla y San Cristóbal, a la Basílica de Guadalupe.


30 de mayo de 2010


Estimadas hermanas y hermanos, devotos, todos, de la Santísima Virgen María de Guadalupe. Hermanas y hermanos peregrinos de Chiapas, hermanas y hermanos venidos de san Marcos en Guatemala. Hermanas religiosas, hermanos sacerdotes, estimados hermanos obispos.

Nuestra visita el día de hoy a la Virgen María coincide gracias a Dios con la Solemnidad del misterio de la Santísima Trinidad, en ella, en la Virgen María podemos, ayudarnos para acercarnos a este misterio insondable de Dios. Ella, que ha estado más cerca que todos de Cristo nos enseña el verdadero rostro de Dios. Con mucha razón en el mensaje guadalupano se dice: que Ella es la Madre del Dios por quien se vive. A ella nos acercamos para sentir, conocer el misterio de Dios. Este misterio de Dios, que se nos ha revelado en Cristo Jesús y que gracias al misterio de la Encarnación y a la misión de Cristo en el mundo, a su misterio Pascual, podemos tener la certeza de que es verdad el misterio de Dios.

Aprendimos del Padre Ripalda aquellas preguntas: ¿el Padre es Dios? sí. ¿El Hijo es Dios? sí. ¿El Espíritu Santo es Dios? sí. ¿Son tres dioses? no, es un sólo, Dios verdadero. Ese misterio hoy queremos entenderlo, vivirlo, apreciarlo, aquí delante de la Virgen María, ella nos ayuda a entender y sobretodo nos ayuda amar a Dios.

La Palabra del Señor que escuchamos ha sido muy rica, a mí me ha llamado mucho la atención lo que decía el final de la lectura del Libro de los Proverbios, cuando de modo profético la sabiduría, que es Cristo, decía estas palabras: mi delicia es estar con los hijos de los hombres. Ese es el misterio de la Encarnación, es la razón por la cual Cristo habita en medio de nosotros, su delicia, su gusto, la alegría de Dios es estar con nosotros los seres humanos. Por eso el salmista se hacia la pregunta: ¿y qué es el hombre para que te fijes en él, los hijos de los hombres para que te preocupes por ellos? Nos hizo un poco inferior a los ángeles, nos ha coronado de gloria y magestad.

Fíjense, bien, hermanos, como el misterio de Dios también nos aclara el misterio de nuestra humanidad, como la gloria de Dios se refleja también en nuestra propia gloria. Como dijera san Ireneo: la gloria de Dios es que el hombre tenga vida. Por eso agrademos a Dios nuestro Padre, al Hijo y al Espíritu Santo tanto amor hacia la humanidad, tanto amor hacia nosotros.

En las palabras de san Pablo en la Carta a los Romanos, por la fe en Cristo hemos entrado en el mundo de la gracia. Quien goza de la fe en Cristo entra a un mundo de amor, de misericordia, de perdón y de gracia. En Cristo la relación de Dios con la humanidad ha cambiado de modo radical, ya no somos esclavos de Dios, somos hijos predilectos de Dios. Hemos entrado en el mundo de la gracia, de la gratuidad, del amor y de la misericordia.

Con mucha razón nos alegramos al entrar en esta Basílica, al encontrarnos con la Madre del amor hermoso, con la Madre del Dios por quien se vive, porque en los ojos de María y en su rostro no podemos ver otra cosa más que el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Por Él hemos entrado en el mundo de la gracia; por Él hemos recibido al espíritu del amor; por Él es que vivimos y somos.

Hermanas y hermanos el Señor es grande con nosotros, el Padre nos ha creado, el Hijo nos ha redimido, el Espíritu nos santifica. Eso hace Dios por nosotros, nos crea, nos redime y nos santifica, es decir: nos regala todo. Es un mundo de gracia; un mundo que no podemos abarcar con nosotros mismos, ni con nuestra mente, con nuestro corazón. Con mucha razón decía el apóstol san Pablo, hablando de este mundo de la gracia: no lo podemos abarcar es más alto que nosotros, es más amplio que nosotros mismos, no lo podemos ni siquiera imaginar.

Estamos en esta Basílica para sentir, para descubrir y valorar este mundo de la gracia, pero también hay algo importante que decir al contemplar el misterio de Dios, que nos ha creado, que nos ha redimido y nos ha santificado. Que también nosotros queremos pagarle con amor el amor recibido. Que todo amor obliga; que todo regalo pide agradecimiento.

Nosotros queremos vivir como hijos suyos; queremos ser de Él, porque somos de Él. Ha dicho el mismo Jesús: todo lo que tiene el Padre es mío; todo lo que el Espíritu Santo comunica es mío. Todo es de Cristo, todos somos de Él; nosotros le pertenecemos; nuestra vida tiene que ser semejante a la suya; tenemos que ser como otro Cristo en el mundo; tenemos que reflejar su gloria, su poder y su gracia. Por eso tenemos también muchos deberes, si Dios nos ha creado también nosotros tenemos que valorar lo que Dios nos ha regalado: nuestra vida, la vida de los demás, la creación. Si Cristo nos ha redimido, nos ha llamado a la conversión, nos ha llamado a caminar con Él también tenemos el deber de redimirnos con Él, pero también de preocuparnos de tanta gente que no conoce el amor de Cristo. Que si lo conociera su vida sería diferente.

El deber de evangelizar es la respuesta de reconocer que Él nos ha redimido. Que estando con Él nuestra vida es totalmente diferente. Que con Él nuestra vida tiene horizontes que no alcanzamos ni siquiera a imaginar, pero que cuando a un hermano o a una hermana le hablamos de Cristo lo acercamos a su amor le permitimos también que la redención de Cristo llegue a sus corazones. También, el Espíritu Santo nos Santifica, nos hace parte de Dios, herencia de Dios. Si el Señor nos santifica tenemos también el deber de santificar su nombre, así lo decimos en el Padre Nuestro. Tenemos el deber de santificar el ambiente donde estamos, en nuestra familia, en nuestro  trabajo, en nuestro pueblo. Que se respire la aroma de Cristo, por el amor del Espíritu Santo.

Todos los regalos de Dios queremos convertirlos también nosotros en unos regalos para Él: Chiapas, México, Guatemala necesitan sentir, conocer, vivir el amor de Dios. Todos los problemas que experimentamos en nuestro mundo, creo yo, que en último término es porque no hemos reconocido el amor de Dios y no nos hemos sentido empujados por su Espíritu a transmitirlo a los demás. México sufre, Chiapas sufre mucho, pero también pueden tener esperanza. Esperanza de un futuro mejor, esperanza en Dios. Y por eso recurrimos a la Madre de Dios por quien se vive, a la Virgen María, que ella nos enseñe a amar a Dios; que Ella nos enseñe a estar cerca de Cristo; que ella nos enseñe a estar cerca de Cristo; que ella nos enseñe a entrar en el mundo de la gracia, porque ella es la gracia plena, la llena de gracia. ella fue la primera en vivir este mundo de gracia en Cristo y ella puede transmitirnos, comunicarnos ese amor que ella recibió también de Dios.

Que el Señor bendiga a Chiapas; que el Señor bendiga a nuestras autoridades para que hagan lo mejor que puedan por nuestros. Que el Señor bendiga a nuestras familias. Que bendiga a nuestros sacerdotes, a nuestros obispos. Que bendiga a México porque todos necesitamos entrar en Dios, en el mundo de la gracia y en la esperanza de la gloria futura.

Que regresemos a nuestras casas, a nuestras familias llenos de amor y de esperanza porque quien mira a María, quien contempla su rostro se llena también del reflejo de Dios.

Que el Señor nos bendiga a todos.

 
 
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