23 de
enero de 2010
Hoy que nos hemos reunido en
la casa de Dios, esta casa dedicada, especialmente a la Virgen Santísima
de Guadalupe. A esta Madre que Dios nos ha concedido; a esta Madre
que siempre está escuchando las súplicas, las peticiones, todo lo
que nosotros vamos viviendo en nuestras diferentes regiones. Nuestra
Madre Santísima; Ella siempre está a nuestro lado; Ella siempre está
escuchando todo aquello que le vamos presentando paso a paso en nuestra
vida. Y ese grande amor de Dios que nos ha manifestado al darnos a
su Madre. Cuando le dice a Juan: he ahí a tu Madre, he ahí a tu
hijo. También le dice estas palabras a su Madre. Y la Virgen Santísima,
verán como Ella al quedarse con nosotros, verán al presentarse, verán
Ella ante este pueblo mexicano. Se ha aparecido aquel 9 de diciembre
de 1531, cuando la Virgen Santísima se le presenta a este indio Juan
Diego, que venía precisamente a aprender la doctrina y venía a la
Eucaristía.
Este indio humilde, sencillo,
de un gran corazón para amar a Dios. Y esa Señora que le habla, era
la Virgen Santísima, verán como Ella le dice: Juan Dieguito, Juan
Dieguito ¿qué no sabes que Yo soy tu Madre? ¿qué te aflige?
¿qué te apena? Yo estoy aquí que soy tu Madre. Y esas palabras
llenas de ternura y de amor, de esta Madre que le habla a Juan Diego
y es la Madre del Verdadero Dios. Como verán Juan Diego va entendiendo
poco a poco esa presencia de la Virgen Santísima. Cuando va con el
Arzobispo Fran Juan de Zumárraga, esa señal, que le da la Santísima
Virgen, de las rosas no había más hojarasca, verán no había aquella
planta verde, no había en ese montecillo ninguna planta verde. Y aquellas
rosas llenas de vida, aquellas rosas que están recién cortadas, como
en ese ayate que usaba Juan Diego. Ahí queda la Virgen Santísima,
Ella que está viva, es la Madre del Cielo, es la Madre de Dios y Madre
nuestra, como tomando el color mismo del mexicano, el color mestizo.
Hermanos, Ella está siempre
con nosotros acompañándonos, está Madre que aquel más pobre; aquel
más necesitado; aquel andrajoso; aquel marginado; aquel hombre que
no tiene nada.
Hermanos, ¿cómo la Virgen Santísima
recibe a todos los hijos de Dios de una manera especial? Ahora nos
está recibiendo a la Diócesis de Apatzingan, toda la adoración nocturna
de una manera especial, que se tiene en esta Diócesis de Apatzingan.
Ahora estamos agradeciéndole a nuestra Madre Santísima Guadalupe,
que nos ha concedido venir y estar a sus plantas agradeciéndole esas
gracias divinas, que Ella nos concede para acercarnos a su Hijo; para
estar con Cristo el Señor. Y esta Madre Santísima como nos va concediendo
todas aquellas necesidades que tenemos. Aquellas peticiones que le
hacemos a la Virgen Santísima, Ella las está escuchando.
Por ello, hermanos, ahora verá
a los que venimos de Apatzingan y todo el pueblo de Dios, verá reunido
en esta casa especial dedicada a la Virgen Santísima y que Ella la
ha pedido. Ella está reinando esta Madre nuestra en este país mexicano;
en este país donde estamos nosotros viviendo esta presencia de María,
esta ternura de la Virgen Santísima, que siempre está a nuestro lado.
Es una Madre buena, hermanos,
una Madre tierna, una Madre amorosa, una Madre de piedad, una Madre
que siempre está fortaleciéndonos en esa maternidad divina y con sus
bendiciones divinas también la Virgen nos está llevando a su Hijo
Jesucristo.
Hermanos, caminemos siempre
unidos de la mano con la Virgen Santísima de Guadalupe, esta Madre
nuestra, siempre recitemos, recemos esta oración tan grande del Santo
Rosario. La Virgen Santísima nos irá concediendo las gracias divinas
necesarias para nuestra salvación, nos unirá a su hijo, nos llevará
a Cristo, que es el camino, la verdad y la vida, y como dice la Virgen
Santísima a su Hijo en las Bodas de Caná: Hijo ya no tienen vino,
Ella le dice a los sirvientes: hagan lo que Él le diga.
Como hermanos debemos tener
esa plena disposición para unirnos a Cristo, para estar con nuestra
Madre del Cielo y con Cristo y María todo se puede.
Que así sea.