15 de abril de 2010
Nos
acompañan en esta peregrinación los excelentísimos señores obispos
auxiliares de Guadalajara: el señor. Rafael Martínez, el señor Juan
Gutiérrez, Francisco González y Mons. Leopoldo González, que no
está en Guadalajara casi porque está de Secretario General del CELAM.
Y nos acompaña, también, y queremos presentarlo, el Obispo Electo
del Nayar Don Jesús González, es franciscano de los de Zapopan,
originario de Zatlán, que es parroquia de los francisanos de siglo
XVI, estaba de misionero en África y ya se lo trajeron otra vez
a México, a su patria y va al Nayar. Será consagrado el 25 de mayo
próximo, allá en Jesús María, que es la sede de esa Prelatura. Desde
ahora lo encomendamos mucho sobre todo en esta Eucaristía, lo encomendamos
mucho a la Virgen de Guadalupe, para que le ayude en esa misión
que el Papa le encomienda y cuente con nosotros en todo.
Muy
queridos hermanos sacerdotes y muy queridos hermanos fieles, hemos
venido todos en peregrinación, como cada año, el jueves de la segunda
semana de la Pascua de la Resurrección del Señor. Una peregrinación
muy importante, muy significativa, que llevamos todos en nuestro
corazón, porque venimos a la casa de nuestra Madre al corazón de
México a traer nuestras penas y alegrías; nuestras súplicas y nuestras
alabanzas. Llenos de confianza en esta Madre amorosa que todo lo
puede, porque es la Madre del verdadero Dios por quien se vive.
Somos consientes de que venimos representando a una inmensa muchedumbre
de devotos de la Virgen, que por razones obvias no pueden peregrinar.
Somos los representantes de ellos y en nombre de ellos alzamos nuestra
voz de alabanza y amor a nuestra Madre y también ponemos en su regazo
de misericordia y de ternura nuestras necesidades, nuestras peticiones.
Estamos
viviendo unas fechas muy importantes los 200 años del comienzo de
la lucha por la Independencia, que fue allá en 1810. Y no podemos
menos de tener muy presente, que la Bandera que unió a los mexicanos
para luchar por la libertad de la patria fue la Virgen de Guadalupe.
Fue la Bandera que uso Hidalgo y que arrastró a los mexicanos con
esperanza de forjar una patria, 11 años de lucha llevó aquella gesta
que se consumó el 27 de septiembre de 1827. Morelos fue un gran
guadalupano, gran caudillo, gran estratega, pero un gran devoto
de la Virgen y amante de México, expresó sus sentimientos más profundos
de fe y de amor a la patria en aquel manifiesto y sentimiento de
la Nación. Cuando fue aprendido después de luchar valientemente
por la Independencia lo condujeron aquí a la Capilla del Pocito
y ahí se encomendó a la Virgen. Ahí estuvo Morelos y de ahí lo llevaron
a Ecatepec donde lo fusilaron, donde terminó su vida, su carrera.
Él aclamó a la Virgen como la patrona de nuestra libertad, de nuestra
Independencia. Que es la Virgen de que ha forjado una patria, que
nos ha mantenido unidos, que nos da identidad y que nos da garantía
de permanencia no obstante a las dificultades y problemas que se
van atravesando en la historia de cualquier pueblo, también en nuestra
patria, también en nuestro pueblo.
Escuchamos
en la lectura de los Hechos de los Apóstoles en estos días, hemos
escuchado las persecuciones de la Sinagoga, es decir: de los jefes
de los judíos contra la iglesia naciente y las amenazas. Desde entonces
la Iglesia ha venido siendo perseguida a lo largo de la historia
ha sido perseguida de muchas maneras. Hoy estamos bajo una persecución
mediática, implacable porque está organizada desde muy altos niveles,
por intereses oscuros. Persecución que no respeta ninguna persona,
ya no digamos a sacerdotes, ni obispos, ni del Santo Padre. Que
en Iglesia ha habido faltas, sí las ha habido, pero la Iglesia las
está corrigiendo, y las va a corregir. Y tengan todos muy claro
y estén seguros de que la Iglesia se va a purificar. Que el Ministerio
Sacerdotal se va a purificar, eso ténganlo muy claro. Pero yo pregunto
¿y las demás instancias cuándo se van a purificar? ¿qué nada más
en la Iglesia hay crimen? ¿qué nada más en la Iglesia hay pecado?
¿cuándo se van a purificar los demás? ¿cuándo van a limpiar sus
vidas, su corrupción y sus manejos tremendos que tanto dañan al
pueblo? La Iglesia se va a purificar, el Santo Padre lo ha dicho
y los obispos estamos en ello. ¿Por qué? porque la Iglesia siendo
compuesta de hombres, sin embargo, su cabeza es Cristo, y su alma,
su fuerza es el Espíritu Santo de Dios. Que siempre le da desde
dentro capacidad de renovarse de superar las dificultades, los problemas
que va encontrando en la debilidad humana. Pero la Iglesia saldrá
de esta situación y saldrá purificada, para que el pueblo de Dios
progrese en santidad y justicia y forme realmente un pueblo de hijos
de Dios que hagan de la tierra el Reino de los Cielos, el Reino
de Dios en el amor, la justicia, la verdad y la paz.
Estamos
actualmente en México con muchas dificultades y problemas, como
que cada 100 años esté país se alborota. Hace 200 años para lograr
su Independencia; hace 100 años para lograr una cierta igualdad,
que no se logró, fue unidad de la Revolución de 1910, pero ahí quedó
solamente en ideal. Lo que dio fue caudillos, sangre, persecución
a la Iglesia y una dictadura larga, eso fue lo que resultó, pero
de todas maneras hubo una lucha y unos anhelos en el pueblo, que
deben ser recogidos por nosotros los discípulos de Cristo, porque
esos anhelos de igualdad, de justicia, sobre todo para los desposeídos,
los desheredados son legítimos anhelos y están profundamente arraizados
en el Evangelio. Que nos declara a todos hijos de Dios, con iguales
derechos, igual dignidad y todos herederos de los bienes de la tierra,
que no son del hombre, sino de Dios. Que los dejó para todos sus
hijos, para que a nadie le falte casa, vestido y sustento.
Y
ahora 2010, a los 100 años, estamos también en dificultades, el
país se encuentra flagelado por la violencia organizada, el crimen
organizado. Duelen las muertes, tantas, de todos los días de mucha
gente joven equivocada, que ha sido cortada por el crimen organizado
enrolada con ellos, porque no le dejan otra opción, no pueden estudiar,
no pueden trabajar o sea no tienen trabajo, no les queda más que
el vicio y el crimen. Las raíces profundas de la violencia son está
corrupción que carcome al país, que hace y que siembra tanta injusticia.
Éste epifarro de los bienes de la Nación en los políticos en el
gasto corriente sin que al pueblo llegué casi nada; sin que se atiendan
las necesidades fundamentales del pueblo para su desarrollo.
Ahí
está el fondo, la raíz de lo que nos pasa: la violencia, el crimen,
las muertes son el fruto, frutos amargos, pero son el fruto. Las
raíces están allá en la corrupción, en la justicia, en la pobreza,
en la educación laica, que ha expulsado a Dios de la escuela y la
moral la han ignorado completamente. Ahí están las raíces amargas
de este árbol frondoso de la tragedia de México y de la corrupción
y de la pobreza que nos invade a todos. La responsabilidad, no podemos
tampoco echarla sólo sobre el gobierno, es de todos nosotros, de
todos los mexicanos, especialmente los que somos discípulos de Cristo.
Que no hemos sabido vivir conforme al Evangelio. Que no hemos sabido
ser ferviente y sano en esta sociedad. Al fin y al cabo los gobernantes
salen del pueblo y si el pueblo es bueno habrá gobernantes buenos,
si el pueblo no es bueno, no es virtuoso, no es honrado, no es trabajador,
no es verás, es difícil que de ese pueblo que no tiene estas virtudes
salgan gobernantes que sí las tengan. Responsables somos todos.
Y
estamos aquí ante la Virgen Santísima, pues, también con un sentimiento
de pedir dispense, perdón, porque nos hemos portado mal. Le pedimos
a nuestra Madre, como pueblo, como creyentes, que nos perdone, porque
nos hemos portado mal. Nos trajo Ella la fe en Jesucristo, el Dios
por quien se vive con vida plena. Si hubiéramos tomado a Cristo,
como modelo y su ley como luz de nuestros pasos otra cosa sería
esta Nación, pero en cualquier momento podemos también enmendar
y podemos encaminar nuestra patria, como dice la oración, de hace
un momento: por caminos de justicia y de paz. Cumpliendo
la ley de Cristo podemos encaminar nuestra patria por caminos de
justicia y de paz. La Virgen Santísima interceda por nosotros, por
nosotros sus hijos, que no se olvide que somos sus hijos y estamos
a su cuidado, en su regazo, en el hueco de su mano, que no se olvide
de eso y que le pida a Cristo el Señor de la historia y Rey de cielos
y tierra, el Todopoderoso, que nos ayude con su gracia a salir adelante.
Llevamos
en nuestro corazón la alegría de haber estado con la Virgen Santísima
de Guadalupe, Reyna y Patrona de México. Y les llevamos también
la alegría a nuestros representados en las parroquias y comunidades,
para que todos sientan que tenemos esperanza de que hemos de salir
adelante con nuestro esfuerzo, ayuda del Señor y la intercesión
de nuestra Madre, Santísima de Guadalupe.