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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Héctor Guerrero Córdova, Obispo Prelado de la Prelatura de los Mixes, en ocasión de la peregrinación de su prelatura, a la Basílica de Guadalupe.

20 de septiembre de 2009

Nuestra Prelatura esta dedica a María Auxiliadora, como decía monseñor, es la misma Madre de Dios. Y esta prelatura comprende tres etnias principalmente: los Mixes, los Chinantecos y los Zapotecos, por eso han escuchado ustedes, en la primera lectura, fue proclamada e zapoteco, la segunda en chinanteco y el evangelio en mixe. Estamos unidos a los pies de la Santísima Virgen, porque somos bautizados, porque somos sus hijos y porque formamos la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas, esta Prelatura de María Auxiliadora está a los pies de la Virgen de Guadalupe de la misma manera, como María estuvo a los pies de la cruz. Junto a la cruz estaba María su Madre y otras mujeres, dice Juan (en el capítulo 19, versículo 25). Y Jesús ahora en este momento nos repite las mismas palabras, que al discípulo amado en la cruz nos dice: Mujer ahí tienes a tu hijo. Somos los hijos de María, que estamos aquí a sus pies. Venimos representando a todos los creyentes de nuestros pueblos Mixes, Zapotecos, Chinantecos, Mixtecos, Mestizos para agradecerle a Dios el don de su Madre, por habernos permitido, que su Madre se quedara en nuestro territorio, en nuestro México, para darle las gracias a María por regalo de su Hijo Jesucristo y para manifestarle nuestro filial amor y cariño. Ella escogió aun natural del lugar a Juan Diego, para que fuera su embajador, que en el lenguaje de Aparecida equivale a su misionero, a su enviado. No tomó como embajador a ninguno de los frailes, ni tampoco de los conquistadores españoles, sino a uno de la raza, a un indígena.

La misión para Juan Diego era muy difícil y se lo expusó, como dice el Nican Mopohua: Niñita soy escalerilla de tablas. La objeción de Juan Diego fue denegada por la Virgen y le dijo: no temas ¿no estoy Yo aquí que soy tu Madre? Esas mismas palabras ahora a cada uno de nosotros, los que venimos en peregrinación y a todos los fieles, que nos acompañan nos las dirige la Santísima Virgen. Son tiempos difíciles los que vivimos, pero Ella nos dice: hijitos no teman, ¿no estoy Yo aquí que soy su Madre? Encomendémonos a Ella, pidámosle su gracia.

Nuestra Madre, María, es la discípula, misionera por excelencia. Es misionera por naturaleza, el ángel le dio una misión: no temas María vas a ser Madre de Dios. Lucas, capitulo 1, versículo 31: Ella aceptó el mandato con humildad y sencillez soy la Sierva del Señor hágase según lo que tú me has dicho. Versículo 38, del mismo capítulo 1, en el texto evangélico se continua señalando, que de inmediato María se encaminó a la montaña, para ponerse al servicio de su prima Isabel. Esas son las características de todo buen misionero: saber escuchar, como Ella escuchó al ángel, saber obedecer, como ese: hágase Señor según lo que Tú me has dicho. Y saber portar, llevar, trasladar a su Hijo, para ponerse al servicio de los demás.

En nuestra prelatura hemos iniciado la Misión Continental, María debe ser nuestro ejemplo de misionera y así debemos de ser nosotros, como María lo fue, para cumplir la misión que a cada uno Dios nos ha dado. Pero, María es grande no sólo por ser la Madre de Dios y misionera, sino por ser la creyente por excelencia, la discípula por excelencia. El discípulo es el que se apega a un maestro. El buen discípulo es el que se deja formar por Él, como dice Proverbios 2,1. En la anunciación María se quedó perpleja y le objeto al ángel: ¿cómo puede ser esto si yo permanezco Virgen? (Lucas 1, 34). Contestó el ángel: el Espíritu Santo descenderá sobre Ti, pues, para Dios nada es imposible. (Lucas 1, 37). Aunque María no comprendió el alcance del mensaje escuchó, no solamente oyó, escuchó y creyó. Y sobretodo creyó, que para Dios nada es imposible.

Cuando Jesús se queda en el templo con los doctores y José y María lo encuentra, Lucas señala en el capítulo 2, versículo 50: que no comprendieron la respuesta de Jesús, y añade, su Madre por su parte guardaba todas esas cosas en su corazón. El discípulo sabe asimilar las enseñanzas de su Maestro y sabe aprender las lecciones de su Maestro. El culmen del discipulado de María lo encontramos en Lucas capítulo 8, versículo 21.

Cuando maría y sus parientes buscan a Jesús y el responde: mi Madre y mis hermanos son lo que escuchan mi Palabra y la ponen en práctica. Creo que para María fue difícil comprender el alcance de las palabras de su Hijo, pero como fiel discípula supo escuchar a su Hijo y no sólo por ser su Madre, sino porque vivió lo que aprendió. Seguir a Jesús como discípulo y misionero ciertamente implica sacrificio, ciertamente implica en ocasiones reproches, pero vale la pena, pues, la recompensa que esperamos de Dios es mucho mayor

Podemos resumir en 4 actitudes el discipulado misionero de María: escuchó, aprendió, anunció y vivió. En aparecida el texto original decía: Discípulos y Misioneros para ser testigos. Eso es lo que hizo María, como María caminemos dejándonos guiar por el Espíritu Santo sabiendo discernir y aprender como discípulos lo que Dios nos indica y anunciemos a Jesús a otros de la misma forma, como María lo hizo dando testimonio de su fe. Pero, además, también, tenemos otro ejemplo a san Juan Diego, quien recorrió ese camino de fe, de ser discípulo y misionero. Él, también, tuvo la delicadeza de escuchar el mensaje de María, encontró dificultad en entender dicho mensaje y sobretodo en llevarlo a la práctica. Lo anunció al obispo Fray Juan de Zumárraga, quien al principio no le daba crédito, pero al final con el milagro de las rosas, cumplió con su vida el mandato recibido. No estamos solos para predicar a Jesús tenemos a María con nosotros. La tenemos como en el Ayate lo tuvo Juan Diego, así lo tenemos nosotros porque Ella es nuestra Madre.

Los obispos reunidos en Aparecida proclamaron, hace poco más de 2 años la Misión Continental. En nuestra prelatura haciendo eco del Episcopado lo hicimos el pasado 28 de abril y como señala el escribillo de nuestro himno te toca a ti pensar, que harás para ayudar, me toca a mí pensar que haré para ayudar. Una manera fácil de hacerlo es imitar a María, yendo a remediar las necesidades de los demás, como lo hizo con su prima Isabel, como lo hizo en las Bodas de Caná. Y como dice Jesús: si alguno quiere ser el primero, que sea el último y el servidor de todos, Marcos 9, 34. En la Anunciación el ángel le dice: el Espíritu Santo vendrá sobre ti y María sin comprender le responde, soy la esclava del Señor hágase en mí según tu Palabra. Ciertamente, si no nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús no tendremos ni el valor, ni la convicción para darlo a conocer y proclamarlo a tiempo y a destiempo.

Hoy, al término de nuestra Eucaristía consagraremos la prelatura al Espíritu Santo pidiéndole especialmente: fortaleza, sabiduría, inteligencia para proclamar a Jesús, como nuestro Mesías y Salvador.

Queridos hermanos y hermanas, aprendamos de María sigamos el ejemplo de san Juan Diego y como discípulos, misioneros y testigos fieles sintamos orgullo de ser portadores de Jesús y manifestémoslo a todos los pueblos como el verdaderísimo Hijo de Dios.

Que así sea.

 
 
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