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Homilía
pronunciada por Mons. Carlos Garfias Merlos, Obispo de Netzahualcóyotl, Obispo de la Diócesis de Ciudad Nezahualcóyotl, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

24 de julio de 2009

«Dios te salve María, llena de Gracia, el Señor está contigo»

Muy estimados hermanos Sacerdotes, Apreciados hermanos religiosos y religiosas, Queridos hermanos y hermanas laicos:

Qué profundo es nuestro gozo queridos hijos e hijas, porque nuestros pasos nos han traído hasta aquí, junto a María de Guadalupe, que vive en esta Basílica  de todo el Pueblo de Dios que peregrina en México, y en donde, desde hace ya 30 años,  la Iglesia de Netzahualcóyotl acude llena de alegría y esperanza para experimentar el amor de la Madre. Agradecemos la celebración de los XXX años de la erección de nuestra querida diócesis de Nezahualcoyotl y los XIII años del llamado que yo he recibido para ser obispo de nuestra querida Iglesia Católica.

Hoy, nuevamente, soy el portavoz de toda mi Iglesia particular de Netzahualcóyotl y pronuncio con inmenso amor y reverencia las sencillas y maravillosas palabras  que el Arcángel Gabriel le dijera a la elegida por el Señor para llegar a ser la «Madre de Dios» «Xaíre María» que significa «Saludos a ti María.». Nosotros aquí presentes las repetimos juntos, conscientes  que éstas son las palabras con las que Dios mismo, a través de su mensajero, te ha saludado a Ti, la Mujer prometida en el Edén, y, desde la eternidad, elegida como Madre del Verbo, Madre de la divina Sabiduría, Madre del Hijo de Dios. 

Junto a Nuestra Madre de Guadalupe, les saludo a todos ustedes queridos hermanos y hermanas laicos, me gustaría estrecharlos a todos, y comunicarles la misma promesa que Dios hizo a María «El Señor está contigo.» Sí, el Señor Dios nuestro está junto a cada uno de ustedes, hermanas y hermanos,  Dios se encuentra presente en medio de cada esposa y esposo, joven o adolescente, niño o anciano. Dios está junto a cada hermano y hermana que no lo siente, que está desesperado, que no encuentra la entrada o la salida a su problemática o la vicisitud concreta en la vida. Hoy yo, su pastor, les comunico, Dios está con cada uno de ustedes los aquí presente y los que están ausentes. Está es una verdad  profunda: Dios se ha hecho hombre en el seno de la virgen para nunca separarse de la humanidad, y su amor incondicional lo podemos experimentar a través de la Madre de la divina gracia.

 Saludo con mucha cordialidad a todos mis sacerdotes con quienes durante el año sacerdotal que hemos iniciado recientemente, estamos celebrando, de un modo particular, nuestro ministerio sacerdotal. Este tiempo  que será, también, año de gracia, año de la presencia de Dios entre nosotros, quien fundamenta nuestra fraternidad sacramental. Con todos ustedes, hermanos sacerdotes, podremos aprender  que Jesucristo es nuestro Redentor y Señor.  El es nuestro Maestro. Todos nosotros  somos sus discípulos. Somos aquellos a los que se nos confía el mandato del Señor que dijo: «Vayan, pues, enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo les he mandado. Yo estaré con ustedes todos los días hasta la consumación del mundo» (Mt 28, 19-20). Por ello,  a la vez que somos discípulos, somos también sus misioneros.

Saludo  lleno de afecto y cariño a todos los seminaristas de nuestro seminario diocesano San José, y a los adolescentes y jóvenes que están realizando su preseminario, a ustedes jóvenes los saludo con las palabras del ángel a María, en el mismo instante en el que ella escuchó el llamado de Dios: «¡No teman! El Señor está con ustedes» No tengan miedo de ser discípulos y misioneros que amen por Él a la humanidad hasta el fin de los siglos.

2. En el marco de la Gran misión continental proclamada en nuestra Iglesia de Netzahualcóyotl en la celebración del Miércoles Santo pasado y de la renovación pastoral que hemos emprendido, hace ya poco más de cinco años, queremos hacer, una vez más, junto a María de Guadalupe nuestro compromiso  por el hombre y la mujer visto en su integridad, con amor preferencial por la humanidad y la liberación integral de todo hombre que se encuentre oprimido. Hoy hago un llamado a todo sacerdote, religioso o religiosa, seminarista o laico, a sumarse al esfuerzo por constituirnos todos en verdaderos discípulos y Misioneros que vivamos por alcanzar metas más cristianas, y por ende, más humanas entre nosotros para el mundo.

Ello implica recomenzar desde Cristo recorriendo, junto a Él, un camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de toda persona, hablando el lenguaje del testimonio, de la fraternidad, de la solidaridad. Esto nos exige ardor interior y confianza plena en el Señor, así como también continuidad, firmeza y constancia para llevar nuestra nave mar adentro, seguros en el soplo potencial del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, confiados en  que la providencia nos protegerá. Conlleva, además, tener espíritu crítico y sano discernimiento de la realidad que  nos cuestiona e interpela, para pensar y repensar, y claro está,  hacer posible que renovemos muchas de nuestras estructuras pastorales, teniendo como principio constitutivo,  la espiritualidad de la comunión.

No podemos permanecer indiferentes ante la enorme crisis que vive el mundo en  todas las dimensiones estructurales. Crisis económica, que convierte a los pobres en más pobres, en hermanos que no poseen lo indispensable y necesario para vivir y desarrollar una vida digna de seres humanos. Crisis en los diversos partidos políticos a quienes pareciera solo les interesa vivir del poder egocéntrico que les rinde culto y tributo, sin importarles el bien común de una nación o de un pueblo, entendiendo que la unidad  debe ser preservada para su consecución. Crisis familiares con su consecuente pérdida de los valores fundamentales del hombre. Crisis en el mismo individuo que sólo pretende su bienestar individual. Aun más, crisis en los valores religiosos con toda la gama de espiritualismos sincretistas y esotéricos.

Asumir el estado permanente de misión como Iglesia Católica latinoamericana, y nuestra renovación pastoral como Iglesia particular de Netzahualcóyotl plantea como objetivo compartir la vida que nos transmite Cristo. Para lo cual, antes que cualquier otro elemento, se implica la necesidad de revisar nuestro modo de ser católicos y nuestras opciones personales por el Señor, es decir, revisar nuestro fundamento y nuestro encuentro de cada día con Jesús, nuestro Redentor.

Nuevamente les repito que no podremos cambiar ninguna estructura pastoral, si antes no cambiamos la estructura de nuestra vida personal, si no somos capaces de realizar lo que llamamos conversión de vida, si no logramos existencialmente un cambio de mentalidad y de actitud, no podremos, como bautizados recomenzar desde Cristo, ni reconocer y seguir su presencia con el mismo realismo y novedad, ni con el  mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos. Sólo el encuentro y seguimiento real y honesto, se convierte en común unión, en gratitud y alegría, en rescate de nuestra consciencia aislada que nos capacita para vivir y anunciar la vida verdadera, la felicidad y esperanza que brota del encuentro con Cristo.

3. Con la seguridad de que la promesa de Cristo se cumple en este

XXX aniversario de nuestra diócesis convoco a todas las fuerzas vivas de nuestra comunidad para  realizar este gran empeño misionero.

Convoco a todas las familias de Netzahualcóyotl para que puedan hacer de su diario vivir un encuentro dinámico y sano que les identifique con Cristo. Cada miembro de la familia católica  descubra que el otro también es persona, y que como tal  merece todo el respecto, la atención, la escucha, la aceptación y la ayuda necesaria  para vivir realizado, como un verdadero hijo de Dios.

Familias Católicas las convoco a que vivan y experimenten el amor que trae comunión, que se expresa en la aceptación de unos con otros, en el respeto a las diferencias, la tolerancia que les hace  aceptar la identidad humana y cristiana de cada cual.

Los convoco para que puedan cada día encontrarse con Jesús que se revela y sale para estar con nosotros a través de su Palabra viva, eficaz y penetrante. Ojalá que cada día y de manera muy especial el domingo, puedan renovar su amor por la Eucaristía, donde se manifiesta Jesús Resucitado, vivo en medio de nosotros.

Los convoco para que su vivencia personal y familiar de comunión y su encuentro con Jesús en la Palabra y en la Eucaristía pueda transportarse a cada comunidad parroquial, y todas las comunidades parroquiales se constituyan en un verdadero centro de formación católica y cristiana, y por ende de comunión mediante el encuentro y conocimiento de unos para con otros.

4. En este año de especial reflexión y meditación sobre el ministerio sacerdotal, deseo convocarlos a ustedes, hermanos sacerdotes, para que sean la fuerza y el dinamismo más comprometido de nuestra Iglesia particular de Netzahualcóyotl.

Deseo pedirles a todos ustedes que colaboren conmigo en la consolidación de su proceso de conversión permanente. Esta es la mejor formar de honrar nuestro llamado a ser sacerdotes, signos vivos de Jesucristo, Buen Pastor, que da la vida en la totalidad por sus ovejas.

Les pido de manera encarecida, que su entrega personal a Jesucristo ponga de manifiesto el dinamismo del Espíritu de Dios, que ningún sacerdote caiga en el conformismo, la mediocridad, y la pasividad que impiden generar vida, antes bien, que nuestro testimonio del encuentro con Jesús Resucitado sea fuente de un dinamismo transformador de las realidades opresoras, en beneficio de la liberación integral de nuestros hermanos.

5. Convoco a nuestro seminario diocesano san José a que todos sus miembros sean conscientes que estamos viviendo un proceso de transición al interno, por lo que pido al nuevo rector y a toda la comunidad de formadores, profesores y directores espirituales, ofrezcan lo mejor de sí mismos para que de esta transición podamos sacar los mejores propósitos de renovación interna, que sin lugar a dudas repercutirá en la formación de los seminaristas, futuros pastores de nuestra Iglesia Diocesana.

 A ustedes, jóvenes seminaristas les pido se comprometan en su formación humana, espiritual e intelectual, a fin de que en el momento justo, vayan dando una respuesta decidida y comprometida. Que su experiencia vocacional al interno de la comunidad del seminario sea la continuación de la comunidad más íntima de seguidores de Jesús. A todos ustedes, jóvenes y adolescentes, que realizan su preseminario, les invito a seguir a Jesús. Déjense envolver por su amor que nos da vida y disipa todo temor para la consagración a su servicio.

6. En este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a la sierva del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de la Resurrección, de los que nosotros somos testigos, discípulos y misioneros. 

¡Oh Madre! En este XXX aniversario de la erección de nuestra diócesis y XIII aniversario de la ordenación episcopal de nuestro obispo Carlos, ayúdanos a todos tus sacerdotes a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha sido encomendado. 

María de Guadalupe te ofrecemos todo este Pueblo de Dios que peregrina en la diócesis de Netzahualcóyotl. Te lo ofrecemos como propiedad Tuya. Tú que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través de la señal de Tu presencia, que es Tu imagen en esta Basílica de Guadalupe, vive como en tu casa en estos corazones. Para el futuro te pedimos seas uno de casa en nuestras familias, en nuestras parroquias, en nuestro seminario, en nuestra diócesis y en todo nuestro pueblo. 

Y hazlo por medio de la Iglesia Santa y Católica, la cual, imitándote a Ti, Madre, desea ser a su vez una buena madre, cuidar a las almas en todas sus necesidades, enunciando el Evangelio, administrando los sacramentos, salvaguardando la vida de las familias mediante el sacramento del matrimonio, reuniendo a todos en la comunidad eucarística por medio del santo sacramento del altar, acompañándolos amorosamente desde la cuna hasta la entrada en la eternidad. 

¡Oh Madre! Despierta en las jóvenes generaciones la disponibilidad al exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. 

¡Oh Madre! Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas laicos, para que en cada campo de la vida social, profesional, cultural y política, actúen de acuerdo con la verdad y la ley que tu Hijo ha traído a la humanidad, para conducir a todos a la salvación eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida sobre la tierra más humana, más digna del hombre. 

Te ofrecemos y confiamos a todos aquellos y todo aquello que es objeto de nuestra responsabilidad pastoral, confiando que Tú estarás con nosotros, y nos ayudarás a realizar lo que tu Hijo nos ha mandado (cf. Jn 2,5). Te traemos esta confianza ilimitada y con ella, queremos vincularte de modo todavía más fuerte a nuestro ministerio, a la Iglesia y a la vida de nuestras naciones. Deseamos poner en tus manos nuestro entero porvenir, el porvenir del discípulo y la misión en tu Iglesia de Netzahualcóyotl.

¡Reina de la Paz! Sálvanos del odio y de la violencia. 

Haz que todos aprendamos a vivir en paz, nos eduquemos para la paz, hagamos cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos de todo hombre, para que se consolide la paz. 

Amén.

 
 
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