«Dios te salve María, llena de Gracia, el Señor
está contigo»
Muy
estimados hermanos Sacerdotes, Apreciados
hermanos religiosos y religiosas, Queridos hermanos y hermanas
laicos:
Qué profundo es nuestro
gozo queridos hijos e hijas, porque nuestros pasos nos han traído
hasta aquí, junto a María de Guadalupe, que vive en esta Basílica
de todo el Pueblo de Dios que peregrina en México, y en donde,
desde hace ya 30 años, la Iglesia de Netzahualcóyotl acude
llena de alegría y esperanza para experimentar el amor de la
Madre. Agradecemos la celebración de los XXX años de la erección
de nuestra querida diócesis de Nezahualcoyotl y los XIII años
del llamado que yo he recibido para ser obispo de nuestra querida
Iglesia Católica.
Hoy, nuevamente, soy el portavoz de
toda mi Iglesia particular de Netzahualcóyotl y pronuncio con
inmenso amor y reverencia las sencillas y maravillosas palabras
que el Arcángel Gabriel le dijera a la elegida por el Señor
para llegar a ser la «Madre de Dios» «Xaíre María» que significa
«Saludos a ti María.». Nosotros aquí presentes las repetimos
juntos, conscientes que éstas son las palabras con las que
Dios mismo, a través de su mensajero, te ha saludado a Ti, la
Mujer prometida en el Edén, y, desde la eternidad, elegida como
Madre del Verbo, Madre de la divina Sabiduría, Madre del Hijo
de Dios.
Junto a Nuestra Madre de Guadalupe, les saludo a todos ustedes
queridos hermanos y hermanas laicos, me gustaría estrecharlos
a todos, y comunicarles la misma promesa que Dios hizo a María
«El Señor está contigo.» Sí, el Señor Dios nuestro está junto
a cada uno de ustedes, hermanas y hermanos, Dios se encuentra
presente en medio de cada esposa y esposo, joven o adolescente,
niño o anciano. Dios está junto a cada hermano y hermana que
no lo siente, que está desesperado, que no encuentra la entrada
o la salida a su problemática o la vicisitud concreta en la
vida. Hoy yo, su pastor, les comunico, Dios está con cada uno
de ustedes los aquí presente y los que están ausentes. Está
es una verdad profunda: Dios se ha hecho hombre en el seno
de la virgen para nunca separarse de la humanidad, y su amor
incondicional lo podemos experimentar a través de la Madre de
la divina gracia.
Saludo con mucha cordialidad a todos mis sacerdotes con quienes
durante el año sacerdotal que hemos iniciado recientemente,
estamos celebrando, de un modo particular, nuestro ministerio
sacerdotal. Este tiempo que será, también, año de gracia, año
de la presencia de Dios entre nosotros, quien fundamenta nuestra
fraternidad sacramental. Con todos ustedes, hermanos sacerdotes,
podremos aprender que Jesucristo es nuestro Redentor y Señor. El es nuestro
Maestro. Todos nosotros somos sus discípulos. Somos aquellos
a los que se nos confía el mandato del Señor que dijo: «Vayan,
pues, enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar
todo cuanto yo les he mandado. Yo estaré con ustedes todos los
días hasta la consumación del mundo» (Mt 28, 19-20). Por
ello, a la vez que somos discípulos, somos también sus misioneros.
Saludo
lleno de afecto y cariño a todos los seminaristas de nuestro
seminario diocesano San José, y a los adolescentes y jóvenes
que están realizando su preseminario, a ustedes jóvenes los
saludo con las palabras del ángel a María, en el mismo instante
en el que ella escuchó el llamado de Dios: «¡No teman! El Señor
está con ustedes» No tengan miedo de ser discípulos y misioneros
que amen por Él a la humanidad hasta el fin de los siglos.
2.
En el marco de la Gran misión continental proclamada en nuestra
Iglesia de Netzahualcóyotl en la celebración del Miércoles Santo
pasado y de la renovación pastoral que hemos emprendido, hace
ya poco más de cinco años, queremos hacer, una vez más, junto
a María de Guadalupe nuestro compromiso por el hombre y la
mujer visto en su integridad, con amor preferencial por la humanidad
y la liberación integral de todo hombre que se encuentre oprimido.
Hoy hago un llamado a todo sacerdote, religioso o religiosa,
seminarista o laico, a sumarse al esfuerzo por constituirnos
todos en verdaderos discípulos y Misioneros que vivamos por
alcanzar metas más cristianas, y por ende, más humanas entre
nosotros para el mundo.
Ello
implica recomenzar desde Cristo recorriendo, junto a Él, un
camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de
toda persona, hablando el lenguaje del testimonio, de la fraternidad,
de la solidaridad. Esto nos exige ardor interior y confianza
plena en el Señor, así como también continuidad, firmeza y constancia
para llevar nuestra nave mar adentro, seguros en el soplo potencial
del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, confiados en
que la providencia nos protegerá. Conlleva, además, tener espíritu
crítico y sano discernimiento de la realidad que nos cuestiona
e interpela, para pensar y repensar, y claro está, hacer posible
que renovemos muchas de nuestras estructuras pastorales, teniendo
como principio constitutivo, la espiritualidad de la comunión.
No podemos permanecer indiferentes ante la enorme crisis que
vive el mundo en todas las dimensiones estructurales. Crisis
económica, que convierte a los pobres en más pobres, en hermanos
que no poseen lo indispensable y necesario para vivir y desarrollar
una vida digna de seres humanos. Crisis en los diversos partidos
políticos a quienes pareciera solo les interesa vivir del poder
egocéntrico que les rinde culto y tributo, sin importarles el
bien común de una nación o de un pueblo, entendiendo que la
unidad debe ser preservada para su consecución. Crisis familiares
con su consecuente pérdida de los valores fundamentales del
hombre. Crisis en el mismo individuo que sólo pretende su bienestar
individual. Aun más, crisis en los valores religiosos con toda
la gama de espiritualismos sincretistas y esotéricos.
Asumir el estado permanente de misión
como Iglesia Católica latinoamericana, y nuestra renovación
pastoral como Iglesia particular de Netzahualcóyotl plantea
como objetivo compartir la vida que nos transmite Cristo. Para
lo cual, antes que cualquier otro elemento, se implica la necesidad
de revisar nuestro modo de ser católicos y nuestras opciones
personales por el Señor, es decir, revisar nuestro fundamento
y nuestro encuentro de cada día con Jesús, nuestro Redentor.
Nuevamente les repito que no podremos
cambiar ninguna estructura pastoral, si antes no cambiamos la
estructura de nuestra vida personal, si no somos capaces de
realizar lo que llamamos conversión de vida, si no logramos
existencialmente un cambio de mentalidad y de actitud, no podremos,
como bautizados recomenzar desde Cristo, ni reconocer y seguir
su presencia con el mismo realismo y novedad, ni con el mismo
poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro
con los primeros discípulos. Sólo el encuentro y seguimiento
real y honesto, se convierte en común unión, en gratitud y alegría,
en rescate de nuestra consciencia aislada que nos capacita para
vivir y anunciar la vida verdadera, la felicidad y esperanza
que brota del encuentro con Cristo.
3. Con la seguridad de que la promesa
de Cristo se cumple en este
XXX aniversario de nuestra diócesis
convoco a todas las fuerzas vivas de nuestra comunidad para
realizar este gran empeño misionero.
Convoco a todas las familias de Netzahualcóyotl
para que puedan hacer de su diario vivir un encuentro dinámico
y sano que les identifique con Cristo. Cada miembro de la familia
católica descubra que el otro también es persona, y que como
tal merece todo el respecto, la atención, la escucha, la aceptación
y la ayuda necesaria para vivir realizado, como un verdadero
hijo de Dios.
Familias Católicas las convoco a que
vivan y experimenten el amor que trae comunión, que se expresa
en la aceptación de unos con otros, en el respeto a las diferencias,
la tolerancia que les hace aceptar la identidad humana y cristiana
de cada cual.
Los convoco para que puedan cada día
encontrarse con Jesús que se revela y sale para estar con nosotros
a través de su Palabra viva, eficaz y penetrante. Ojalá que
cada día y de manera muy especial el domingo, puedan renovar
su amor por la Eucaristía, donde se manifiesta Jesús Resucitado,
vivo en medio de nosotros.
Los convoco para que su vivencia personal
y familiar de comunión y su encuentro con Jesús en la Palabra
y en la Eucaristía pueda transportarse a cada comunidad parroquial,
y todas las comunidades parroquiales se constituyan en un verdadero
centro de formación católica y cristiana, y por ende de comunión
mediante el encuentro y conocimiento de unos para con otros.
4. En este año de especial reflexión
y meditación sobre el ministerio sacerdotal, deseo convocarlos
a ustedes, hermanos sacerdotes, para que sean la fuerza y el
dinamismo más comprometido de nuestra Iglesia particular de
Netzahualcóyotl.
Deseo pedirles a todos ustedes que
colaboren conmigo en la consolidación de su proceso de conversión
permanente. Esta es la mejor formar de honrar nuestro llamado
a ser sacerdotes, signos vivos de Jesucristo, Buen Pastor, que
da la vida en la totalidad por sus ovejas.
Les pido de manera encarecida, que
su entrega personal a Jesucristo ponga de manifiesto el dinamismo
del Espíritu de Dios, que ningún sacerdote caiga en el conformismo,
la mediocridad, y la pasividad que impiden generar vida, antes
bien, que nuestro testimonio del encuentro con Jesús Resucitado
sea fuente de un dinamismo transformador de las realidades opresoras,
en beneficio de la liberación integral de nuestros hermanos.
5. Convoco a nuestro seminario diocesano
san José a que todos sus miembros sean conscientes que estamos
viviendo un proceso de transición al interno, por lo que pido
al nuevo rector y a toda la comunidad de formadores, profesores
y directores espirituales, ofrezcan lo mejor de sí mismos para
que de esta transición podamos sacar los mejores propósitos
de renovación interna, que sin lugar a dudas repercutirá en
la formación de los seminaristas, futuros pastores de nuestra
Iglesia Diocesana.
A ustedes, jóvenes seminaristas les
pido se comprometan en su formación humana, espiritual e intelectual,
a fin de que en el momento justo, vayan dando una respuesta
decidida y comprometida. Que su experiencia vocacional al interno
de la comunidad del seminario sea la continuación de la comunidad
más íntima de seguidores de Jesús. A todos ustedes, jóvenes
y adolescentes, que realizan su preseminario, les invito a seguir
a Jesús. Déjense envolver por su amor que nos da vida y disipa
todo temor para la consagración a su servicio.
6.
En este solemne momento, confiemos y ofrezcamos a la sierva
del Señor, todo el patrimonio del Evangelio, de la Cruz, de
la Resurrección, de los que nosotros somos testigos, discípulos
y misioneros.
¡Oh
Madre! En este XXX aniversario de la erección de nuestra diócesis
y XIII aniversario de la ordenación episcopal de nuestro obispo
Carlos, ayúdanos a todos tus sacerdotes a ser fieles dispensadores
de los grandes misterios de Dios. Ayúdanos a enseñar la verdad
que tu Hijo ha anunciado y a extender el amor, que es el principal
mandamiento y el primer fruto del Espíritu Santo. Ayúdanos a
confirmar a nuestros hermanos en la fe, ayúdanos a despertar
la esperanza en la vida eterna. Ayúdanos a guardar los grandes
tesoros encerrados en las almas del Pueblo de Dios que nos ha
sido encomendado.
María
de Guadalupe te ofrecemos todo este Pueblo de Dios que peregrina
en la diócesis de Netzahualcóyotl. Te lo ofrecemos como propiedad
Tuya. Tú que has entrado tan adentro en los corazones de los
fieles a través de la señal de Tu presencia, que es Tu imagen
en esta Basílica de Guadalupe, vive como en tu casa en estos
corazones. Para el futuro te pedimos seas uno de casa en nuestras
familias, en nuestras parroquias, en nuestro seminario, en nuestra
diócesis y en todo nuestro pueblo.
Y
hazlo por medio de la Iglesia Santa y Católica, la cual, imitándote
a Ti, Madre, desea ser a su vez una buena madre, cuidar a las
almas en todas sus necesidades, enunciando el Evangelio, administrando
los sacramentos, salvaguardando la vida de las familias mediante
el sacramento del matrimonio, reuniendo a todos en la comunidad
eucarística por medio del santo sacramento del altar, acompañándolos
amorosamente desde la cuna hasta la entrada en la eternidad.
¡Oh
Madre! Despierta en las jóvenes generaciones la disponibilidad
al exclusivo servicio a Dios. Implora para nosotros abundantes
vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
¡Oh
Madre! Corrobora la fe de todos nuestros hermanos y hermanas
laicos, para que en cada campo de la vida social, profesional,
cultural y política, actúen de acuerdo con la verdad y la ley
que tu Hijo ha traído a la humanidad, para conducir a todos
a la salvación eterna y, al mismo tiempo, para hacer la vida
sobre la tierra más humana, más digna del hombre.
Te
ofrecemos y confiamos a todos aquellos y todo aquello que es
objeto de nuestra responsabilidad pastoral, confiando que Tú
estarás con nosotros, y nos ayudarás a realizar lo que tu Hijo
nos ha mandado (cf. Jn 2,5). Te traemos esta confianza
ilimitada y con ella, queremos vincularte de modo todavía más
fuerte a nuestro ministerio, a la Iglesia y a la vida de nuestras
naciones. Deseamos poner en tus manos nuestro entero porvenir,
el porvenir del discípulo y la misión en tu Iglesia de Netzahualcóyotl.
¡Reina
de la Paz! Sálvanos del odio y de la violencia.
Haz
que todos aprendamos a vivir en paz, nos eduquemos para la paz,
hagamos cuanto exige la justicia y el respeto de los derechos
de todo hombre, para que se consolide la paz.
Amén.