María se encaminó presurosa las montañas de Judá y cuando
Isabel le saluda de donde a mí que la Madre de mi Señor
venga a visitarme. María alaba a Dios diciendo mi alma
glorifica al Señor: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la
humildad de su esclava" (Lc 46,48).
¡Qué hermosas palabras acabamos de escuchar en el santo
Evangelio!
Muy queridos hermanos sacerdotes, estimados seminaristas, queridos religiosos y queridas religiosas, muy
estimados hermanos y hermanas de nuestra amada Diócesis de
Valle de Chalco, en sus 5 vicarias. Vicaría
de la Inmaculada Concepción con sede en Ozumba, Vicaría de
san Pablo con sede en Ameca, Vicaría de san Pedro con sede
en Juchitepec, Vicaría de Santiago con sede en Chalco, Vicaría de san Juan Diego con
sede en la Catedral de Valle de Chalco. Muy queridos representantes
de la Universidad Interamericana del Desarrollo, queridas
niñas de la Villa de las Niñas de Valle de Chalco. Muy estimado
coro que se ha preparado para acompañarnos en esta celebración
de Tlapala y de san Pedro y san Pablo Atlazalpan.
Hermanos, aquí frente a la bendita imagen de nuestra Madre Santísima podemos
constatar el inmenso amor de María por nosotros. Con ninguna
nación hizo lo mismo dejarnos su bendita imagen, que es signo
de la credibilidad del mensaje que nos trajo a México y a
todo el mundo: “Yo soy la siempre Virgen María, Madre del
Verdaderísimo Dios”. Y que nos manifiesta el inmenso amor
de Dios al querer que María nos anunciara el Evangelio de
Jesús, su Hijo amado, y al pedir esta casita donde Ella muestra
siempre su amor para todo aquel que está preocupado por eso
estamos aquí para experimentar, también, ese amor maternal
de nuestra Madre Santísima.
Pues, bien, queridos hermanos, el Santo Padre ha querido dedicar un año
para que meditemos en la importancia del sacerdocio. En esta
ocasión quisiera, hermanos, también, a partir de este encargo
que nos da el Santo Padre, que pensemos aquí en la Casita
de nuestra Madre sobre lo importante que es el sacerdote,
precisamente para descubrir toda su belleza y su importancia
y para que cada uno de los sacerdotes, también podamos decir
como María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se
llena de júbilo en Dios mi Salvador, porque el Señor puso
sus ojos en la humildad de su esclava”.
Desde que la Virgen María se apareció a Juan Diego en el
cerro del Tepeyac, ya Juan Diego reconoce la importancia
y la grandeza de los sacerdotes, cuando la
Virgen María le pregunta: “Escucha, hijo mío el menor, Juanito, ¿A dónde te diriges? y él le contestó: "Mi Señora, reina, muchachita mía, haya llegaré, a tu casita de México Tlatilolco,
a
seguir las cosas de
Dios
que nos dan, que nos enseñan quienes son
las imágenes de nuestro Señor: nuestros sacerdotes" (Nican Mopohua 23-24). ¡Qué hermosas palabras le dice Juan Diego a María sobre
los sacerdotes!
En efecto, queridos hermanos, el sacerdote es una imagen viva y transparente de Cristo, que por la ordenación sacerdotal queda configurado a Cristo. Es Cristo presente en su pueblo
que
actúa a través del sacerdote para comunicar su Palabra y para
comunicar su vida divina es el mensajero que lleva el mensaje
que transforma los corazones de los hombres. Es el que está
en lo sagrado porque está en las cosas de Dios, es el amigo
de Dios, pero también es el amigo del pueblo de Dios. Es el
hermano de Cristo, pero también es el hermano del pueblo de
Dios.
En este año, queridos hermanos, el Santo Padre nos ha querido
poner
al Santo
Cura de Ars, como ejemplo, para modelo para todo sacerdote: qué
grande es el sacerdote, decía el Santo Cura de Ars, que precisamente
el sacerdote es el tesoro más grande que el Buen Dios pueda
conceder a una parroquia. Si se diera cuenta el sacerdote
de lo grande que es su vocación moriría. Dios lo obedece pronuncia
dos palabras y nuestro Señor baja de cielo al oír su voz y
se encierra en una pequeña hostia explicando a sus fieles
la importancia de los sacramentos, decía el Santo Cura de
Ars. Si desapareciera el Sacramento del Orden no tendríamos
al Señor ¿quién lo ha puesto en el Sagrario? El sacerdote.
¿Quién ha recibido vuestras almas apenas nacidos? El sacerdote.
¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en
la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si
esta alma llegase a morir a causa del
pecado, ¿quién la resucitará y le dará el
descanso y la paz? También el sacerdote...
¡Después
de
Dios, el sacerdote lo es todo! ... Él mismo sólo lo entenderá
en el cielo, decía el Santo Cura de Ars.
Queridos hermanos sacerdotes y querido pueblo de Dios, el éxito y la fecundidad del
ministerio sacerdotal del Santo Cura de Ars estuvo en su amor y en su íntima unión con Cristo en la Eucaristía,
celebraba con gran devoción, pasaba largas horas en adoración al Santísimo
Sacramento, de
ahí le brotaba su inmenso amor a los fieles, dedicaba mucho
tiempo al Sacramento de la
Penitencia, oyendo en confesión a los fieles que venían
de muchos
lados
a experimentar el amor misericordioso
de Dios en el sacramento, visitaba personalmente a las familias de su Parroquia
organizaba la caridad
ocupándose especialmente de las niñas
huérfanas de la "Providence" (un instituto que fundó), se interesaba por la catequesis y la
educación de los niños y llamaba a los laicos a colaborar con él.
Esto es lo que tenemos que queridos hermanos sacerdotes
en nuestra Diócesis de Valle de Chalco, este es el plan pastoral dicho de una manera
sencilla y viva. Estamos llamados
a renovar la conciencia de nuestra identidad sacerdotal y por consiguiente a fortalecer nuestra misión. Es importante que hoy nos preguntemos, queridos
hermanos sacerdotes: ¿Me
siento amado y elegido por Dios, para tan gran misión? ¿Estoy
dispuesto como María a recorrer montañas, como el cura de
Ars, a recorrer las familias, para llevarles la Buena Noticia
de Dios? Y a mis hermanos fieles aquí presentes quisiera preguntarles: ¿está contentos con su sacerdote?
¿qué esperan de él? ¿Lo aman también y saben ver en él la
presencia de Cristo? ayúdenlos con su oración, con su ejemplo,
anímenlos también para que sean lo que Dios quiere.
Otro ejemplo y otro modelo de sacerdote lo encontramos en
san Pablo, quien una vez que se encontró con Jesús se enamoró
de Él y entregó su vida por Él. Precisamente, Pablo decía:
Cristo me amó y entregó su vida por mí. Pablo al sentirse
amado por Dios respondió a este amor entregándose a Cristo
anunciado el Evangelio, para eso vine para anunciar el Evangelio,
para mí la vida es Cristo y mi gozo, mi alegría es que todos
lo conozcan.
Queridos hermanos sacerdotes podríamos decir lo mismo que
Pablo: para mí mi amor es Cristo y mi gozo es que todos
mis hermanos conozcan a Cristo. En el camino a Damasco,
cuando iba a traer presos a los cristianos el Señor se le
apareció a Saulo lo derribó del caballo y le dijo Saulo, Saulo ¿porqué me persigues? (Hech 9,4), en realidad perseguía a los cristianos, pero los cristianos forman la Iglesia, forman el
Cuerpo de Cristo y esto se manifiesta especialmente en la Eucaristía. El sacerdote es el
que alimenta al pueblo de Dios. En la
Eucaristía Cristo mismo alimenta al pueblo, a su pueblo, a
su Cuerpo y a su vez la Iglesia formada por los bautizados,
forma el Cuerpo de Cristo
de tal manera que Cristo sigue vivo, vivo en la Iglesia se
hace presente en cada cristiano de ahí nuestro compromiso
de todos hacer presente, visible a Cristo. El Cristo que sigue
amando, el Cristo testigo que da la vida por sus hermanos.
“El pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? porque el pan es uno, así nosotros siendo muchos, somos un cuerpo, porque todos comemos el
mismo pan,
que es Cristo” decía san Pablo (1 Co 10, 16-17) 3
Muy queridos hermanos,
quisiera terminar recordando, también, que estamos viviendo
nuevos tiempos, nueva época tiempos difíciles, quizá también
ha habido algunos errores, pero Dios tan misericordioso nos
llama a la conversión y sigue confiando en nosotros y ante
este mundo globalizado, que ya nos presente el Documento de
Aparecida nos sigue el Señor recordando lo importante que
es sacerdote Dios nos ha confiando su pueblo santo para alimentarlo
con su Palabra en la Eucaristía; para cuidar de el como buenos
pastores; para ser de nuestra Iglesia una verdadera casa y
escuela de comunión; para formar a nuestros laicos como verdaderos
discípulos y misioneros de Cristo comprometidos en transformar
el mundo con los valores del Evangelio, en un mundo dividido por guerras y discordias estamos llamados promover la unidad y el amor fraterno;
en un mundo de excluidos y marginados estamos llamados a promover la inclusión
y la solidaridad; en un mundo
de violencia, de narcotráfico, tenemos que ser mensajeros
de paz y de
reconciliación, en un mundo donde se menosprecia a los pobres tenemos que ver en ellos el rostro de Cristo, como María nos enseña a tratarlos con
mucho cariño en la persona de Juan Diego: ¿Juanito, Juan Dieguito
a dónde te diriges? Así tenemos que tratar con mucho cariño
a nuestros hermanos, especialmente a los pobres, promoviendo
la defensa de su dignidad de personas y de sus derechos, porque ellos son los
principales destinatarios del
Evangelio, los protagonistas de su desarrollo y los mensajeros del reino de
Dios, como lo fue Juan
Diego.
Y ustedes queridos hermanos de nuestra
Diócesis de Valle de Chalco: ¿qué les aflige? ¿qué les preocupa?
¿hoy en este día escuchando a nuestra Madre qué te aflige,
qué te preocupa? ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Los invito,
pongan en las manos de María su corazón, sus preocupaciones,
pongan en las manos de María a los niños, a nuestras familias,
a nuestros jóvenes, a nuestros sacerdotes. Pónganse cada uno
de ustedes en las manos del Señor y de María con la certeza
que regresaremos a nuestra diócesis llenos del amor de Cristo
y llenos del amor de Dios para seguir trabajando en la obra
que Dios nos ha encomendado: anunciar y proclamar su Evangelio
a todos nuestros hermanos. Y a ustedes queridos hermanos sacerdotes
hoy una vez más aquí en la casita de nuestra Madre revivan
con gozo, con alegría aquel día de su Ordenación Sacerdotal,
aquel día que recibieron el Espíritu Santo y que ustedes le
dijeron al Señor: cuenta conmigo aquí estoy Señor envíame,
vengo Señor para ser tu voluntad.
Así sea.