10 de octubre
de 2009
Los
saludo a todos hermanos, comenzados con los hermanos sacerdotes. Y
me da muchísimo gusto, que los peregrinos que vienen a pie, en bicicleta,
los adoradores de a noche o los que vienen con la antorcha se sientan
acompañados por sus pastores. No podemos imaginarnos un evento tan
grande, como es una peregrinación al Tepeyac y en la que años atrás
algunos tuvieron la iniciativa de hacerlo a pie, en bicicleta, con
antorchas, sin que los pastores estén cerca. Y sobre todo lo que agrada,
lo que llena de gozo el corazón del obispo es saber que los sacerdotes
están al servicio de todos los que peregrinan. ¿Y qué hacen? el Rosario,
misa todos los días, me enteré ahora que los ciclistas tuvieron un
especie de Corpus Christi, pero hay algo que es muy importante
en la peregrinación, que es la purificación y nosotros los católicos
no tenemos otra manera de ser purificados en el alma, que a través
del Sacramento de la Reconciliación, más no por tradición las peregrinaciones
por lo que implican de esfuerzo, de dejar el lugar y otras cosas tienen
un sentido penitencial desde tiempo atrás, de siglos atrás quien quería
hacer penitencia, hacia una peregrinación. Ahora, también, ustedes
los que han caminado o han venido corriendo con la antorcha o ciclistas
saben que significa un esfuerzo, pero no basta para realmente llegar
a este lugar sagrado purificados, es necesario vivir el Sacramento
de la Penitencia. Y si no estuvieran los sacerdotes caminando con
ustedes sencillamente la purificación no llegaría. Nosotros no nos
conformamos con ponernos frente a Dios y decirle: soy pecador y yo
necesito tu perdón. No Jesucristo dejó el sacramento del perdón, se
lo dejó a los apóstoles y a sus ministros, por lo tanto no hay manera
de ser perdonado y reconciliado, que no sea a través del Sacramento
de la Penitencia. Y yo sé que muchos de ustedes se han confesado,
muchos de ustedes han estado comulgando estos días y yo me pregunto
¿y qué va a pasar mañana? ¿y qué va a pasar pasado mañana? ¿y qué
va a suceder el domingo y los otros domingos? ¿será que los peregrinos,
que viene a alabar y a bendecir y a recibir bendiciones de la Virgen
de Guadalupe podrán mantener esa limpieza de corazón y manifestarla
con una vida nueva? Sería muy triste que después de haber hecho ya
de por sí un acto de purificación en la peregrinación y después de
haber recibido la gracia del perdón y de la Reconciliación por parte
de aquellos a quienes Cristo se les ha encomendado, que regresemos
a la casa y no haya cambiado absolutamente nada en nuestra vida.
Pensémoslo,
hermanos, porque es muy bonito, peregrinar, es hermoso. Yo creo que
sobretodo se van creando vínculos de amistad, de fraternidad, porque
somos un grupo de más de 2000 o 3000, como los peregrinos, ni manera
que no sintamos que somos la gran familia de Dios, que venimos juntos
a buscar el perdón y pedir y a recibir la bendición. Pero, hermanos,
que no se vaya esto a saco roto. Si ya están en gracia, si ya están
en paz, si ya están reconciliados, si la vida de Dios ha vuelto a
ustedes, como el día del Bautismo, no la echen a perder, queridos
hermanos, hagan un esfuerzo. Prométanle a la Santísima Virgen María
que lo que han recibido lo van a mantener, no sea que los que van
a venir a peregrinar el próximo año digan: que su última confesión
y comunión fue este año. No tiene mucho sentido, las peregrinación
tiene, también, que empujarnos en nuestra vida ¿y qué tenemos que
hacer bautizados? recuperar nuestro bautismo ¿y qué significa ser
bautizado? pues, ser amigo de Jesús, ser discípulo de Jesús, alguien
que quiere vivir como Jesús se enseña a seguir sus pasos esto significa
ser discípulo. Y para quien ha recuperado la gracia del bautismo ahí
tiene un campo amplísimo para caminar, pero no basta sencillamente
decir: yo soy cristiano, ya estoy en gracia, ya estoy reconciliado,
recupere la vida de mi bautismo, ahora quiero seguir a Jesús, pero
Jesús, te dice: pero tienes que ser mi testigo, tienes que ser misionero,
todo lo que viviste en esta peregrinación tiene que reflejarse con
una vida nueva después. Empezando por tu familia, por tu ambiente,
por tu trabajo, que todos se den cuenta que eres peregrino no sólo
porque físicamente vienes al Tepeyac, sino porque regresas y das testimonio
de una vida nueva. Y cuando lo haces, mi querido peregrino, estás
dando testimonio de Cristo y eres misionero de Cristo.
El
padre Guizar nos acaba de citar algunos, que probablemente con nostalgia
están pesando en este momento y si lo creo. Pensemos que en este momento
en que la Santísima Virgen de Guadalupe nos da la oportunidad de salir
Ella a nuestro encuentro, como cuando salió con Juan Diego en 1531,
quiere ver Ella a todos sus hijos, pero algunos no están acá. Pensemos
en algunos sacerdotes que no pudieron venir; pensemos que tenemos
algunos sacerdotes enfermos, sobretodo uno. Ayer me dijeron que el
padre Jesús Zúñiga se ha deteriorado estos últimos días, pues, por
el cáncer que lo ha agredido de una manera muy, muy, salvaje. Pero
pensemos también, hermanos, en nuestros hermanos migrantes, en aquellos
que por falta de oportunidades han que tenido que emigrar a Estados
Unidos y están esperando con ansias, que algún día les puedan reconocer
sus plenos derechos. Yo estoy seguro que algunos, muchos de nuestros
migrantes quisieran estar acá.
Haces
unos días una persona, que vino de Estados Unidos me dijo este año
no van a venir muchos migrantes, porque tienen miedo de perder su
trabajo. Así están ahí, está tan difícil el trabajo, que lo pierden
o sencillamente no pueden volver al norte. Hay que tener sensibilidad
para pensar en ellos, lo que necesitan y sobretodo, hermanos, que
estén plenamente convencidos, de que el amor de Dios y de la Virgen
de Guadalupe no los abandona. Por eso vamos a pedir por nuestros hermanos
migrantes, vamos a pedir por los sacerdotes enfermos, pero en este
Año Sacerdotal pidamos por todos los sacerdotes de la diócesis. Vamos
a recordar lo importante que es la presencia de un sacerdote a la
comunidad. Una y otra vez el Papa nos repite: que el sacerdote tiene
una razón de ser en la sociedad, no se le puede marginar al sacerdote,
por su vocación es un hombre que está al servicio de los demás y tiene
un servicio específico, que nadie le puede quitar. Y necesitamos sacerdotes
de calidad, como lo dijo en la carta de convocatoria a esta Año Sacerdotal:
lo que se pretende es que el sacerdote tome conciencia de ser llamado
a vivir la santidad.
El
santo Cura de Ars decía: quitemos un sacerdote 20 años de una
comunidad y la gente regresará a adorar bestias. Para que vean
que importante es no pensar que no es posible dejar una comunidad
sin sacerdote. Vamos a pedir por los hermanos sacerdotes, que nunca
les falte el fervor, el entusiasmo por servir a sus hermanos.
Y,
hermanos, pues, el Evangelio del día de hoy viene muy a tono con esta
peregrinación, porque nosotros al igual, que aquella mujer sencilla
del pueblo podemos echarle un piropo a la Santísima Virgen de Guadalupe
diciéndole a Jesús: mira, dichosa la Madre que te amamantó, porque,
no, si nos ponemos ante Jesús contemplando la grandeza de María de
Guadalupe nos tiene que salir del corazón un piropo, una flor como
estás: dichosa la Madre, esa Mujer que te llevó, esa Mujer que
te amamantó. Pero, Jesús qué nos diría, que sí efectivamente María
es dichosa, que María es feliz. Así se lo dijo Isabel, cuando la visitó
María: dichosa Tú porque has creído, y porque se cumplirá todo cuanto
te fue dicho de parte del Señor. Claro, que nosotros, también, podemos
decirle a Jesús: que dichosa esa Madre, que María es feliz, porque
llevó a Jesús. Ninguna mujer ha tenido el privilegio, el gozo la alegría
de estar cierta, que Aquel Niño que llevaba era el Dijo de Dios y
que Aquel que alimentaba era el Salvador del mundo. Que flor tan grande
le lanza estar mujer del pueblo a Jesús refiriéndola a su Madre, pero
¿cuál es la respuesta de Jesús? respuesta que a lo mejor nos sorprende,
porque Jesús parece que no toma en cuenta la flor a su Madre, sencillamente
cambia y dice: sí, pero, más dichosos son los que escuchan la Palabra
de Dios y la ponen en práctica. No es que haga a un lado a María,
al contrario la pone como ejemplo. Si queremos saber ¿por qué María
es feliz? ¿por qué el ángel la saluda diciéndole: dichosa Tú, María.
¿Por qué? porque María ha creído, porque María ha asumido la Palabra,
ha estado con la Palabra y María la ha puesto en práctica. Es la primera
modelo de discípulo, que escucha a su Hijo y pone en práctica lo que
su Hijo le pide.
Hermanos,
nosotros estamos aquí para alabar, para bendecir a nuestra Madre,
para dejar que Ella nos bendiga de manera abundante estando aquí a
sus pies y también reconocemos que es dichosa. Pero, María también
nos diría la frase de Jesús: soy dichosa, porque yo he creído y porque
he puesto en práctica la Palabra de mi Hijo.
Pues,
todos ustedes si quieren ser dichosos, si quieren ser felices estén
atentos a la Palabra. ¿Qué es lo que el Señor nos dice cada día? ¿qué
es lo que el Señor nos dice los domingos? ¿cuándo el sacerdote nos
predica la homilía? ¿qué es lo que nos está diciendo? Es la Palabra
de su Hijo y que nos falta poner en práctica, el que escucha la Palabra
del domingo y se pregunta ¿qué debo de hacer? ¿cómo tengo que aplicar
esta Palabra en mi vida? y la pone en práctica, hermanos, la Palabra
de Jesús no puede fallar, el que escucha y pone en práctica es tan
feliz, como lo es María.
Hermanos,
estoy seguro que ustedes vienen aquí movidos por ese profundo amor
a la Santísima Virgen de Guadalupe yo lo he podido experimentar en
esas visitas que les hice por lo menos a los de a pie y a los peregrinos
se les veía felices. Me imagino que esa misma felicidad la trajeron
acá, que no se pierda. ¿Cuál será el secreto? que siempre escuchen
la voz de Cristo y la pongan en práctica y serán muy felices, como
lo es la Santísima Virgen María.
Sigamos
esta Eucaristía, pidamos por México, pidamos por nuestra diócesis,
estamos ya a punto de dar a conocer en noviembre, el nuevo plan, el
segundo Plan de Pastoral, que lo van a dar a conocer los sacerdotes
en sus respectivas parroquias. Pidamos por las visitas pastorales,
próximamente voy a ir a una parroquia y después a dos seguidas, o
sea, hermanos, que nosotros necesitamos estar pegados a Dios para
hacer su voluntad en el campo, me refiero a los pastores.
Pidan
por ustedes, por su familia, por los migrantes, por los enfermos y
por los queridos hermanos sacerdotes y pidan también por su obispo
y que Dios los bendiga.