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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Padre Isidoro Gómez Sierra, en ocasión de la Peregrinación Femenil de la Diócesis de Celaya, a la Basílica de Guadalupe.

8 de agosto de 2009

Muy queridos hermanos sacerdotes, peregrinos, en estos 10 días: padre Antonio, padre Vicente, padre Noé, padre Félix. Muy queridas hermanas, peregrinas de nuestra querida Diócesis de Celaya.

Es  una gran dicha poder llegar y estar en este recinto tan significativo para nuestra fe de católicos, de mexicanos. De poder estar como lo hemos deseado, estos meses anteriores, a nuestro 8 de agosto, como lo hemos deseado, lo hemos anhelado fervorosamente estos 9 días anteriores de nuestro peregrinar. Es una gran emoción, como católicos; como hombres, como mujeres de fe en Dios; como mujeres, que de alguna manera encontramos, nos identificamos con Santa María de Guadalupe. Nos mueve el amor hacía Ella, por eso estos 10 días, estas 10 jornadas, no sólo es caminar para llegar a donde Ella. Es caminar trayendo nuestra vida, trayendo lo que somos; es reflexionar cada día sobre nuestra vida, nuestros quehaceres, nuestros aciertos, nuestros desaciertos en hacer la voluntad de Dios. Y poniéndonos frente a Jesucristo Palabra, Él ilumina, Él nos hace ver donde andamos, por donde vamos.

La fe en la Santísima Virgen de Guadalupe nos hace caminar hacía el encuentro con Jesucristo su Hijo, su Palabra. En nuestras reflexiones de estos días hemos visto qué traemos, qué llevamos, qué queremos presentarle a la Santísima Virgen y en cuantos momentos en estos días se ha transformado: Madre mía traigo mis faltas, traigo mi pecado para mis hermanos, mis padres, mis hijos, mi esposo. Madre mía me he dado cuenta que traigo rencor contra tantas personas y la persona de tu Hijo me ha invitado a reflexionar los valores de una mujer en la familia. La esposa ejerciendo ya la misión de esposa y madre orientadora. Nos ha iluminado con esa Palabra que nos dice los valores de toda mujer en la adolescencia, en la juventud cultivar estas virtudes, viendo en ti, Madre, el modelo de mujer y nos has enseñado en las palabras de estos días a ser la mujer que finalmente pregunta: ¿Señor qué quieres que yo haga? Señor con mi vida ¿cómo la llevo? ¿por dónde la puedo reorientar? Y hemos sacado de cada uno de los días seguramente propósitos, diferentes, bonitos, hermosos. Propósitos que con mucha ilusión nos hacen ver, nos hacen visualizar de nosotras mismas una nueva mujer, una mejor mujer. Una mujer más feliz, una mujer más llena de Dios. Una mujer que sea capaz de vivir, de iluminar esa vida concreta que conocemos.

Nos hemos despegado estos 10 días, y conocemos lo bueno, lo positivo, también conocemos las dificultades que nos ofrece nuestra vida en familia, pero la Virgen de Guadalupe nos ha enseñado a que podemos transformar, a que ahí podemos ser felices, a que ahí podemos realizarnos, como la mujer que Ella quiere. Hemos aprendido porque la Virgen María nos lo enseña: escuchen a mi Hijo, diría el Padre Celestial,  mi Hijo muy amado. Y dirá después la Virgen María: hagan lo que Él les diga, hagan lo que mi Hijo les diga.

¿Cuántas peregrinas en estos días? ¡qué felices nos pasamos estos días! ¿por qué ya se van acabar? ¿por qué tienen que llegar a su fin? Si aquí nos hemos visto como hermanas. Si aquí nos hemos solidarizado con aquella que sufre, que trae una pena muy grande. Si no hemos solidarizado apoyando aquella que ha tropezado, que se ha caído, se ha fracturado algún pie, una mano, nos hacemos solidarios, nos preocupamos. ¿Para qué? ¿por qué se tiene que acabar estos momentos tan hermosos? Iba a recordar: nos preocupamos por que a Toño lo quemó el toro. Por todo, nos preocupa hasta aquel, aquella hermana con la que a veces no tenemos en cuenta en la vida ahí en nuestras comunidades, en nuestra familia: le pasó esto, pues, que Dios le ayude y nada más.

Hace unos días, en la transfiguración hace 2 días, la transfiguración del Señor allá en el Monte Tabor: aquellos discípulos testigos de la transformación de Jesús dialogando con Moisés y Elías, ya no querían bajar del monte ¿para qué nos vamos aquí esta re bien? vamos hacer 3 chozas, vamos a quedarnos, pero tuvieron que bajar. Cuando Jesús resucita, también, aquellos discípulos ¿qué hacen ahí parados?

La Virgen María, nuestra Madre de Guadalupe nos enseña cuando recibe esa transformación. Cuando recibe el ser de Madre de Dios. Cuando acepta gustosa: hágase en mí según tu Palabra. Va, visita a su prima santa Isabel. Va y comparte la alegría. Va y visita porque quiere provocar que los demás también pronuncien ese: sí, decidido, hágase en mí según tu Palabra.

Hermanas peregrinas, estos 10 días de alegría del encuentro con la Santísima Virgen de Guadalupe, que nos lleva al encuentro de su Hijo. Han venido de menos a más. El análisis qué quiero, qué busco en esta peregrinación, después poco a poco 4 o 5 días la confesión de la mayoría, algunas en el séptimo, octavo, noveno día: yo no quería finalmente el Señor me ha llamado, me ha movido el corazón y me he acercado también a la reconciliación.

Hemos llegado al culmen en estos últimos días la mayoría con la sagrada Comunión. La Palabra nos ha iluminado, nos ha dado esperanzas de que con ese esposo, con ese hermano, con esos hijos podemos ser felices. Hoy vamos motivadas, no esperamos que ellos tengan la motivación de cada una de nosotras. Ellos están allá en su vida normal, posiblemente no tengan ni el mínimo interés de cambiar, de mejorar el ambiente, de vida, de felicidad en la familia, pero nosotros sí y no podemos dejarnos vencer por aquel hermano, por aquel esposo, por aquel papá que no quiere cambiar, que quiere seguir igual. No cambian los caminos, no cambian las travesías, no cambian esos tramos, que a veces son un reto. No cambian, pero nosotros nos sobreponemos a esos caminos, a esas travesías, a la lluvia, al sol. Nos sobreponemos, ellos no cambian y aunque no cambien los atravesamos, los caminamos, que esto nos enseñe a que nuestra familia, también nosotras seas promotoras del cambio. Que no nos dejemos vencer en esa comunión, en ese encuentro, en esa amistad peregrina con la Virgen de Guadalupe, con Jesús su hijo, que momentos tan hermoso, quisiéramos que viviéramos siempre en este ambiente. La comunión, el perdón, el ayudar, el apoyar.

Pero a esto sigue bajar del Cerro del Tepeyac y venir al encuentro, venir a esta casa donde, como a nosotras, ¿a cuántas personas la Virgen de Guadalupe nos encuentra, nos reanima, nos fortalece, nos recibe con esas penas, con esas preocupaciones tan grandes que a veces traemos y nos las transforma? Se baja del Cerro del Tepeyac, bajemos también de nuestra peregrinación ha terminado, pero con gusto vayamos no nos desanimemos al primer gesto: todo sigue igual en mi casa, igual que el día que me fui. Allá está igual, pero nosotros nos hemos transformado, Jesucristo Palabra, amor a Santa María de Guadalupe nos ha transformado. Vayamos a la misión, vayamos al encargo, imitemos a la Virgen María que va con esa historia que le pide realice. Y se alegra y acompaña a Jesús, su Hijo, en los momentos de gran alegría, de gran júbilo, y también sufre en los momentos de dolor de su Hijo.

Veamos en Santa María de Guadalupe el reflejo, la invitación a que vivíamos las alegrías de nuestra familia, las gocemos, las disfrutemos y que nos motiven, también, para enfrentar para superar con ellos los problemas, los obstáculos, la falta de colaboración que hay allá en nuestras familias. No todo es negro lo hemos analizado, cuántas cualidades hay en nuestros hogares sólo que a veces nos pesan mucho aunque sea el 5 % de defectos, nos apachurra, nos desarma, pero el caminar cada jornada. Aquellas primeras 4, las que salieron el día 29 a las 2:00 a.m., y las siguientes del 30, 31, ustedes las conocen, fue un gran reto y aunque nos disminuyen el cansancio, el calor, las ampollas y lo que ustedes conocen ¿quién de ustedes se vence? ¿quién de ustedes dice ya no puedo? Sí puedo, los cantos un gran reto, este caminito, esta jornadita y otras 20 más. Estas 10 jornadas y otras 20 más.

Que eso lo hagamos también allá en nuestra familia viendo siempre a María, viendo siempre a Jesús. Recordando lo que en estos días en nuestra confesión, en la plática que nos iluminó, esta fue para mí, esta me hace sentir que yo también puedo superar, también puede hacer presente el papel salvador de la Virgen de Guadalupe en mi casa, en mi México. El papel salvador de Jesucristo, su Hijo.

Iluminados por este mensaje de la Palabra continuemos dándole gracias a Dios y viviendo la alegría por estar con nuestra Mamá Lupita, como de cariño le llamamos.
 
 
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