InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías > Peregrinaciones
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de la Diócesis de Campeche, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

1 de agosto de 2009

Queridos hermanos y hermanas, les saludo a todos con mucho cariño. Saludo a nuestros sacerdotes, a todos los que han venido desde Campeche, retirado geográficamente, pero siempre cercano a este Santuario. Saludo a todos los peregrinos campechanos que han venido a todos los campechanos que viviendo aquí en la Ciudad de México han querido acompañarnos este día y a todos y cada uno de los aquí presentes.

Desde hace más de 4 siglos acudimos y se acude a este santo lugar; personas de diferentes pueblos, de diferentes diócesis, de diferentes naciones y traen consigo deseos de su corazón, intensiones de sus diócesis, preocupaciones y esperanzas íntimas de este modo el Tepeyac se ha convertido para México y mucho más allá incluso de sus fronteras en un lugar de gracia, en un lugar de reconciliación, en un lugar de paz espiritual, en un lugar de unidad, de identidad.

Aquí experimentamos la bondad consoladora de aquella que es nuestra Madre. Aquí encontramos a Jesucristo. Nos detenemos ante la Madre del Señor y le imploramos: Madre de Guadalupe muéstranos a Jesús; muéstranos a nosotros peregrinos de Campeche, Aquel que es el camino, la verdad y la vida.

Hemos venido en peregrinación; ¿qué es una peregrinación? es el viaje a un Santuario o a un lugar sagrado con importantes connotaciones religiosas. El término peregrinación proviene del latín: peregrinatio. Y significa un viaje al extranjero o una estancia en el extranjero, según estos orígenes etimológicos, el peregrino, pues, es un expatriado, es un exiliado y por eso todos nosotros sabemos que somos peregrinos en esta tierra, porque estamos exiliados, ya que nuestra verdadera patria es el cielo y allá todos nos dirigimos.

La Sagrada Escritura presenta la historia del pueblo de Israel a partir de Abraham, como una peregrinación y con subidas y bajadas, por caminos breves y por caminos largos al final siempre conduce a la tierra prometida. Peregrinar significa estar orientados hacia una cierta dirección y caminar hacia una meta, por eso, queridos hermanos y hermanas, que nunca nos vayamos a perder y que siempre tengamos bien clara todos nosotros esa dirección, esa meta en nuestra vida. Esto atribuye también al camino y a su cansancio su propia belleza, nos habla del fin para el cual hemos sido creados ¿cuál es ese fin para el cual hemos sido creados?  Conocer, amar y servir a Dios en esta vida y gozar de Él por toda la eternidad en la tierra prometida del cielo. Ser peregrino significa marchar, hacer un camino no sólo exterior, sino especialmente interior.

Atención, queridos hermanos y hermanas, especialmente una atención interior; avanzamos con los pies, con el corazón y con el alma. Llevamos en la marcha todo lo que ha sido nuestra con sus altos y sus bajos, pero es siempre bueno llevar al Santuario una especial intención, un especial agradecimiento, una súplica particular, un deseo de encuentro con el Señor. El caminar por las huellas de un agreste sendero soportando sed, hambre, cansancio, muchas veces incluso soledad, desplazándose desde lejos a este lugar de origen. El lugar de origen de la paz.

Llevamos el cansancio de la vida, de la peregrinación, pero vamos con la esperanza de ser escuchados y dando gracias al Señor. La peregrinación, también, fue pensada por el cristianismo naciente, como un criterio para entender la vida en Cristo.

Eso es muy importante, queridos hermanos y hermanas, repito: la peregrinación también fue pensada en los orígenes del cristianismo, como un criterio para entender la vida en Cristo, en los evangelios se reinterpreta el subir a Jerusalén, como la llegada a la máxima prueba de amor a los hombres, la misma muerte en cruz.

Los lugares de peregrinación más conocidos a lo largo de la historia han sido tres. Jerusalén: donde vivió, murió y resucitó nuestro Señor. Roma: donde murió mártir el apóstol san Pedro, el primer Papa. Y, Santiago de Compostela: donde según la tradición está enterrado el apóstol Santiago, pero providencialmente en un momento de suma importancia para la historia de la humanidad más en concreto para la historia del cristianismo y su evangelización, el Tepeyac se convierte en el lugar escogido por la Madre de Dios para evangelizar con una humilde imagen sagrada evangelizar toda América. Y por eso este Santuario, esta Basílica de Guadalupe en el que hoy estamos es considerado uno de los santuarios más importantes de la fe católica.

Hemos venido aquí a mirar a Cristo, a encontrarnos con nuestra Madre y a pedirles que nos enseñe a su Hijo, que nos dé a su Hijo. Mirar a Cristo en María, esta invitación para el hombre que busca; para el hombre que es peregrinante en la vida se transforma siempre en una espontanea petición. Una petición dirigida en particular a María, que nos ha dado a Cristo como Hijo suyo. Y le decimos hoy a nuestra Madre Santísima de Guadalupe: muéstranos a Jesús, rezamos hoy así con todo el corazón, rezamos así, también, no sólo en este momento interiormente en la búsqueda del rostro del Redentor. Muéstranos a Jesús y tengan la plena seguridad de que nuestra Madre responde. María responde y nos presenta a su Hijo y nos da a su Hijo.

Si san Juan afirma de Cristo que Él es el Hijo Único que está en el seno del Padre, también podemos decir de Jesús, que Él es el Único Hijo que está en el seno de María, el Hijo que mora en el Padre, pero también en la historia, quiso morar en María y lo sigue haciendo. Así se presenta en esta providencial y hermosísima imagen de nuestra Madre de Guadalupe. Ella no está sola, Ella muestra a su Hijo en su seno, nos ofrece la vida y nos ofrece al Salvador del mundo y por eso le gritamos muéstranos a Jesús con esta petición a la Madre del Señor nos hemos puesto en camino hacia este lugar. Esta misma petición nos acompañará todos los días de nuestra y sabemos que María escucha esta oración. Sí, en cualquier momento, cuando miramos a María nos muestra a Jesús de este modo podemos encontrar el camino justo seguirlo paso a paso con la gozosa confianza de que ese camino lleva a la luz, lleva a la alegría, lleva a la verdad, lleva al gozo del amor eterno.

Esta Basílica de Guadalupe, este gran templo, alberga a Cristo en su seno, es el lugar de la presencia de Dios y dentro del templo venimos a encontrarnos con otro templo, María, templo vivo de la presencia de Dios, no solamente porque Dios habita en su alma, sino también porque quiso albergarse en su corazón y en su seno, no solamente para ser llevado o transportado por Ella, sino para ser gestado en su interior comunicándole la vida, de esta manera Cristo es la vida de María, pero María es la vida de Cristo. Ambos se comunican la vida, uno la vida sobrenatural, el otro la vida natural. Así como Jesús en el Evangelio se presenta, como la puerta de las ovejas, así también la Iglesia presenta a María, como la puerta del cielo. Puerta siempre abierta y por eso nos dice el Libro del Apocalipsis: mira que he puesto ante ti una puerta abierta que nadie podrá cerrar, es la puerta por donde ingresó el Verbo de Dios al mundo y la misma puerta por donde pasan todos los hijos de Dios al seno del Padre, verdadero camino y meta final hacía donde caminamos y hacía donde aspiramos llegar.

Hemos venido a esta peregrinación anual ante la Virgen de Guadalupe para agradecerle su protección maternal a lo largo del año, para pedirle que nos siga acompañando en nuestro peregrinar, como pueblo de Dios, particularmente pueblo de Dios en Campeche, agradeciendo los acontecimientos tan significativos para nuestra diócesis durante este último año, como han sido las Ordenaciones Sacerdotales. Como ha sido la consagración de la diócesis al Espíritu Santo. La consagración de la diócesis al Corazón Inmaculado de María.

Que nuestra Madre reciba esa gratitud y nos siga acompañando durante todo este año, como hizo el pueblo de la promesa, nosotros dejamos el Egipto del pecado, de la esclavitud para poder vivir después del Bautismo una vida profundamente cristiana. Esto nos impulsa a que en este día en que hemos venido en peregrinación. Este día que nos reúne, que también nosotros dejemos el Egipto de nuestros pecados; que pensemos en todos los obstáculos, que se interponen entre María y Jesús y nosotros. Y comprometernos para vivir la vida de la gracia, para cortar la cizaña de nuestra vida, para cortar todo aquello que es superficial y animarnos a vivir en la fidelidad que nos pide Jesús y que nos pide María. Muchos pueden ser los obstáculos, que nos retienen ambiciones de dinero, ambición de violencia, problemas de violencia familiar, malos tratos, alcoholismo, droga, desordenes sexuales y tantas otras cosas. Muchas cosas, que atentan contra la dignidad del hombre, del ser humano, de la familia, de mi familia en concreto. Obstáculos que ahora se presentan y que llevan el nombre de crisis económica, de crisis política, de crisis social. Pero, hermanos y hermanas, levantemos firmes nuestra alma en la fe, en la fe de nuestros padres, en aquellos que como Juan Diego supieron hacernos entender que el camino para construir una sociedad sólida, firme en sus bases y justa no son aquellas cosas, que hemos mencionado. Todo aquello socavaba grandemente los cimientos de nuestra patria y de toda América, por el contrario el Tepeyac es este símbolo de esperanza, símbolo de amor, de fe, de renovado compromiso con Jesús y su Madre. Ellos desean que todo nuestro país, que Campeche se levante, que camine por el camino trazado por los designios eternos, es decir, por el Padre al enviarnos a Jesús, como Redentor. Y esto significa que Campeche y todo México debe tomar el compromiso: de vivir en la oración; de vivir en la fidelidad al Evangelio; de vivir en la fidelidad al Evangelio; de vivir en la fidelidad a los sacramentos; la fidelidad en la solidaridad; debe decidirse asistir siempre aquellos preceptos que el Señor nos pide. Santificar el día del Señor, debemos tomar el compromiso de vivir auténticamente nuestra fe más todavía, porque no se puede decir: que creemos todavía lo suficiente, ni que amamos a Dios como merece ser amado. Jesús ha hablado de sí mismo como el pan de vida, la vida del mundo. La promesa que el Señor atribuye aquellos que reciben su Cuerpo, su Sangre es la vida eterna.

Como obispo de la Diócesis de Campeche, que hoy peregrina: Madre y Señora me dirijo a ti y te pido humildemente por todos nuestros sacerdotes, particularmente en este Año Jubilar Sacerdotal, que este año acerque a todos nuestros sacerdotes a vivir en la unidad de Jesús Sacerdote, de Cristo Buen Pastor. A ti Madre te pido por todas las familias, para que de ellas surjan buenos y santos cristianos, que cambien nuestra sociedad. Te presento Madre y Señora a los enfermos, que con tanta esperanza dirigen su oración a ti. Muchos de ellos nos han pedido que al llegar a este Santuario le pidamos que por intercesión de nuestra Madre reciban la salud de cuerpo y alma, que necesitan. Te pedimos por todos nuestros jóvenes y niños para que preservados de todo flagelo de inmundicia puedan vivir en la libertad de los hijos de Dios.

Madre y Señora te presento a todos nuestros seminaristas, nuestros diáconos que sepan responder con fidelidad a su llamado, todas nuestras religiosas, nuestros obreros, nuestros políticos. Madre en tus manos nos acogemos, somos ya tus hijos, has de nosotros hijos fervorosos en la fe y en el amor, capaces de construir la civilización del amor. Tómanos entre tus manos junto a tu corazón y ofrécenos a Jesús para que desde ti seamos gratos a tu Hijo.

Y ahora pueblo de Campeche, como padre y pastor les exhorto a que digamos en nuestro pensamiento, y me sigan con su corazón las palabras de san Bernardo:

Si se levanta la tempestad en las tentaciones, si caes en el obstáculo de las tristezas eleva tus ojos a la estrella de mar… Invoca a María.

Si te golpean las olas de la soberbia, de la calumnia, de la envidia mira a la estrella… Invoca a María.

Si la cólera, la avaricia, la sensualidad de tus sentidos, quieren hundir la barca de tu espíritu, que tus ojos vayan a esa estrella… Invoca a María.

Si ante el recuerdo desconsolador de tus muchos pecados te sientes ir hacia el abismo del desaliento y la desesperación, lánzale una mirada a la estrella e invoca a la Madre de Dios, en medio de tus peligros, de tus angustias, de tus dudas piensa en María… Invoca a María. El pensar en Ella y el invocarla sean dos cosas que no se aparten nunca, ni de tu corazón, ni de tus labios y para estar más seguro de tu protección no te olvides de imitar sus ejemplos. Siguiéndola no te perderás en el camino, implorándola no te vas a desesperar jamás. Pensando en Ella no te equivocaras. Si Ella te tiene de la mano tú no te vas a hundir jamás. Bajo su manto nada hay que temer.  Bajo su guía no habrá cansancio y con su favor llegarás felizmente al puerto de la patria celestial.

Que así sea.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior