19 de mayo de 2009
Queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, seminaristas,
hermanos y hermanas en Cristo en Jesús.
¡Qué alegría experimentamos al realizar esta trigésima peregrinación
de la Diócesis de Tuxtepec, Oaxaca, a esta majestuosa Basílica
de Santa María de Guadalupe! Sí, hemos llegado de los diferentes
decanatos: el Mazateco (a quien le ha tocado organizar la
liturgia de esta eucaristía), el decanato Chinanteco, La
Asunción, Norte y Centro, también se han unido a este gozo,
personas que habitan en esta Ciudad de México y que tienen
sus raíces en aquellas hermosas tierras tropicales de la
Cuenca del Papaloapan, también nos acompañan amistades y
fieles que se unen a esta vivencia de fe.
Hoy queremos renovar nuestro cariño y amor a nuestra Madre,
la morenita del Tepeyac. Darle nuevamente las gracias por
haber colaborado en la historia de la salvación, manifestando
su total confianza y disponibilidad, al aceptar la invitación
de Dios para ser la Madre del Salvador; gracias porque junto
con San José, educó con inmenso amor al Redentor del mundo;
gracias porque presidió con su oración el comienzo de la
evangelización en Pentecostés; gracias porque hace 477 años
quiso quedarse con nosotros en nuestra tierra, cuando se
le apareció al indio Juan Diego y le expresó su deseo de
que se le construyera un Templo en este lugar, para que
nosotros, sus hijos, acudiéramos a ella, y le platicáramos
acerca de nuestra vida, de lo que nos pasa, de nuestra ilusiones,
esperanzas, tristezas y alegrías. Ella nos dice hoy a cada
uno de nosotros ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
Este día, ciertamente traemos algunas preocupaciones que queremos
comentarte:
Nos inquieta que haya muchas familias desintegradas, en donde
no se transmiten valores humanos y cristianos; familias
en donde se da la violencia, la falta de amor, la carencia
de diálogo entre los esposos que sin duda repercute en la
educación de los hijos; las adicciones que van aumentando
como el alcoholismo, la drogadicción...
Nos preocupa la crisis económica que estamos padeciendo y que
en especial afecta a los más pobres de nuestras ciudades
y comunidades; la presencia del narcotráfico que se encuentra
presente a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional
y que va creando dependencia, muerte e inseguridad; la corriente
del secularismo que día a día va entrando en nuestra sociedad,
la cual quiere borrar la presencia de Dios Nuestro Señor,
y también en la realidad vamos constatando que algunas personas
se van alejando de la fe; y por último viene el virus de
la influenza AH1N1 que ha afectado a México y muchos países
de mundo. ¡Virgencita te pedimos tu protección para salir
adelante!
Ante esta situación dramática y difícil que se vive en nuestra
patria, se ha dado una iniciativa por parte del episcopado
mexicano, de consagrar al Espíritu Santo nuestra Nación,
nuestras diócesis y parroquias, con ello, sí lo tomamos
en serio y a profundidad, creemos que se levantará una nueva
ola de bondad, de paz y reconciliación, de perdón y de amor,
de justicia y fraternidad.
En la Carta Pastoral "Del encuentro con Cristo a la solidaridad
con todos" se afirma que desde los inicios del siglo
XX y con la persecución religiosa "la adoración a Cristo
Rey y la celebración universal de su fiesta, la devoción
eucarística, la consagración de México al Espíritu Santo,
el amor a María de Guadalupe y al Papa, serán una parte
esencial de nuestra identidad religiosa y nacional"
¿Qué significa consagrar a México al Espíritu Santo?
Consagrar nuestra patria al Espíritu Santo no es un acto piadoso,
es tomar conciencia de que Dios nos ha elegido para Él,
para su servicio, para dar frutos de santidad. Es proclamar
a Jesucristo como el dueño y Señor de la historia. Es comprometemos
en la tarea de hacer de México un templo donde vivan y reinen
el amor, la paz, la concordia, los valores.
Ciertamente se han dado antecedentes de la consagración de
México al Espíritu Santo, Nuestros hermanos Obispos, lo
hicieron en la clausura del 1 Congreso Eucarístico el 12
de octubre de 1924, en ese tiempo se vivían circunstancias
difíciles, que después desembocaron en la persecución religiosa.
Esta consagración la hizo un grupo reducido de nuestra nación,
por lo cual se hizo nuevamente la renovación en Pentecostés
de 1925 para que participara más gente de nuestra nación;
posteriormente se hizo la consagración de México al Espíritu
Santo en 1975; y el 20 de abril de 2009, aquí en este santo
lugar, en la casa de nuestra Madre Santísima la Virgen de
Guadalupe, los obispos de México, junto con sacerdotes,
religiosos, religiosas y laicos y laicas de todo México,
realizamos la consagración de nuestra patria al Espíritu
Santo.
El día de hoy, en presencia de la Madre de Dios y Madre nuestra,
haremos la consagración de nuestra amada Diócesis de Tuxtepec
al Espíritu Santo; y el próximo 31 de mayo, domingo de Pentecostés,
lo haremos en cada una de las parroquias y comunidades de
nuestra Iglesia Particular, esto significa que queremos
caminar con el impulso y la luz del Espíritu Santo, e ir
con corresponsabilidad creando un mundo de acuerdo al Plan
de Dios.
En esta ocasión privilegiada en que nos hemos reunido en este
templo para celebrar la Palabra y la Eucaristía, quiero
seguir invitando a todas las parroquias y decanatos a continuar
impulsando algunas acciones en nuestra Diócesis, las cuales
pongo particularmente en las manos de la Virgen de Guadalupe
y de Jesucristo Nuestro Señor:
• Quiero que cada continuar en comunión
y participación elaborando el plan diocesano de pastoral.
• Les invito a seguir buscando caminos
de evangelización, con audacia y creatividad, para ir renovando
nuestras parroquias a la luz de Aparecida, en donde se vaya
despertando el impulso misionero; ya el 8 de Abril de este
año, en el marco de la Misa Crismal, en donde participaron
representantes de las distintas parroquias y decanatos,
declaré oficialmente el lanzamiento de la Misión permanente
en la Diócesis de Tuxtepec. Esta misión ha iniciado con
un proceso de sensibilización y formación de los agentes
de pastoral, entre los que se encuentran los laicos, religiosas,
religiosos, diáconos, sacerdotes y obispo; posteriormente
habrá otras etapas que nos lleven a ir ampliando la Misión
"ad intra" y "ad extra" de nuestra Iglesia.
• También les pido nos unamos al Proyecto
de la construcción de la Catedral, que lo hagamos con nuestra
oración, con nuestro entusiasmo y con nuestra generosidad.
Queridos hermanos y hermanas, que esta gratificante visita
a la Casa de nuestra Madre del Tepeyac, en la cual le pedimos
su bendición de manera especial por nuestros familiares
y amigos, nos fortalezca y nos anime a seguir caminando
como discípulos misioneros de Jesucristo, y de esta manera
colaborar con ilusión y pasión en la construcción de su
Reino.
Así sea.