Hermanos: me ha dado mucha alegría enterarme de que muchos
de Ustedes viven de acuerdo con la verdad... Pongan, pues, atención
para que no pierdan el fruto de sus trabajos y puedan recibir la
recompensa completa.
Con estas palabras de la primera lectura los saludo muy cordialmente,
porque estoy seguro que muchos de Ustedes han experimentado el gozo
y la alegría de vivir de acuerdo con la verdad. Tanto en las tareas
y quehaceres propios del hogar, del trabajo, y especialmente en
su colaboración pastoral en la Parroquia, en su respuesta de comunidad.
Pongan, pues, atención para que no pierdan el fruto de sus
trabajos y puedan recibir la recompensa completa.
Esta segunda parte de la lectura nos ayuda a introducimos en
el misterio que celebramos, en la Eucaristía estamos ofreciendo,
con Cristo, el fruto de nuestros trabajos, con la esperanza confiada
de recibir la recompensa completa.
Yo, como Obispo Diocesano y en comunión con mi hermano Mons.
Víctor René Rodríguez y todos los Vicarios Episcopales y Decanos,
doy testimonio ante Dios nuestro Padre, que nos ha bendecido con
la respuesta positiva, muy generalizada, de nuestros Presbíteros,
Diáconos y Agentes de Pastoral para aplicar el Plan Diocesano de
Pastoral en los ámbitos de la vida diocesana, haciendo de él, el
marco referencial para, en comunión, cumplir nuestra vocación de
evangelizar al Pueblo de Dios que peregrina en Texcoco. Es motivo
de gratitud, y reconozco ante Dios, los pasos que hemos ido dando
para animar y vivir la espiritualidad de comunión en Texcoco.
También agradezco de corazón la buena aceptación de las prioridades
señaladas para el trabajo pastoral, en el marco de este año dedicado
a celebrar los 2000 años del nacimiento de San Pablo, movidos y
alentados por tan insigne figura, nos hemos propuesto para el 2009
incrementar la espiritualidad de comunión, especialmente entre los
agentes de pastoral, promover y motivar la formación integral de
los mismos agentes, y organizar cada Parroquia con los sectores
que permitan lanzar la misión a todos los bautizados y convocarlos
para ir formando, en cada sector parroquial, pequeñas comunidades
para reencontrarnos con Cristo, el Señor de la vida.
En particular agradezco, la buena respuesta que cada Vicaría
Episcopal ha dado al realizar su Asamblea de Misiones en preparación
para lanzar oficialmente el próximo domingo 16, en nuestro Seminario
Diocesano, la Misión Continental en la Diócesis.
Cómo no dar gracias a Dios por el logro de la campaña en favor
de la vida, que se va extendiendo a cada comunidad y familia, y
que nos permitió vivir con alegría y esperanza la manifestación
del pasado 22 de junio. El Señor nos permita crecer en la conciencia
del valor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
Muchos otros momentos de vida diocesana están en nuestro corazón
y presentamos al Padre por manos de su Hijo Jesucristo. Pero vayamos
a la lectura del Evangelio que fue proclamado.
Jesús dijo a sus discípulos: Lo que sucedió en el tiempo de
Noé, sucedió en tiempo de Lot, y sucederá también en el tiempo del
Hijo del Hombre: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban
y construían... aparece la común actividad que los
seres humanos hacemos. Sin embargo, más adelante, el mismo texto
nos advierte que el destino es distinto aunque los quehaceres sean
comunes. Aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será
tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas:
una será tomada y la otra abandonada.
Este texto nos indica que los tiempos, y especialmente, las
respuestas son diversas. Aplicando esta reflexión a nuestro ritmo
pastoral diocesano descubrimos también los tiempos distintos en
que cada parroquia va concretando la aplicación del Plan Diocesano,
la variedad en la intensidad y la pluralidad de resultados.
Contemplar la realidad pastoral, sabiendo de los distintos
momentos y modos para responder, nos permite descubrirla como un
desafío y como una oportunidad de establecer ayudas solidarias entre
unas parroquias y otras. Es lo que dice San Pablo en la carta a
los Romanos: los que tenemos una fe bien formada debemos cargar
con las flaquezas de quienes no la tienen (Rom 15,1).
Las personas y las comunidades vamos respondiendo en diferente
momento y forma; por eso debemos tener una gran paciencia para esperar
la respuesta de los otros. Nunca debemos poner la esperanza en la
ausencia o presencia de la respuesta de los demás. Nuestra esperanza
está en Jesucristo, el Señor de la Historia.
Por eso esta mañana, celebrando la Eucaristía, misterio de
fe que nos manifiesta la presencia sacramental de Cristo, y estando
aquí en la casita de todos los mexicanos, a los pies de nuestra
madre, la morenita, María de Guadalupe, y contemplando al Hijo que
por obra del Espíritu Santo lleva en su seno, a Cristo, el Señor
de la Historia, y siguiendo el ejemplo de los apóstoles, elevamos
nuestra súplica confiada.
¡Señor Jesús, la Diócesis de Texcoco con todo el corazón te
está buscando, no permitas apartamos de tus caminos, favorécela
y ayúdala para que viva como casa y escuela de comunión, ábrenos
los ojos para descubrir las maravillas que estás haciendo en medio
de nosotros!
¡Envíanos tu Espíritu para que mantenga viva nuestra esperanza,
y que no nos desilusione la respuesta distinta, variada y a veces
escasa de otros miembros de nuestra comunidad! ¡Danos el Espíritu
Santo que nos prometiste y con él anunciaremos tu Reino!
María de Guadalupe, madre nuestra, tu pueblo de Texcoco te
saluda, y confiadamente te suplica:
¡Anímanos y oriéntanos para poner a nuestra Diócesis de Texcoco
en estado permanente de misión, y lograr así, unimos a todas las
Diócesis de América Latina y el Caribe en la realización de la Misión
Continental lanzada por los Obispos en Aparecida!
¡Ven con nosotros, acompáñanos en la Iglesia de Texcoco, y
enséñanos a escuchar a tu Hijo en la lectura orante de la Sagrada
Escritura!
¡Condúcenos en el aprendizaje cotidiano de vivir la comunión,
guíanos en la organización de nuestras parroquias para que sean
comunidad de comunidades!
i A todos los agentes de pastoral permítenos educamos en el
conocimiento y experiencia de la Fe para formamos como buenos discípulos
de Jesucristo y ser los misioneros de su Reino!
¡Santa María de Guadalupe Reina de México y de Texcoco! ¡Salva
nuestra Patria y conserva nuestra Fe!
Amén.