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Homilía
pronunciada por Mons. Carlos Aguiar Retes, Obispo de la Diócesis de Texcoco, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

14 de noviembre de 2008

Hermanos: me ha dado mucha alegría enterarme de que muchos de Ustedes viven de acuerdo con la verdad... Pongan, pues, atención para que no pierdan el fruto de sus trabajos y puedan recibir la recompensa completa.

Con estas palabras de la primera lectura los saludo muy cordialmente, porque estoy seguro que muchos de Ustedes han experimentado el gozo y la alegría de vivir de acuerdo con la verdad. Tanto en las tareas y quehaceres propios del hogar, del trabajo, y especialmente en su colaboración pastoral en la Parroquia, en su respuesta de comunidad.

Pongan, pues, atención para que no pierdan el fruto de sus trabajos y puedan recibir la recompensa completa.

Esta segunda parte de la lectura nos ayuda a introducimos en el misterio que celebramos, en la Eucaristía estamos ofreciendo, con Cristo, el fruto de nuestros trabajos, con la esperanza confiada de recibir la recompensa completa.

Yo, como Obispo Diocesano y en comunión con mi hermano Mons. Víctor René Rodríguez y todos los Vicarios Episcopales y Decanos, doy testimonio ante Dios nuestro Padre, que nos ha bendecido con la respuesta positiva, muy generalizada, de nuestros Presbíteros, Diáconos y Agentes de Pastoral para aplicar el Plan Diocesano de Pastoral en los ámbitos de la vida diocesana, haciendo de él, el marco referencial para, en comunión, cumplir nuestra vocación de evangelizar al Pueblo de Dios que peregrina en Texcoco. Es motivo de gratitud, y reconozco ante Dios, los pasos que hemos ido dando para animar y vivir la espiritualidad de comunión en Texcoco.

También agradezco de corazón la buena aceptación de las prioridades señaladas para el trabajo pastoral, en el marco de este año dedicado a celebrar los 2000 años del nacimiento de San Pablo, movidos y alentados por tan insigne figura, nos hemos propuesto para el 2009 incrementar la espiritualidad de comunión, especialmente entre los agentes de pastoral, promover y motivar la formación integral de los mismos agentes, y organizar cada Parroquia con los sectores que permitan lanzar la misión a todos los bautizados y convocarlos para ir formando, en cada sector parroquial, pequeñas comunidades para reencontrarnos con Cristo, el Señor de la vida.

En particular agradezco, la buena respuesta que cada Vicaría Episcopal ha dado al realizar su Asamblea de Misiones en preparación para lanzar oficialmente el próximo domingo 16, en nuestro Seminario Diocesano, la Misión Continental en la Diócesis.

Cómo no dar gracias a Dios por el logro de la campaña en favor de la vida, que se va extendiendo a cada comunidad y familia, y que nos permitió vivir con alegría y esperanza la manifestación del pasado 22 de junio. El Señor nos permita crecer en la conciencia del valor de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

Muchos otros momentos de vida diocesana están en nuestro corazón y presentamos al Padre por manos de su Hijo Jesucristo. Pero vayamos a la lectura del Evangelio que fue proclamado.

Jesús dijo a sus discípulos: Lo que sucedió en el tiempo de Noé, sucedió en tiempo de Lot, y sucederá también en el tiempo del Hijo del Hombre: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y construían... aparece la común actividad que los seres humanos hacemos. Sin embargo, más adelante, el mismo texto nos advierte que el destino es distinto aunque los quehaceres sean comunes. Aquella noche habrá dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro abandonado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra abandonada.

Este texto nos indica que los tiempos, y especialmente, las respuestas son diversas. Aplicando esta reflexión a nuestro ritmo pastoral diocesano descubrimos también los tiempos distintos en que cada parroquia va concretando la aplicación del Plan Diocesano, la variedad en la intensidad y la pluralidad de resultados.

Contemplar la realidad pastoral, sabiendo de los distintos momentos y modos para responder, nos permite descubrirla como un desafío y como una oportunidad de establecer ayudas solidarias entre unas parroquias y otras. Es lo que dice San Pablo en la carta a los Romanos: los que tenemos una fe bien formada debemos cargar con las flaquezas de quienes no la tienen (Rom 15,1).

Las personas y las comunidades vamos respondiendo en diferente momento y forma; por eso debemos tener una gran paciencia para esperar la respuesta de los otros. Nunca debemos poner la esperanza en la ausencia o presencia de la respuesta de los demás. Nuestra esperanza está en Jesucristo, el Señor de la Historia.

Por eso esta mañana, celebrando la Eucaristía, misterio de fe que nos manifiesta la presencia sacramental de Cristo, y estando aquí en la casita de todos los mexicanos, a los pies de nuestra madre, la morenita, María de Guadalupe, y contemplando al Hijo que por obra del Espíritu Santo lleva en su seno, a Cristo, el Señor de la Historia, y siguiendo el ejemplo de los apóstoles, elevamos nuestra súplica confiada.

¡Señor Jesús, la Diócesis de Texcoco con todo el corazón te está buscando, no permitas apartamos de tus caminos, favorécela y ayúdala para que viva como casa y escuela de comunión, ábrenos los ojos para descubrir las maravillas que estás haciendo en medio de nosotros!

¡Envíanos tu Espíritu para que mantenga viva nuestra esperanza, y que no nos desilusione la respuesta distinta, variada y a veces escasa de otros miembros de nuestra comunidad! ¡Danos el Espíritu Santo que nos prometiste y con él anunciaremos tu Reino!

María de Guadalupe, madre nuestra, tu pueblo de Texcoco te saluda, y confiadamente te suplica:

¡Anímanos y oriéntanos para poner a nuestra Diócesis de Texcoco en estado permanente de misión, y lograr así, unimos a todas las Diócesis de América Latina y el Caribe en la realización de la Misión Continental lanzada por los Obispos en Aparecida!

¡Ven con nosotros, acompáñanos en la Iglesia de Texcoco, y enséñanos a escuchar a tu Hijo en la lectura orante de la Sagrada Escritura!

¡Condúcenos en el aprendizaje cotidiano de vivir la comunión, guíanos en la organización de nuestras parroquias para que sean comunidad de comunidades!

i A todos los agentes de pastoral permítenos educamos en el conocimiento y experiencia de la Fe para formamos como buenos discípulos de Jesucristo y ser los misioneros de su Reino!

¡Santa María de Guadalupe Reina de México y de Texcoco! ¡Salva nuestra Patria y conserva nuestra Fe!

Amén.

 
 
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