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Homilía
pronunciada por Mons. Hipólito Reyes Larios, Arzobispo de la Arquidiócesis de Xalapa, en ocasión de la peregrinación de la arquidiócesis a la Basílica de Guadalupe.

9 de abril de 2008

1.- La Peregrinación:

Los laicos y laicas, consagrados y consagradas, formandas y seminaristas, diáconos, sacerdotes y el Arzobispo, que integramos el Pueblo de Dios que peregrina en la querida Arquidiócesis de Xalapa, nos encontramos hoy, como san Juan Diego, el más pequeño de sus hijos, a los pies de nuestra Santísima Madre de Guadalupe, "La siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive".  Nos reunimos en esta venerable Basílica, dedicada a Ella, para celebrar la Santa Eucaristía.

Hemos venido, de las diversas comunidades de nuestra arquidiócesis, situadas en los treinta y siete municipios y en los doce Decanatos que integran nuestra jurisdicción eclesial, para bendecir y alabar a Dios por el inmenso regalo que ha otorgado a todo México con las apariciones y la presencia constante en este lugar, de la Morenita del Tepeyac, de la Madre de Dios y Madre nuestra.

Hemos venido en peregrinación, movidos por el Espíritu Santo que está sobre nosotros, para alabar al "Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo", y para recibir en este hermoso y entrañable Santuario el amor, compasión, auxilio y defensa de la "Madre del amor, del temor y de la santa esperanza". Le venimos a pedir que escuche nuestros lamentos y remedie nuestras miserias, penas y dolores, pero, también, le encomendamos que entregue a la Santísima Trinidad nuestra sentida acción de gracias por este año que nos ha permitido vivir como una nueva etapa en nuestra historia de salvación.

Hoy nos unimos a la motivación que san Rafael Guízar Valencia expresó en un Decreto del 8 de septiembre de 1920, para iniciar las peregrinaciones de la entonces Diócesis de Veracruz a esta Basílica de Guadalupe, en esta ciudad de México: "Uno de los más nobles sentimientos que hermosean el corazón de las personas es la gratitud que en él se desarrolla al influjo del amor y de los beneficios recibidos: por lo cual, a medida que aumentan los favores y se multiplican los afectos, crece la gratitud en nuestra alma como crecen y se desarrollan las plantas y las flores mediante la savia que reciben de la tierra". Desde luego que al hablar de los grandes favores recibidos, se refería al inmenso amor que Santa María de Guadalupe ha prodigado a nuestra Iglesia mexicana y de manera más particular a la iglesia de Veracruz que en ese tiempo contaba con una sola diócesis y actualmente alberga ocho iglesias diocesanas.

Hemos venido para ofrecerle a Santa María de Guadalupe nuestra profunda gratitud por los años que Dios nos concedió el pastoreo de nuestro querido Arzobispo Emérito, Don Sergio Obeso Rivera. Así también, le agradecemos el don de nuestro nuevo arzobispo y de tres nuevos diáconos. Le encomendamos la continuación fructífera de las visitas pastorales a las parroquias, a las comunidades de vida consagrada y a las diversas organizaciones eclesiales de laicos. Le venimos a presentar el trabajo del vicario general y de los vicarios episcopales, de los nuevos decanos y párrocos, de los diversos consejos y de los encargados de las pastorales en sus distintos niveles; los esfuerzos por aplicar adecuadamente, las propuestas de nuestro Tercer Sínodo diocesano y del documento de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, Brasil, el año pasado. Ponemos en sus manos los proyectos de la promoción de la santidad en todos los integrantes de nuestra arquidiócesis, así como los esfuerzos para que sean cada vez más conocidos y venerados san Rafael Guízar Valencia y el Beato Ángel Darío Acosta. Ponemos en su presencia el próximo inicio de la causa del Pbro. Juan Manuel Martín del Campo. Le encomendamos los proyectos de la capilla y auditorio de nuestro querido seminario, la remodelación y nueva utilización del Palacio Episcopal, las reformas de algunos espacios de nuestra Catedral y la construcción o remodelación de nuevos espacios para la oración, el retiro y el trabajo pastoral en distintas partes de nuestro territorio diocesano.

Le pedimos a nuestra Santísima Madre de Guadalupe su intercesión por nuestra querida Arquidiócesis de Xalapa, por sus arzobispos, sus sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, laicos y laicas, por nuestro seminario, por nuestros decanatos, parroquias, rectorías y capillas, por nuestras comunidades, por nuestras asociaciones y movimientos laicales, por el camino naecutecumenal, por nuestras autoridades civiles, por nuestros centros de trabajo y por todos los habitantes de nuestro territorio arquidiocesano para que aprendamos a amarnos y aceptarnos como hijos de un mismo Padre.

3.-  La Visita Pastoral del Obispo:

La Visita Pastoral que realiza el obispo diocesano está inspirada en Jesucristo, Buen Pastor, que conoce a sus ovejas, que va delante de ellas, que la guía hacia pastos y fuentes saludables, que da su vida por ellas. Por eso, el objetivo de esta primera visita pastoral a las parroquias de nuestra arquidiócesis, además de darle continuidad al pastoreo de Don Sergio Obeso, es encontrarme con las personas encomendadas a mi cuidado pastoral, escucharlas y dialogar con ellas, dar me cuenta de su realidad, apoyar a los responsables de las comunidades y de las actividades apostólicas, ver por donde transitan los hijos de Dios, señalar con claridad las metas y los caminos a seguir y procurar aproximarme y crear cercanía con todas las personas.

3.- Oración y Promoción de las Vocaciones:

El Santo Padre Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, nos señala que las vocaciones están al servicio de la Iglesia-Misión. En un Mensaje anterior, el Papa Juan Pablo II, Siervo de Dios de feliz memoria, cita el pasaje del Evangelio de San Lucas: "Rueguen al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies"(Lc. 10, 2). Nos exhorta a que oremos por las vocaciones, a que oremos por los llamados al sacerdocio y a la vida consagrada, a que hagamos oración los que hemos sido llamados, a dirigirnos todos al Señor con plena confianza de que escuchará nuestras plegarias y nos otorgará las vocaciones necesarias en nuestra iglesia diocesana para gloria y alabanza de su nombre y para servicio de su. Pueblo muy amado que peregrina en las diferentes comunidades de nuestra Iglesia particular de Xalapa.

4.- Mi Primer Año de Experiencia Episcopal en Xalapa:

En este año de experiencia pastoral de nuestra Arquidiócesis de Xalapa, tanto yo, como los sacerdotes, los consagrados y los laicos, hemos sabido intercomunicarnos y llevar relaciones de fraternidad y de amistad para interactuar en una acción participativa y cooperativa con vistas a conseguir el objetivo común de nuestra arquidiócesis y de toda la iglesia. Sin embargo, podemos cuestionamos sobre nuestra propia autenticidad y sobre la aceptación y comprensión de las personas de los demás, sobre el clima de confianza que creamos en las reuniones, en las celebraciones y en las acciones pastorales. También nos preguntamos si somos capaces de armonizar las diferencias, si nos sentimos seguros para proponer nuevas iniciativas, si nos valorados, reconocidos y estimados por lo que somos así como de poder expresar con sencillez nuestros sentimientos e ideas. Otra pregunta importante se refiere al ejercicio y la aceptación de la autoridad y del liderazgo tanto de los pastores como de los consagrados y de los laicos, según su ministerio y competencia, movidos por razones evangélicas de fe, obediencia y humildad.

5.- Invitación a la Oración:

Finalmente, queridos hermanos y hermanas, les invito a elevar a Dios la siguiente plegaria: "Concédenos, iOh Dios!, que la Arquidiócesis de Xalapa sea un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, que sea una Iglesia íntimamente unida a Ti, Trinidad Santísima, que sea consciente de su devoción a Santa María de Guadalupe y que llegue a ser, en todos sus miembros, una comunidad cristiana profunda y generosamente misionera a fin de que colabore con la Iglesia universal en la Nueva Evangelización y, de esta manera, la esperanza alegre de la salvación sea proclamada en todos los confines del mundo presente y futuro para alabanza de tu gloria.

Así sea.

 
 
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