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Que como un trueno rompió el silencio y vino a poner orden en
nuestro mundo y vino a dar sentido y dirección a esta historia
humana, a este mundo nuestro. Este es el mensaje de la primera
página de la Sagrada Escritura, porque fue la palabra lo
primero que existió. Se entiende que nosotros que hemos
sido creados y que somos sostenidos por esa Palabra de Dios,
no podemos vivir sin contar historias, vivir una historia
humana, es tener algo que contar.
Cuando nosotros crecemos como seres humanos avanzamos en el
dominio de la palabra y una persona interesante, es una
persona que cuenta historias quedan sentido a la vida.
El evangelista san Juan para indicarnos cual es esta fuerza
de la Palabra, nos dice que en el principio existía la Palabra,
la Palabra era Dios, la Palabra se dirigía a Dios y esa
palabra es Jesucristo. La palabra última, la palabra definitiva,
por la cual nosotros sabemos que Dios es nuestro Padre y
que nosotros somos hermanos.
Nos hemos reunido nosotros en esta tarde como Diócesis de Zamora,
para recordar juntos algunas historias que nos constituyen,
que nos dan fuerza, que nos ayudan a ver nuestra realidad
presente con esperanza y avanzar hacia el futuro con mucha
resolución, porque sabemos que Aquel que nos ha creado es
el que nos conduce, es el que nos fortalece y es el nos
espera.
Yo quisiera compartir en esta tarde con ustedes tres pequeñas
historias para tratar de iluminar el acontecimiento que
estamos celebrando. La primera, es el primer credo del pueblo
de Dios, y nos dice; ese credo del pueblo de Dios, uniendo
en boca de cada hebreo, diciendo así: Mi padre era un arameo
errante, fuimos esclavos en Egipto, el Señor nos sacó de
ahí, con mano poderosa y brazo extendido, y nos trajo a
habitar una tierra que emana leche y miel.
Eso es lo que contaba cada hebreo, cada miembro del pueblo
de Dios, a todo aquel que le pedía que diera razones de
su esperanza. Es interesante este credo del pueblo de Dios.
Porque lo que está diciendo, el pueblo, es que nosotros
tenemos nuestro origen como pueblo en una persona que camina,
en una persona que se arriesga en diferentes direcciones,
y precisamente caminando da un mensaje a los demás, diciendo:
yo soy alguien que busca, yo soy alguien que va al encuentro
de lo desconocido, yo soy alguien que como todo peregrino,
que como todo caminante, se pone en situación de fragilidad.
Porque el andar cansa, porque el andar puede hacernos que
a veces andemos errando sin rumbo fijo, porque el que camina
siempre está abierto a lo nuevo.
Esto es lo que nosotros hemos querido hacer al caminar hacia
este Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Hemos querido
revivir esa experiencia constitutiva de nuestro ser cristianos,
de nuestro ser creyentes. Hemos caminado para ver rostros
nuevos, para ver lugares nuevos y sobre todo hemos caminado
para ver el rostro moreno siempre nuevo de María Santísima
de Guadalupe. Hemos venido precisamente como peregrinos
porque sabemos que toda esta historia hermosa de la Virgen
Morena en medio de nosotros inició con un hombre que caminaba.
Nos dice la historia, que Juan Diego bajaba por la colima del
cerro caminando hacia Tlatelolco. Y es precisamente que
estando en esa situación de caminar, en esa situación de
búsqueda porque él mismo va a decir, que va a Tlatelolco
para aprender las cosas hermosas y verdaderas que le enseñan
los sacerdotes de Jesucristo nuestro Señor sobre la fe verdadera.
Y allí caminando, y allí buscando encontrar sentido a su
vida, Juan Diego escucha una palabra que transforma toda
su existencia.
La
Virgen Morena, le pregunta: Juanito, Juan Diego, ¿A dónde vas?, y
esa pregunta ¿A dónde vas?, es una pregunta que va poner
al indio Juan Diego en un camino seguro hacia la fe verdadera.
Para que Juan Diego pueda saber cual es la dirección de
sus pasos, tiene que volver hacia atrás y tiene que preguntarse
¿de dónde viene?, y nosotros conocemos la historia.
La historia de Juan Diego, es que viene de una historia dolorosa,
donde el pueblo al que el pertenece lo ha perdido todo.
Ha perdido su identidad, ha perdido sus costumbres, ha perdido
sus dioses, no sabe ahora que dirección tomar. Y esta pregunta
que lo invita hacer un examen de su pasado, va a ubicarlo
en un presente lleno de gozo. Porque él que se sabe indigno,
de ser interlocutor de otra persona, se encuentra de una
manera sorpresiva para él, platicando con una hermosa Señora,
con la Señora que se presenta como la siempre Virgen María,
la Madre del Verdaderísimo Dios por quien se vive.
En ese momento el indio se ve reivindicado, el que no se
atrevía a dar la cara a nadie se encuentra con que hay alguien
que le ofrece su rostro, que es un rostro de paz, que es
un rostro de amor, y es un rostro que lo reafirma en un
presente lleno de gozo, lleno de vida, lleno de esperanza.
Entonces, cuando él se sabe amado, cuando él se sabe acogido
por aquel rostro moreno, por la Señora del Cielo, entonces
le dice: yo ya sé a donde tengo que ir, yo iré a donde tú
me mandes.
Y me parece a mí que esta historia tiene que hacernos pensar
a nosotros como miembros de esta querida Diócesis de Zamora.
Nosotros venimos de un pasado lleno de gloria, un pasado
lleno de gloria porque tantos hombres y mujeres han dado
un testimonio auténtico de la fe cristiana. Hay tantos frutos
que recoger en esta Diócesis de Zamora que no podemos sino
ver hacia atrás bendiciendo al Señor. Si dijéramos hoy,
¿Diócesis de Zamora, a dónde vas? Tendríamos que decir:
venimos de un pasado lleno de Dios, estamos en la presencia
de Dios como sus hijos amados y vamos hacia delante llenos
de confianza. Porque el Señor que ha estado con nosotros,
está con nosotros y estará con nosotros.
A mí me da mucho gusto y mucha emoción, el descubrir que casi
la mitad de los que estamos aquí venimos de la Sierra Tarasca.
Yo nací en un pueblo indígena, San Juan Nuevo
Paricutiro, y yo con ustedes, siendo un miembro de su pueblo,
he descubierto que el pueblo tarasco, es un pueblo generoso,
es un pueblo acogedor, es un pueblo que habla de esperanza.
Es la nación purepecha, que está contenta, se siente orgullosa
de ser indígena, se siente orgullosa de ser cristiana, y
hoy, hay peregrinado con gusto a este santuario. Por supuesto, todavía nuestra diócesis tiene una
deuda con ustedes, porque todavía los pueblos indígenas
no pueden ser los predilectos de la Iglesia, pero hacia
allá avanzamos, con la acogida de ustedes, con la generosidad
de ustedes y con esa apertura de todos aquellos que tenemos
la piel morena, como María de Guadalupe.
Estamos seguros de que para nuestra Diócesis de Zamora se
esperan días, cada día mejores, porque el Señor está con
nosotros. Pensando en esta fiesta me tope con una historia
que me conmovió. Dicen que el apóstol Tomás, aquel que siempre
era el incrédulo, siempre llegaba tarde a todas las reuniones
apostólicas, no estuvo a tiempo el día en que Jesús se apareció
a los apóstoles en el cenáculo y Jesús tuvo que venir de
nuevo a confirmarlo. |

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