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Homilía
pronunciada por Mons. Luis Felipe Gallardo Martín,
en la peregrinación de la Diócesis de Veracruz, a la Basílica de Guadalupe.

15 de mayo de 2007

"La Sangre de tu hermano clama a mí desde el suelo" Amenazas a la Vida Humana "Caín se lanzó contra su hermano Abel y lo mató" (Gn. 4,8)

"No fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; Él todo lo creó para que subsistiera... Porque. Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen." (Sb. 1, 13-14; 2, 23-24).

El Evangelio de la Vida proclamado al principio con la creación del hombre y la mujer a imagen de Dios, para un destino de vida plena y perfecta, está como en contradicción con la experiencia de la muerte que entra en el mundo y oscurece el sentido de toda la existencia humana.

La muerte entra por la envidia del diablo y por el pecado de los primeros padres. Y entra de un modo violento, a través de la muerte de Abel causada por su hermano Caín. Esta es una página que se sigue escribiendo cada día, sin tregua y con repetición degradante, en la historia de todos los pueblos.

El hermano mata a su hermano. Como en el primer fraticidio, en cada homicidio se viola el parentesco "espiritual" que agrupa a la humanidad en una sola familia, donde todos participan del mismo bien fundamental: la idéntica dignidad como “persona humana". Además, no pocas veces se viola también el parentesco "de la carne y de la sangre", como sucede con el aborto y la eutanasia.

En la raíz de cada violencia contra el prójimo se cede a la "lógica del maligno", es decir, de aquel que es homicida desde el principio, como nos lo recuerda el apóstol Juan: “Este es el mensaje que han oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No como Caín, que, siendo del maligno mató a su hermano." (1Jn. 3,11-12)

Esta muerte del hermano al comienzo de la historia, es el triste testimonio de cómo avanza el mal, con rapidez impresionante: A la rebelión del hombre contra Dios se añade la lucha mortal del hombre contra el hombre.
El Señor dice a Caín: "¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo." (Gn. 4, 10)

Esta pregunta que Caín no puede esquivar, se dirige también a nosotros hombres contemporáneos para que tomemos conciencia de la amplitud y gravedad de los atentados contra la vida, para buscar sus causas y eliminarlas, para reflexionar con extrema seriedad sobre las consecuencias de tantos atentados contra la vida de las personas y de los pueblos.

Hay amenazas de la misma naturaleza, que se agravan por el descuido culpable de los hombres. Otras, son fruto de situaciones de violencia, odio, intereses opuestos... que inducen a los hombres a agredirse con homicidios, guerras, matanzas y genocidios.

Está la violencia de la miseria, la desnutrición, el hambre, la inicua distribución de los bienes entre los pueblos y las clases sociales. Está la violencia en el escandaloso mercado de las armas que alimentan las guerras. Está la violencia en el temerario desajuste ecológico, en la difusión criminal de la droga, en la inmoral promoción de modelos de práctica sexual que también arriesgan la vida.

Es imposible enumerar todas las amenazas contra la vida humana, pero tampoco podemos dejar de señalar las amenazas a la vida que inicia y a la que termina. Amenazas que presentan características nuevas y suscitan problemas de singular gravedad, porque tienden a perder, en la conciencia colectiva, el carácter de "delito" y asumen paradójicamente el carácter de "derecho", hasta el punto de pretender con ello un verdadero y propio "reconocimiento legal por parte del Estado y la sucesiva ejecución, mediante la intervención gratuita de los mismos agentes sanitarios.

Estos atentados golpean la vida humo/1a en situaciones de máxima precariedad, al estar privada de toda capacidad de defensa. Y más grave aún es el hecho de que, en gran medida, se produzcan precisamente dentro y por obra de la familia, que constitutivamente está llamada a ser "el santuario de la vida". Jesús nos dice: “He venido para que tengan vida” Mensaje Cristiano sobre la Vida "La vida se manifestó y nosotros la hemos visto." (1 Jn. 1,2) Cristo, "Palabra de Vida" Ante las innumerables y graves amenazas contra la vida, podríamos sentirnos abrumados por una sensación de impotencia insuperable; pero ¡NO!

Este es el momento en que el Pueblo de Dios, es decir cada creyente, está llamado a profesar, con humildad y valentía su fe en Jesucristo "Palabra de Vida".

El Evangelio de la Vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús, el cual dice a Tomás: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". (Jn. 14,6). Y el mismo que le dice a Matha, hermana de Lázaro: "Yo soy la Resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre". (Jn11, 25-26)

Jesús es el Hijo que desde la eternidad recibe la vida del Padre, y que ha venido a los hombres para darles ese mismo don: "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia". (Jn, 10, 10).

Así pues, por la Palabra, la acción y la Persona de Jesús se da al hombre la posibilidad de conocer toda la verdad sobre el valor de la vida humana y la capacidad de obrar perfectamente esa verdad: Asumiendo, realizando, amando, sirviendo, defendiendo y .promoviendo la vida humana.

En el Evangelio de la Visitación que escuchamos en la proclamación de la Palabra de Dios, releemos una vez más, en clave bíblica el Acontecimiento Guadalupano, cuando María se encaminó presurosa a otro pueblo de las montañas "en el Valle de Anáhuac", para anunciar a los pueblos sometidos, entre signos y amenazas de muerte por causa de la conquista, el Evangelio de la Vida.

De esa vida que, como Mujer encinta ya llevaba en su vientre virginal por obra del Espíritu Santo; la vida del verdadero Dios por quien se vive y que ahora, como Madre, ella ofrece entregarnos, cuando nos asegura que en este Templo Ella permanece para darnos todo su amor, para darnos a su Hijo.

Hoy hermanos nosotros como María también podemos ser llamados bienaventurados, cuando creemos en el Evangelio de la Vida que está al centro del mensaje de Jesús y que la Iglesia acoge cada día con amor y anuncia con fidelidad como Buena Noticia a los hombres de todos los tiempos.

Es esa vida "nueva y eterna" que consiste en la comunión con el Padre, a la que todo hombre está llamado gratuitamente en el Hijo por obra del Espíritu Santificador. Pero es precisamente en esta vida de comunión dónde .encuentran pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida humana. Este designio de vida en plenitud para todo ser humano está en abierta contradicción con la cultura de muerte que nos sigue invadiendo.

Fortalezcamos pues nuestra fe a los pies de María para que interceda por nosotros ante su Hijo y digámosle: "Oh María, aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes a Ti confiamos la causa de la vida: Mira Madre el número inmenso de niños a quienes impiden nacer, de pobres a quienes se les dificulta vivir, de hombres y mujeres víctimas de la violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta compasión.

Haz que quienes creemos en tu Hijo sepan anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la Vida. Alcánzanos la gracia de acogerlo como regalo siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda su existencia y la valentía de testimoniarlo con firme constancia, para construir, junto a todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria del Dios Creador y amante de la vida.

 
 
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