InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 

Homilía
pronunciada por Mons. José Antonio Fernández Hurtado,
Obispo de la Diócesis de Tuxtepec, Oaxaca, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

22 de mayo de 2007

Queridos sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, hermanos y hermanas en Cristo Jesús.

Hemos llegado a la Casa de Nuestra Madre Santísima la Virgen de Guadalupe, la Morenita del Tepeyac, de las diferentes parroquias y decanatos de nuestra hermosa Diócesis de Tuxtepec, Oaxaca; de los decanatos Mazateco, Chinanteco, la Asunción, Centro y Norte, para darle gracias a Dios por habemos regalado una madre que nos ama, y decirte a ti María, que te queremos, que te profesamos un gran cariño y te agradecemos profundamente tu presencia amorosa en nuestras vidas y en la vida de nuestros pueblos; también en esta vigésima octava peregrinación de esta Iglesia Particular queremos poner en tus benditas manos, nuestras alegrías y tristezas, nuestros anhelos y esperanzas.

También pedimos tu bendición para todas las familias de cada uno de nosotros, nuestras amistades y todas las familias de la Diócesis.

El día de hoy traemos en nuestra mente y en nuestro corazón, el acontecimiento eclesial que se está realizando en estos días, precisamente junto al Santuario de Nuestra Señora de Aparecida Patrona de Brasil, en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe con el tema "Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida" "Yo soy el Camino la Verdad y la Vida" (Jn 14,6).

Esta trascendental Reunión para nuestra Iglesia, ha tenido un tiempo de preparación, con una gran participación de nuestros pueblos, y tiene como finalidad dar un nuevo impulso a la evangelización en nuestro Continente, a fin de que nuestras comunidades, nuestros pueblos, sigan creciendo y madurando en su fe, para ser luz del mundo y testigos de Jesucristo con la propia vida.

Su Santidad el Papa Benedicto XVI en su discurso en la inauguración de la V Conferencia el pasado domingo 13 de Mayo, nos indica que la Iglesia tiene la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios, y nos recuerda también a los católicos de este Continente que, en virtud de nuestro bautismo estamos llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo; esto conlleva un proceso muy hermoso queridos hermanos y hermanas que estamos invitados a realizarlo, primeramente descubrir conocer a Jesucristo, después seguirlo, que significa vivir en intimidad con Él y finalmente anunciarlo, imitando su ejemplo y dando testimonio; como sabemos todo bautizado recibe de Cristo, como los Apóstoles, el mandato de la misión: "Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación.

El que crea y sea bautizado, se salvará" (Mc 16,15). Ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo y buscar la vida en Él supone estar siempre unidos a Jesús.

En el Documento de "Síntesis" de los aportes recibidos de América Latina y del Caribe para la V Conferencia, se nos habla de cómo María es un ejemplo, un modelo, un testimonio de lo que es ser discípula y misionera de Jesucristo. María por su fe (cf Lc 1,45) Y obediencia a la voluntad de Dios (cf.1, 38), así como por su constante meditación de la Palabra y de las acciones de Jesús, es la discípula más perfecta del Señor. (Cf. LG 53).

María tuvo un papel único en la historia de la salvación, conociendo, educando y acompañando a su hijo hasta su sacrificio definitivo. Desde la cruz Jesucristo confió a sus discípulos, representados por Juan el don de la maternidad de María.

Ella, como Madre de tantos hermanos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo tengan una vivencia como una familia, la familia de Dios.

Perseverando junto a los apóstoles a la espera del espíritu (Cf. Hch 1, 4) cooperó con el nacimiento de la Iglesia misionera.

Del mismo modo, así como lo fue al inicio de la evangelización, sobre todo en el Tepeyac, en este bendito lugar en donde nos encontramos celebrando esta eucaristía; también la Virgen María es peregrina y misionera en nuestra Diócesis pe Tuxtepec y en los pueblos latinoamericanos, alentándonos para que hagamos presente a Jesús en todos los ambientes.

También en el Documento de "Síntesis resalta algunos rasgos o cualidades de la Virgen María que esta mañana nos ayudan a la meditación

  • María mujer de fe
    Acoge y hace suyo el proyecto del Padre. Con su "sí", como acabamos de escuchar en el evangelio, nos invita a abrir el corazón a la confianza en Dios y al abandono en su providente conducción. María madre de Jesús, nos muestra el "fruto bendito de su vientre", "Camino, Verdad y Vida", del cual queremos ser discípulos, y llena del Espíritu Santo nos enseña a transformar los diversos momentos del acontecer humano en historia de salvación.
  • María mujer servicial y solidaria
    Con los ojos puestos en sus hijos y en sus necesidades, como en Caná de Galilea, María ayuda a mantener viva las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratuidad que deben distinguir a los discípulos de su Hijo.
  • María mujer de esperanza
    Junto a la cruz de Jesús donde nos engendró nuevamente como hijos, sigue acompañando el dolor de nuestros pueblos sufrientes, invitando a los discípulos de su Hijo a recorrer con mayor coherencia y audacia el camino de hacerse prójimos, a construir más justicia y solidaridad, y a desplegar una nueva "imaginación de la caridad".
  • María madre y formadora de comunidades de discípulos misioneros
    Crea comunión y educa a un estilo de vida compartida, en fraternidad, en atención y acogida del otro, especialmente si es pobre o necesitado. En nuestras comunidades, su fuerte presencia ha enriquecido y seguirá enriqueciendo la dimensión materna de la Iglesia y su actitud acogedora, que la convierte en "casa y escuela de comunión" (NMI 43), y en espacio espiritual que prepara a la misión.

El Papa Benedicto XVI en el citado discurso de inauguración, nos indica que para formar al discípulo y sostener al misionero en su gran tarea, la Iglesia le ofrece, además del Pan de la Palabra, el Pan de la Eucaristía. A este respecto nos inspira e ilumina la página del Evangelio sobre los discípulos de Emaús. Cuando ellos se sientan a la mesa y reciben de Jesús el pan bendecido y partido, se les abren los ojos... y se dijeron el uno al otro ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras? Por ello, el Santo Padre nos invita a participar en la Santa Misa Dominical.

La Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana. En ella, tenemos el privilegio de tener un encuentro personal con Cristo. La Eucaristía es el alimento indispensable para la vida del discípulo y misionero de Cristo, ojala que no dejemos ningún domingo sin celebración eucarística, y sí es posible en familia mucho mejor.
El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana.

Hoy la Virgen de Guadalupe, nuestra madre, nos invita a que regresemos a nuestras casas, a nuestras parroquias, a nuestros decanatos y a nuestra Diócesis, fortalecidos y animados, con nuevos y renovados bríos, con nuevas esperanzas e ilusiones de ser auténticos discípulos y misioneros de Jesucristo.

Hoy de manera especial pedimos a nuestra madre de cielo bendiga la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe e interceda ante Jesucristo Nuestro Señor para que envíe su Espíritu Santo e ilumine a los participantes, y se den abundantes frutos para nuestra amada Iglesia.

Así sea.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior