Queridos hermanos
unidos en la fe en el Señor Jesucristo, de manera particular
quienes han venido de las Diócesis de Tampico, Matamoros y Ciudad
Victoria.
Dios nos permite una vez más venir
a esta casa de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, se nos
presenta también la oportunidad de reflexionar, contemplar,
valorar y examinar que somos peregrinos. El viaje que hemos hecho desde nuestras
diócesis, desde nuestros hogares nos debe de recordar esto:
somos peregrinos que vamos de paso por este mundo, caminando
a la casa del Padre Celestial. Aquí en la tierra, esta casa
bendita de Santa María de Guadalupe representa esa casa del
Padre Celestial.
Y en este recordar los que somos
peregrinos, hoy el Señor Jesús en el Evangelio nos recuerda
que las cosas materiales son pasajeras, son temporales y por
eso dice el Señor Jesús que la vida del hombre no esta en el
tener y poseer muchas cosas. Dice San Pablo: la avaricia es
una especie de idolatría. Por eso, en este recordar que somos
peregrinos, también tenemos que recordar que el Señor Jesús
verdadero Dios y verdadero Hombre, el Mesías Hijo de Dios vivo
nos dejó marcado un camino y hay que tener muy en cuenta, este
camino que Jesús nos dejó es el único camino que existe para
llegar allá a donde Cristo nos invitó, a ese lugar que llamamos
cielo donde vamos a ver a Dios cara a cara.
Hoy también es importante recordar
el único camino que Cristo nos dejó para llegar al Padre Celestial
es el camino del amor. Dice Cristo en el Evangelio: háganse
ricos de las cosas que valen ante Dios.
Y es muy importante estar constantemente reflexionando ser cristianos
y ser creyentes, no solamente es cumplir normas, no es solamente
dejarnos llevar por el sentimiento, ser cristiano es vivir el
mandamiento del amor.
Recordando como lo dice la Sagrada Escritura: y no podemos decir
que amamos a Dios sino amamos al hermano, esto mis hermanos
hay que reflexionarlo, meditarlo y hacer nuestro examen de consciencia.
Vuelvo al texto del Evangelio: háganse ricos de las cosas
que valen ante Dios. ¿Y cuales son las cosas que valen ante
Dios? Lo que hacemos por el bien de los demás.
Recordemos la parábola del domingo
pasado, la parábola del Buen Samaritano, cuando Jesús la cuenta
y nos habla de aquel sacerdote levita que pasaron sin hacer
caso de aquel hombre que dejaron medio muerto.
Y el samaritano, dice la parábola:
se detiene, cura con aceite y vino las heridas de aquel hombre,
lo sube a su cabalgadura, lo lleva a un mesón y pide que lo
atiendan y al final le pregunta Jesús al doctor de la ley: ¿quién
de estos tres se portó como prójimo de aquel hombre que dejaron
medio muerto? Y el doctor de la ley le contesta: el que tuvo
compasión de él y Jesús le dice: vete y haz tú lo mismo. Mis
hermanos tenemos que aprender a ser prójimos de los demás sabiendo
atenderlos.
Dice la Papa Benedicto, cuando define
al prójimo, que tal vez en nosotros nos hacemos la pregunta
que el doctor el las leyes se hacía el domingo pasado: ¿y quién
es mi prójimo? Jesús cuenta la parábola del Buen Samaritano
y basado en esa parábola el Papa Benedicto nos dice: ¿quién
es mi prójimo? Cualquiera que tienen necesidad de ayuda y yo
se la puedo dar. Esto mis hermanos en la vida diaria, en ese
caminar de nuestro hogar, de familia, de trabajo, de escuela,
de diversión tenemos que ser concientes de esto. Prójimo es: cualquiera que tiene
necesidad de mi ayuda y yo se la puedo dar y ahí tenemos al
buen samaritano, y recuerden lo que dice Cristo en el Evangelio
de hoy: háganse ricos de las cosas que valen ante Dios.
Y las cosas que valen ante Dios son aquellas cosas que hacemos
por amor a los demás, porque podemos hacer muchas cosas, pero
dice Pablo: si no tenemos amor, de nada nos vale.
Les invito para que en este domingo,
en este encuentro con el Señor, en esta casa de María de Guadalupe
nos llevemos esta reflexión fuertemente; háganse ricos de
las cosas que valen ante Dios, porque las cosas materiales son
pasajeras, se acaban. Esa pregunta fuerte del Evangelio
de la parábola que cuenta Jesús. Aquel hombre que almacenó muchos
bienes y cuando el Señor le dice: esta noche vas a morir, la
pregunta fuerte ¿para quienes serán esos bienes?
Lo que dice Pablo: la avaricia es
una especie de idolatría, entonces repito las palabras del Señor
Jesús: háganse ricos de las cosas que valen ante Dios.
Que al salir de esta misa, al volver a nuestros hogares pensemos
en eso, la misa el celebrar que Dios nos ama, también vayámonos
de aquí con esa reflexión fuerte: Dios nos ama y nos ama mucho
¿Por qué nosotros, no amar a los demás?
Recordando aquello que dice Jesucristo:
un mandamiento nuevo les doy: ámense unos a otros, como yo
los he amado y en esto reconocerán los demás que ustedes son
mis discípulos. Que esa sea la idea que hoy nos llevemos
de esta celebración, de esta peregrinación a la casa de Nuestra
Madre Santísima de Guadalupe. Les quiero hacer una sugerencia,
nuestro estado de Tamaulipas, triste y dolorosamente cada vez
se vuelve más violento, nuestras ciudades una a una cada día
más llega la violencia manifestada de diversas maneras. El Señor
Jesús nos dice que oremos con perseverancia, hay que orar siempre.
Les invito a los que vinimos del
estado de Tamaulipas a que hagamos oración fuerte, insistente,
confiada para que el Señor Jesús por medio de María de Guadalupe
le conceda a nuestro estado esa paz que estamos necesitando,
no le pidamos una vez, ni dos, ni diez, ni veinte, pidámosla
incesantemente con confianza hasta que el Señor Jesús nos conceda
a nuestras ciudades tamaulipecas esa paz y armonía que necesitamos.
Pidámosle al buen Jesús que desaparezca
de nuestras ciudades tamaulipecas toda cuestión de violencia,
todo lo que atente en nuestra sociedad y repito, pidámoslo con
insistencia. Que nuestra oración personal que la hagamos siempre,
sobre todo ante un Sagrario. Recuerden siempre, el mejor lugar
para hacer oración es ante un Sagrario en el silencio esperando
que Jesús nos diga que tiene que decirnos. Nuestra oración personal comunitaria
cuando nos reunimos en grupos a orar de diferentes maneras a
la luz de la palabra de Dios rezando el Santo Rosario, todas
esas manifestación que tenemos en diferentes lugares, en diferentes
grupos hagamos oración por la paz y la tranquilidad en nuestras
ciudades tamaulipecas. Que María Santísima de Guadalupe interceda
ante su Hijo Jesucristo para que Este esta gracia no la conceda
y repito hay que hacerlo siempre, el Señor Jesús dice: hay que
orar con perseverancia, constancia.
Vayámonos después de esta celebración
con estas dos ideas: Dios nos ama, tenemos que amarnos; y hagamos
oración fuerte en toda nuestra Diócesis de Tamaulipas para que
el Señor Jesús a nuestras ciudades, a nuestros hogares le conceda
la paz que solamente Él puede dar. Con esa reflexión, con ese
marco de fe continuamos nuestra celebración.