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Homilía
pronunciada por Mons. José Luis Dibildox Martínez, Obispo de la Diócesis de Tampico, Tamaulipas, y concelebrada por Mons. Antonio González Sánchez, Obispo de la Diócesis de Ciudad Victoria y Mons. Faustino Armendáriz Jiménez, Obispo de la Diócesis de Matamoros, en su peregrinación a la Basílica de Guadalupe.

5 de agosto de 2007

Queridos hermanos unidos en la fe en el Señor Jesucristo, de manera particular quienes han venido de las Diócesis de Tampico, Matamoros y Ciudad Victoria.

Dios nos permite una vez más venir a esta casa de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, se nos presenta también la oportunidad de reflexionar, contemplar, valorar y examinar que somos peregrinos. El viaje que hemos hecho desde nuestras diócesis, desde nuestros hogares nos debe de recordar esto: somos peregrinos que vamos de paso por este mundo, caminando a la casa del Padre Celestial. Aquí en la tierra, esta casa bendita de Santa María de Guadalupe representa esa casa del Padre Celestial.

Y en este recordar los que somos peregrinos, hoy el Señor Jesús en el Evangelio nos recuerda que las cosas materiales son pasajeras, son temporales y por eso dice el Señor Jesús que la vida del hombre no esta en el tener y poseer muchas cosas. Dice San Pablo: la avaricia es una especie de idolatría. Por eso, en este recordar que somos peregrinos, también tenemos que recordar que el Señor Jesús verdadero Dios y verdadero Hombre, el Mesías Hijo de Dios vivo nos dejó marcado un camino y hay que tener muy en cuenta, este camino que Jesús nos dejó es el único camino que existe para llegar allá a donde Cristo nos invitó, a ese lugar que llamamos cielo donde vamos a ver a Dios cara a cara.

Hoy también es importante recordar el único camino que Cristo nos dejó para llegar al Padre Celestial es el camino del amor. Dice Cristo en el Evangelio: háganse ricos de las cosas que valen ante Dios.

Y es muy importante estar constantemente reflexionando ser cristianos y ser creyentes, no solamente es cumplir normas, no es solamente dejarnos llevar por el sentimiento, ser cristiano es vivir el mandamiento del amor.


Recordando como lo dice la Sagrada Escritura: y no podemos decir que amamos a Dios sino amamos al hermano, esto mis hermanos hay que reflexionarlo, meditarlo y hacer nuestro examen de consciencia. Vuelvo al texto del Evangelio: háganse ricos de las cosas que valen ante Dios. ¿Y cuales son las cosas que valen ante Dios? Lo que hacemos por el bien de los demás.

Recordemos la parábola del domingo pasado, la parábola del Buen Samaritano, cuando Jesús la cuenta y nos habla de aquel sacerdote levita que pasaron sin hacer caso de aquel hombre que dejaron medio muerto.

Y el samaritano, dice la parábola: se detiene, cura con aceite y vino las heridas de aquel hombre, lo sube a su cabalgadura, lo lleva a un mesón y pide que lo atiendan y al final le pregunta Jesús al doctor de la ley: ¿quién de estos tres se portó como prójimo de aquel hombre que dejaron medio muerto? Y el doctor de la ley le contesta: el que tuvo compasión de él y Jesús le dice: vete y haz tú lo mismo. Mis hermanos tenemos que aprender a ser prójimos de los demás sabiendo atenderlos.

Dice la Papa Benedicto, cuando define al prójimo, que tal vez en nosotros nos hacemos la pregunta que el doctor el las leyes se hacía el domingo pasado: ¿y quién es mi prójimo? Jesús cuenta la parábola del Buen Samaritano y basado en esa parábola el Papa Benedicto nos dice: ¿quién es mi prójimo? Cualquiera que tienen necesidad de ayuda y yo se la puedo dar. Esto mis hermanos en la vida diaria, en ese caminar de nuestro hogar, de familia, de trabajo, de escuela, de diversión tenemos que ser concientes de esto. Prójimo es: cualquiera que tiene necesidad de mi ayuda y yo se la puedo dar y ahí tenemos al buen samaritano, y recuerden lo que dice Cristo en el Evangelio de hoy: háganse ricos de las cosas que valen ante Dios. Y las cosas que valen ante Dios son aquellas cosas que hacemos por amor a los demás, porque podemos hacer muchas cosas, pero dice Pablo: si no tenemos amor, de nada nos vale.

Les invito para que en este domingo, en este encuentro con el Señor, en esta casa de María de Guadalupe nos llevemos esta reflexión fuertemente; háganse ricos de las cosas que valen ante Dios, porque las cosas materiales son pasajeras, se acaban. Esa pregunta fuerte del Evangelio de la parábola que cuenta Jesús. Aquel hombre que almacenó muchos bienes y cuando el Señor le dice: esta noche vas a morir, la pregunta fuerte ¿para quienes serán esos bienes?

Lo que dice Pablo: la avaricia es una especie de idolatría, entonces repito las palabras del Señor Jesús: háganse ricos de las cosas que valen ante Dios. Que al salir de esta misa, al volver a nuestros hogares pensemos en eso, la misa el celebrar que Dios nos ama, también vayámonos de aquí con esa reflexión fuerte: Dios nos ama y nos ama mucho ¿Por qué nosotros, no amar a los demás?

Recordando aquello que dice Jesucristo: un mandamiento nuevo les doy: ámense unos a otros, como yo los he amado y en esto reconocerán los demás que ustedes son mis discípulos. Que esa sea la idea que hoy nos llevemos de esta celebración, de esta peregrinación a la casa de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Les quiero hacer una sugerencia, nuestro estado de Tamaulipas, triste y dolorosamente cada vez se vuelve más violento, nuestras ciudades una a una cada día más llega la violencia manifestada de diversas maneras. El Señor Jesús nos dice que oremos con perseverancia, hay que orar siempre.

Les invito a los que vinimos del estado de Tamaulipas a que hagamos oración fuerte, insistente, confiada para que el Señor Jesús por medio de  María de Guadalupe le conceda a nuestro estado esa paz que estamos necesitando, no le pidamos una vez, ni dos, ni diez, ni veinte, pidámosla incesantemente con confianza hasta que el Señor Jesús nos conceda a nuestras ciudades tamaulipecas esa paz y armonía que necesitamos.

Pidámosle al buen Jesús que desaparezca de nuestras ciudades tamaulipecas toda cuestión de violencia, todo lo que atente en nuestra sociedad y repito, pidámoslo con insistencia. Que nuestra oración personal que la hagamos siempre, sobre todo ante un Sagrario. Recuerden siempre, el mejor lugar para hacer oración es ante un Sagrario en el silencio esperando que Jesús nos diga que tiene que decirnos. Nuestra oración personal comunitaria cuando nos reunimos en grupos a orar de diferentes maneras a la luz de la palabra de Dios rezando el Santo Rosario, todas esas manifestación que tenemos en diferentes lugares, en diferentes grupos hagamos oración por la paz y la tranquilidad en nuestras ciudades tamaulipecas. Que María Santísima de Guadalupe interceda ante su Hijo Jesucristo para que Este esta gracia no la conceda y repito hay que hacerlo siempre, el Señor Jesús dice: hay que orar con perseverancia, constancia.

Vayámonos después de esta celebración con estas dos ideas: Dios nos ama, tenemos que amarnos; y hagamos oración fuerte en toda nuestra Diócesis de Tamaulipas para que el Señor Jesús a nuestras ciudades, a nuestros hogares le conceda la paz que solamente Él puede dar. Con esa reflexión, con ese marco de fe continuamos nuestra celebración.

 
 
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