| Quiero saludar a mis queridos sacerdotes
que, algunos viniendo desde Hermosillo, nos acompañan, otros haciendo
un curso de verano también están aquí y un padre que apoya la
Pontificia Universidad como maestro también es parte de nuestro
presbiterio en esta comunidad en esta misa.
Saludo a los queridos seminaristas,
diez diáconos que acabamos de ordenar y que pronto serán sacerdotes,
gracias al Señor Él está bendiciendo abundantemente con vocaciones
al sacerdocio, la oración del pueblo que pide muchos y sobre todo
santos sacerdotes. Quiero saludar al padre Manuel Campa,
encargado de organizar cada año esta peregrinación y lo hago porque
hoy cumple 25 años de prestar este servicio, me voy a permitir
pedirles que junto con la oración que hagamos por él le brindemos
un aplauso de gratitud y reconocimiento.
Saludo también a mi pueblo de Dios
que nos acompaña, que viene trayendo la fe, la devoción, el cariño
a Nuestra Madre a su Santuario y al Señor Nuestro Dios, vienen
por distintos grupos pero la Iglesia es comunión y aquí estamos.
Saludo también a aquellos sonorenses ya radicados en México que
cada año nos acompañan y en la procesión de entrada he visto a
algunos de ellos, que bueno que no nos olvidamos y que las veredas
quitarán pero la querencia cuando.
Gracias hermanas religiosas, religiosos,
hermanos fieles de varias comunidades y sin duda también de varias
iglesias particulares que tenemos la alegría e inmensa dicha de
cobijarnos en este techo con el que podemos imaginarnos también
el manto de la Virgen que nos cubre y que estamos tan de cerca
físicamente y sobre todo con mucha devoción y fe de esta imagen
maravillosa, regalo de la morenita a su pueblo y a nuestro Continente
Americano.
Precisamente hablando de América se
celebró la Quinta Conferencia Episcopal Latinoamericana, el tema
era que todos los pueblos creamos en Cristo y para que esto se
logre, se nos recordaba nuestra misión como discípulos y misioneros.
Cristo tiene que ser conocido y llegar a la vida de todos porque
Él es el camino, la verdad y la vida. Se trabajaron intensamente cerca de
300 personas, la mayoría cardenales, arzobispos y obispos pero
también hubo sacerdotes presbíteros, algunos diáconos, seminaristas,
religiosas y laicos y han dejado al Santo Padre un documento de
propuestas conclusivas de todo ese empeño eclesial con que participaron
en esta asamblea tan importante para el Continente, en esta Quinta
Conferencia en su historia.
Para que el Santo Padre nos regale
después el documento definitivo y así como conocemos los documentos
de Puebla, Santo Domingo, Medellín, algún día hablemos de Aparecida
Brasil. Un libro que no quede en páginas escritas sino que descongelemos
los capítulos, las hojas y hagamos vida pastoral, vida de iglesia,
lo que el Papa nos pida.
Discípulos y misioneros
¿Quién es un discípulo? Pues el que acude al maestro para aprender
de Él y Jesús quiso rodearse de discípulos algunos los llamó expresamente
para que estuvieran con Él, para que aprendieran de Él, para que
conocieran su vida y su palabra y vivieran una experiencia profunda
de Jesús, pero no era para quedarse siempre a su lado, no era
como Pedro pedía en la transfiguración: Señor que bien estamos
aquí vamos a quedarnos, ponemos tiendas. No, el discipulado
es para preparar a aquel que irá después a compartir la experiencia
que tuvo con Cristo y al ser enviado será misionero.
Discípulos para estar con el Señor
y vivir una experiencia profunda suya; misioneros para ir enviados
por Él a compartir esta experiencia de Jesús de su vida y su palabra
con todos y con todos los pueblos para que crean y por lo tanto
también con los más alejados del Señor. Eso de la nueva evangelización
que el Evangelio llegue en forma nueva a todos los ahora ya bautizados
para que vuelvan a ocupar su lugar y hagan su tarea en la iglesia
que el Señor les encomendó.
Discípulos y misioneros. María es el
modelo del discipulado, Ella fue llamada por Dios eh aquí que
concebirás un hijo. Tuvo una experiencia profundísima del
Señor, lo llevó en sus entrañas, después de ese sí humilde y obediente
durante nueve meses le tuvo muy cerca. Cuánto aprendió de Él una
vez que dio a luz y lo acompañó en su desarrollo y crecimiento,
ero también cuantas cosas aprendió Jesús de María. La discípula
también fue maestra del Gran Maestro, cuantas cosas le enseñaría.
Lo mejor de Ella le entregó a su Hijo. Maestra y Discípula, porque también
cuánto aprendió de esa cercanía, pero María no fue Madre de Dios
para quedarse siempre con Él, sino para entregárnoslo, era la
misión que traía el Hijo: Él también enviado por el Padre tenía
que cumplir su tarea ir hasta donde alcanzará y con los que pudiera
anunciar el Evangelio, la salvación, la redención y a vivir su
Pascua para lograr que las puertas del cielo se reabrieran y tuviéramos
todos la posibilidad de ocupar aquel lugar que Él mismo fue a
prepararnos como lo prometió.
Qué importante hermanos, hermanas es
vivirla experiencia de Dios pero no para quedarnos con Él, sino
para ser misioneros, para compartir al Señor con nuestra palabra
y nuestra vida como lo hizo Jesús a su estilo testimonio y palabra.
La misión de la Iglesia es de la Iglesia
no sólo de los sacerdotes, no es una tarea jerárquica del Papa
de los obispos y presbíteros es una tarea de todo el pueblo de
Dios y si somos de iglesia, su misión es la nuestra y todos somos
misioneros. El bautismo nos hizo discípulos de Jesús, la confirmación
nos envió a ser testigos del Señor de su vida y de su palabra
con nuestro testimonio y nuestras palabras especialmente la catequesis.
No es para quedarnos con él.
Escuche una vez esto que quiero platicarles:
Israel, la tierra de Jesús es un país desértico; sin embargo,
tiene un río, el río Jordán, del cual todos sabemos algo por el
Evangelio ahí fue bautizado Jesús. Pues bien ese río recorre el
territorio del País y por donde va el ese río y su agua que es
vida, que es fertilidad, que es alegría va haciendo que la fertilidad
de algunos sembrados vayan teniendo frutos, el agua da fruto.
Y es interesante ver el contraste entre
el desierto y aquellas regiones bañadas por el río. Pues bien
ese río forma dos mares uno es el mar de Galilea, de Tiberiades
que también conocemos en el Evangelio, la pesca milagrosa, Jesús
caminó milagrosamente sobre las aguas, la tempestad calmada. En
torno al mar hay regiones muy fértiles extensiones grandes para
el país donde se planta, donde se pone la semilla de hortalizas,
frutos, verduras y se produce, porque el agua del Jordán es para
dar vida, para dar fertilidad, para dar sentido a la existencia
y ahí está.
En cambio - porque ese mismo río forma
con su misma agua otro mar – el mar Muerto, este mar muerto es
llamado así porque en verdad no hay ninguna especie de vida en
sus aguas, es demasiado salado, acaba con la vida y además no
puede como el mar de Galilea soltar el agua para que siga corriendo
porque está a 100 metros bajo el nivel del mar y tiene que quedarse
forzosamente con esa agua cristalina capaz de dar vida, dinamismo,
sentido a la vida y al no dejar que el agua corra, esa agua que
da fertilidad y vida y que forma el Mar de Galilea, cuando forma
esa agua el Mar Muerto perece por quedarse ahí y contaminarse
por aquella agua salada. Creo que es significativo el ejemplo.
No fuimos creados y no nacemos para ser mar Muerto, sino mar de
Galilea. Todos recibimos y hemos vivido fuertes experiencias de
Dios, nuestro bautismo, los sacramentos, en la vida de cada día,
de cada instante, que seamos mar de Galilea. Que esa experiencia
de Dios la hagamos vida pero también vida para los hermanos, que
no nos conformemos con ser discípulos, sino que al ser discípulos
y al aprender el estilo de vida de Jesús y su palabra la llevemos
con nuestra vida y palabra también a los demás para que todos
los pueblos crean y acepten a Jesús.
Hacernos mar de Galilea, nunca mar
Muerto. La envidia, el egoísmo, la flojera, la irresponsabilidad
harían que nos transformamos en mar muerto sino cumplimos con
esa tarea que todos porque fuimos enviados por la confirmación
a ello, a cumplir con la misión de la Iglesia, si no lo hacemos
nos trasformamos en mar Muerto. Virgen y Madre de Guadalupe, bendito
mar de Galilea que eres tú, recibiste agua viva que da vida en
abundancia, verdadera vida, y tú le diste también esa vida que
lleva y nos lo diste para que fuera nuestra vida y bendito Jesús
que también fue mar de Galilea porque murió en la Cruz para que
su vida al resucitar continuara siendo siempre nuestra vida.
Fue la experiencia de fe y devoción
que nos inspira del Acontecimiento Guadalupano, hay que salir,
hay que bajar. María bajó del cielo para traernos esa experiencia
de Dios, ese Dios que llevó en sus entrañas. Como ayudó el Acontecimiento
Guadalupano a la evangelización de los primeros misioneros, cuántos
creyeron y cada vez más apoyados por la presencia de María en
nuestra Patria, la Iglesia y por la casita que le hemos construido
y como nuestra fe sigue desarrollándose gracias a esta devoción
que aún queda profundamente en nuestros corazón, en el corazón
de todos los mexicanos.
Por eso el Papa Juan Pablo II, emocionado decía: México fiel,
96% católicos y 100% guadalupanos, porque María salió como misionera,
vino a México, nos dejó su imagen, su mensaje, su buena nueva
y nos invita a hacerle una casa, no sólo estas dos Basílicas,
sino una casa en el corazón de cada uno de nosotros y en el corazón
de la sociedad con la fuerza y la luz del Evangelio. Es la evangelización
hoy, la nueva evangelización hacer que Cristo sea la vida de todos
los pueblos y de todos los hombres.
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