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Homilía
pronunciada por Mons. José Luis Castro Medellín,
Obispo de la Diócesis de Tácambaro, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

8 de mayo de 2006

Madre, tus hijos de la Diócesis de Tacámbaro venimos a saludarte, a felicitarte por ser nuestra Madre amorosa que nunca te haz olvidado de nosotros, por estar en el mes de mayo, mes de las flores en el que te felicitamos diariamente con el rezo del Santo Rosario y las pocas ofrendas de flores que llevan los niños en algunas parroquias, venimos a estar a tus plantas para externarte nuestros agradecimientos y nuestras penas.

Somos hijos peregrinos que con sacrificio nos hemos dado cita a esta Insigne y Nacional Basílica que te ha levantado la fe de nuestro pueblo porque Tú así lo pediste a nuestro hermano San Juan Diego, para escuchar las súplicas de tus hijos. Venimos representando a todos los sectores de nuestra Diócesis: Presbíteros, Diáconos, Seminaristas, Religiosas, movimientos apostólicos, Pueblo de Dios con su pastor a la cabeza.

Primeramente queremos darte gracias por todos los favores que tu Hijo Jesús ha concedido por tu mediación. En primer lugar el regio de ocho nuevos sacerdotes para nuestra Diócesis, la ordenación de cuatro nuevos diáconos que están en su ejercicio pastoral buscando profundizar en el sentido de su vocación. La institución de algunos ministros de Lectores y Acólitos que han sentido el llamado del Señor para servirle con toda fidelidad. No podemos olvidar el crecido número de jóvenes que asistieron al preseminario a hacer la experiencia de los primeros pasos de la vocación. Madre, gracias por todo esto.

Queremos agradecerte también el número creciente de hermanos y hermanas que han recibido los sacramentos de la iniciación cristiana en este año, ellos han experimentado la presencia de tu Hijo en sus vidas, cuídalos de todo mal y que sus almas se conserven limpias de pecado. Queremos agradecerte la celebración del sacramento del matrimonio por muchas parejas que se comprometen a vivir la santidad matrimonial, hazles sentir la grandeza de su vocación para que vayan creciendo en su amor y comprensión. En algunas parroquias se han ido reforzando los grupos de las diferentes pastorales para gloria de Dios, y bien de la misma Iglesia Diocesana. Agradecemos la presencia de los niños que han nacido en ese año, ellos son la expresión del amor de esposos cristianos que se comprometen a educarlos en la fe y en el conocimiento de Dios y de su infinito amor, son los futuros ciudadanos del Reino que nos encomiendas como tarea de evangelización. Gracias por que no nos ha faltado lo indispensable para sostenemos en tu santo servicio.

No podemos olvidar las preocupaciones de tantos sectores de nuestra realidad diocesana: el fenómeno de la migración que ha ido alejando a los esposos de su principal compromiso de educar a los hijos con su testimonio de vida y con su palabra, parece ser que la preocupación por el alimento y los recursos materiales han tomado el primer lugar; estas separaciones han debilitado el amor y la cercanía entre esposos y de estos con los hijos, han traído dinero en la mayor parte de los casos, pero se han perdido otros valores que también son importantes. Nos duele mucho constatar que por la ausencia del padre, los hijos con suma facilidad abandonan los estudios en busca del sueño americano, o por seguir los ejemplos o consejos de falsos amigos que viven en la vagancia. Así como este problema fruto de la desintegración de esposos se siguen otros más.

Se sigue sintiendo las consecuencias de la droga que por desgracia se sigue cultivando en algunas regiones de nuestro territorio diocesano, la violencia y el crimen organizado siguen cobrando vidas humanas, rencillas entre familias e inseguridad en nuestras comunidades. Ahora lo más lamentable es el consumo de droga por nuestros adolescentes y jóvenes y, por si esto no fuera suficiente la aprobación de la ley para el consumo de droga dizque en cantidades razonables; esta es la nueva norma de nuestras autoridades, ahora lo malo se toma bueno y se deja al uso irracional de los inexpertos.

No podemos permanecer callados ante el acontecimiento importante de las elecciones del Presidente de la República y la renovación de las dos Cámaras federales; queremos decirte que nos ilumines para saber elegir al mejor de los candidatos que vea por el bien de México, por la paz social, por el progreso integral de nuestros pueblos, por la verdad, la justicia, por la implantación de valores morales, familiares y religiosos que son la garantía de la paz, la justicia, el progreso. Estamos cansados de promesas y engaños, de falsedades y descalificaciones, estamos cansados de tanta corrupción y enriquecimiento ilícito de muchos exgobernantes que se mofan de la pobreza de las multitudes, Madre despierta en todos los ciudadanos la conciencia de responsabilidad, de compromiso, que no veamos los intereses e un partido o de un grupo de simpatizantes que me pueden favorecer, sino el bien común, es decir, el bien de México; que ninguno de los ciudadanos quede sin participar en las urnas manifestando libremente su decisión de elegir al mejor. Tenemos derecho a vivir una vida digna, es increíble que un pueblo en su mayoría católicos tenga que soportar a gobernantes que coartan la libertad religiosa, la libertad moral, el derecho que tienen los padres a la educación de sus hijos según sus creencias y principios.

Madre, sabremos que Tú nos escuchas, y que muchas súplicas no son de tu competencia, sino de la nuestra, pero sí sabemos que Tú puedes mover corazones, que puedes alcanzamos una mayor sabiduría para actuar rectamente en una sociedad cada vez más compleja y llena de falsedades, que nos puedes alcanzar la fortaleza necesaria para no cansamos en la lucha desigual que muchas veces tenemos que sostener; Tú actúas como intercesora eficaz como lo hiciste en Caná de Galilea ante tu Hijo divino y sabemos que nos ayudaras a hacer los cambios que se necesiten a nivel personal, familiar, social y nacional, eres nuestra Madre y nos amas con corazón muy grande, no nos dejes solos.

Nos comprometemos a hacer nuestra parte, a tomar en serio nuestra vida y nuestra vocación, nuestra historia, a actuar como ciudadanos responsables, a vivir como cristianos comprometidos en la transformación de nuestra sociedad, a colaborar con todas nuestras fuerzas a que tu Reino se establezca en todos los ambientes.

Bendícenos y haznos sentir tu presencia de Madre y Maestra.

MADRE, TE AMAMOS Y TE BENDECIMOS, GRACIAS POR ESCUCHARNOS.

 
 
 
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