Madre, tus
hijos de la Diócesis de Tacámbaro venimos a
saludarte, a felicitarte por ser nuestra Madre amorosa que
nunca te haz olvidado de nosotros, por estar en el mes de
mayo, mes de las flores en el que te felicitamos diariamente
con el rezo del Santo Rosario y las pocas ofrendas de flores
que llevan los niños en algunas parroquias, venimos
a estar a tus plantas para externarte nuestros agradecimientos
y nuestras penas.
Somos hijos peregrinos que con sacrificio nos hemos dado
cita a esta Insigne y Nacional Basílica que te ha levantado
la fe de nuestro pueblo porque Tú así lo pediste
a nuestro hermano San Juan Diego, para escuchar las súplicas
de tus hijos. Venimos representando a todos los sectores de
nuestra Diócesis: Presbíteros, Diáconos,
Seminaristas, Religiosas, movimientos apostólicos,
Pueblo de Dios con su pastor a la cabeza.
Primeramente queremos darte gracias por todos los favores
que tu Hijo Jesús ha concedido por tu mediación.
En primer lugar el regio de ocho nuevos sacerdotes para nuestra
Diócesis, la ordenación de cuatro nuevos diáconos
que están en su ejercicio pastoral buscando profundizar
en el sentido de su vocación. La institución
de algunos ministros de Lectores y Acólitos que han
sentido el llamado del Señor para servirle con toda
fidelidad. No podemos olvidar el crecido número de
jóvenes que asistieron al preseminario a hacer la experiencia
de los primeros pasos de la vocación. Madre, gracias
por todo esto.
Queremos agradecerte también el número creciente
de hermanos y hermanas que han recibido los sacramentos de
la iniciación cristiana en este año, ellos han
experimentado la presencia de tu Hijo en sus vidas, cuídalos
de todo mal y que sus almas se conserven limpias de pecado.
Queremos agradecerte la celebración del sacramento
del matrimonio por muchas parejas que se comprometen a vivir
la santidad matrimonial, hazles sentir la grandeza de su vocación
para que vayan creciendo en su amor y comprensión.
En algunas parroquias se han ido reforzando los grupos de
las diferentes pastorales para gloria de Dios, y bien de la
misma Iglesia Diocesana. Agradecemos la presencia de los niños
que han nacido en ese año, ellos son la expresión
del amor de esposos cristianos que se comprometen a educarlos
en la fe y en el conocimiento de Dios y de su infinito amor,
son los futuros ciudadanos del Reino que nos encomiendas como
tarea de evangelización. Gracias por que no nos ha
faltado lo indispensable para sostenemos en tu santo servicio.
No podemos olvidar las preocupaciones de tantos sectores
de nuestra realidad diocesana: el fenómeno de la migración
que ha ido alejando a los esposos de su principal compromiso
de educar a los hijos con su testimonio de vida y con su palabra,
parece ser que la preocupación por el alimento y los
recursos materiales han tomado el primer lugar; estas separaciones
han debilitado el amor y la cercanía entre esposos
y de estos con los hijos, han traído dinero en la mayor
parte de los casos, pero se han perdido otros valores que
también son importantes. Nos duele mucho constatar
que por la ausencia del padre, los hijos con suma facilidad
abandonan los estudios en busca del sueño americano,
o por seguir los ejemplos o consejos de falsos amigos que
viven en la vagancia. Así como este problema fruto
de la desintegración de esposos se siguen otros más.
Se sigue sintiendo las consecuencias de la droga que por desgracia
se sigue cultivando en algunas regiones de nuestro territorio
diocesano, la violencia y el crimen organizado siguen cobrando
vidas humanas, rencillas entre familias e inseguridad en nuestras
comunidades. Ahora lo más lamentable es el consumo
de droga por nuestros adolescentes y jóvenes y, por
si esto no fuera suficiente la aprobación de la ley
para el consumo de droga dizque en cantidades razonables;
esta es la nueva norma de nuestras autoridades, ahora lo malo
se toma bueno y se deja al uso irracional de los inexpertos.
No podemos permanecer callados ante el acontecimiento importante
de las elecciones del Presidente de la República y
la renovación de las dos Cámaras federales;
queremos decirte que nos ilumines para saber elegir al mejor
de los candidatos que vea por el bien de México, por
la paz social, por el progreso integral de nuestros pueblos,
por la verdad, la justicia, por la implantación de
valores morales, familiares y religiosos que son la garantía
de la paz, la justicia, el progreso. Estamos cansados de promesas
y engaños, de falsedades y descalificaciones, estamos
cansados de tanta corrupción y enriquecimiento ilícito
de muchos exgobernantes que se mofan de la pobreza de las
multitudes, Madre despierta en todos los ciudadanos la conciencia
de responsabilidad, de compromiso, que no veamos los intereses
e un partido o de un grupo de simpatizantes que me pueden
favorecer, sino el bien común, es decir, el bien de
México; que ninguno de los ciudadanos quede sin participar
en las urnas manifestando libremente su decisión de
elegir al mejor. Tenemos derecho a vivir una vida digna, es
increíble que un pueblo en su mayoría católicos
tenga que soportar a gobernantes que coartan la libertad religiosa,
la libertad moral, el derecho que tienen los padres a la educación
de sus hijos según sus creencias y principios.
Madre, sabremos que Tú nos escuchas, y que muchas
súplicas no son de tu competencia, sino de la nuestra,
pero sí sabemos que Tú puedes mover corazones,
que puedes alcanzamos una mayor sabiduría para actuar
rectamente en una sociedad cada vez más compleja y
llena de falsedades, que nos puedes alcanzar la fortaleza
necesaria para no cansamos en la lucha desigual que muchas
veces tenemos que sostener; Tú actúas como intercesora
eficaz como lo hiciste en Caná de Galilea ante tu Hijo
divino y sabemos que nos ayudaras a hacer los cambios que
se necesiten a nivel personal, familiar, social y nacional,
eres nuestra Madre y nos amas con corazón muy grande,
no nos dejes solos.
Nos comprometemos a hacer nuestra parte, a tomar en serio
nuestra vida y nuestra vocación, nuestra historia,
a actuar como ciudadanos responsables, a vivir como cristianos
comprometidos en la transformación de nuestra sociedad,
a colaborar con todas nuestras fuerzas a que tu Reino se establezca
en todos los ambientes.
Bendícenos y haznos sentir tu presencia de Madre y
Maestra.
MADRE, TE AMAMOS Y TE BENDECIMOS, GRACIAS POR ESCUCHARNOS.