InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías>Peregrinaciones
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Mons. Alonso Gerardo Garza Treviño, Obispo de la Diócesis de Piedras Negras, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Piedras Negras, Coahuila a la Basílica de Guadalupe.

18 de julio de 2006

Decimos hoy con las palabras que escuchamos del Apóstol San Pablo, en la Carta a los Efesios: “Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo”.

Y lo decimos mis hermanos, porque hoy lo primero que hacemos es bendecirlo a Él que nos permite estar aquí reunidos, ¡qué grande es Dios!

Aquí nos permite estar en la casa de Nuestra Madre la Santísima Virgen que es también la casa de todos nosotros. Bendito Dios que te permitió a ti venir por primera vez, porque hay algunos de ustedes que vienen por vez primera, Bendito Dios que te ha permitido a ti venir durante tantos años, que no has fallado ninguna vez a estas peregrinaciones; en fin, Bendito el Señor que nos permitió a cada uno de los que estamos aquí, estar presentes en este lugar que nos llena tanto del amor de Nuestra Santísima Virgen.

Bienvenidos todos, qué bueno que el Señor le ha permitido a cada uno de estos padres también hacerse presentes, al padre Eduardo, P. Cezati, P. Meño, P. Romeo, P. Renovato, P. Chano, P. Gilberto y dos sacerdotes que también nos acompañan en esta celebración. Bienvenidos padres, me da muchísimo gusto que nos acompañen.

Les damos un aplauso muy caluroso a nuestros sacerdotes. Bienvenidos también los seminaristas, ellos que nos acompañan de diferentes lugares, les damos nuestro aplauso.

Y bienvenidos todos ustedes de las diferentes comunidades. Tenemos por aquí presentes a nuestros hermanos de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe ¡bienvenidos!; De Terán, de la parroquia de Nuestra Señora de San Juan; de Nueva Rosita, de la parroquia del Sagrado Corazón; de las dos parroquias de Sabinas, la parroquia de Guadalupe y la parroquia de San Martín; de la parroquia de San Andrés Apóstol; Acuña, la parroquia de Guadalupe; Piedras Negras, el Santuario de Guadalupe; de las rectorías de San Martín, del Perpetuo Socorro, de Monclova Coahuila, y todos ustedes los de diferentes lugares, muchas gracias por estar presentes y bienvenidos a la Basílica de Guadalupe.

Mis muy queridos padres, seminaristas y todos mis hermanos, religiosas y laicos. Yo pensé mucho en esta concelebración, porque hay tantas cosas tan importantes e interesantes y quiero invitarles a que reflexionemos unos momentitos en tres de las preguntas que hace la Santísima Virgen María y vamos a encontrar mucha riqueza.

La primera, la presenta Ella en la Anunciación, cuando el Ángel le dice que el Plan de Dios es que Ella sea la Madre del Redentor y Ella ha ofrecido no tener relaciones con ningún hombre y Ella pregunta: ¿cómo podrá ser esto, si yo permanezco virgen?

Yo quiero que reflexionemos en esta pregunta, porque María lo hace en nombre de Ella que no entiende aquella situación, pero también la podemos entender esta pregunta en nombre de nosotros que muchas veces como Ella no entendemos como podrá ser.

Ante una dificultad que tú vives, una situación de problema, tú también te preguntas ¿cómo podrá ser la solución de esto?. Te preguntas igualito que la Virgen María ante un gran anhelo que tienes, ante un plan, un proyecto, ante una meta que quieres conseguir y que lo ves difícil, también te preguntas; ¿cómo será esto?

María te entiende perfectamente, porque Ella también se lo pregunto. Como diócesis también nos preguntamos ¿cómo? después de los meses que han pasado en la explosión en la Mina Pasta de Conchos, donde solamente se han podido rescatar los restos de un solo hermano minero, se preguntarán algunos de ustedes, los familiares de los mineros y nos preguntamos todos: ¿cómo? si está tan difícil la situación.

Nos preguntamos ahora en estos momentos en que el territorio de nuestra diócesis padece esta sequía tan fuerte ¿cómo vamos a salir de este problema?

Ahora que nos enfrentamos a las situaciones tan difíciles de los migrantes con esta ley que pretende aprobarse en Estados Unidos, nos preguntamos: ¿y  cómo le van a ser nuestros migrantes?, si están en una situación tan difícil para conseguir el sustento para su familia.

También nos preguntamos como iglesia, como diócesis: ¿cómo podrá ser que avancemos en nuestra pastoral de conjunto en los planes que ahora tenemos, si no estamos muy acostumbrados a trabajar de esta forma?.

Y también nos preguntamos como México, como país que somos ¿cómo podrá ser esto, de los resultados de la elección que acabamos de pasar el 02 de julio?. ¿Cómo podrá ser que sigamos viviendo unidos, cuando parece que nuestro país se polariza? ¿Cómo podrá ser que salgamos delante de esta situación?

Vemos como esa pregunta de la Virgen María también no la hacemos nosotros y cuál es la respuesta: Dios tiene un plan, un proyecto, para Él no hay imposibles, basta con que unamos esta situación haciendo todo lo que esta de nuestra parte, que lo unamos al Todopoderoso, al Providente, al que nos ama con amor eterno y la solución se encuentra, porque se junta este elemento humanos con el elemento divino, exactamente como a la Santísima Virgen María.

Al preguntarnos ¿cómo podrá ser esto?, encontremos también en aquella respuesta del Ángel: “el Señor te dio un plan, confía en este proyecto, tú haz todo lo tuyo y únete a este proyecto de Dios”.

Segunda pregunta, queridos padres, seminaristas, hermanos fieles y religiosas, yo creo que es una pregunta en la cual no reflexionamos mucho, yo nunca la he escuchado en alguna predicación, pero es también pregunta de la Virgen.

Cuando encuentra al niño Jesús a los 12 años en el templo sentado entre los doctores y han andado José y Ella ya mucho tiempo buscándolo, ¿se acuerdan lo que le pregunta?, ¿por qué te has portado así?. ¡Qué pregunta tan interesante de la Virgen! bueno como la primera también, y sabemos lo que Nuestro Señor le responde: ¿no sabias que tengo que estar en las cosas de mi Padre?

Esta pregunta de María también nos la hace a nosotros, mis hermanos. María está pendiente de cada persona, de cada uno de sus hijos así como lo estuvo de Jesús, así está pendiente de ti. María nos bendice, nos ayuda, pide por nosotros, pero también nos cuestiona, ahí lo vemos en esa pregunta a Jesús que la podemos también entender como una pregunta a ti y a mí. A mí como obispo, a tí como sacerdote, seminarista, laico o religiosa que María te dice: ¿por qué te has portado así?. Así en alguna situación que hayamos hecho algo malo o en alguna situación en la que no hemos puesto todo lo que estaba de nuestra parte para salir adelante.

Esta visita a la Basílica de Guadalupe también tomémosla como un cuestionamiento de Nuestra Madre del Cielo que además de hacerlo a nivel personal, también nos pregunta como diócesis y como país: ¿por qué te has portado así?.

Quizá nos puede preguntar como diócesis: ¿por qué te has portado así con los jóvenes a los que no has logrado traer a tus filas? Diócesis de Piedras Negras ¿por qué te has portado así con los más alejados, con aquellos que ya se fueron de mi iglesia?, ¿por qué te portaste así que los dejaste ir?, ¿por qué te has portado así, con los que más necesitan y no les has tendido la mano?.

Tenemos que entender esta actitud cuestionante de la Santísima Virgen, también ante nuestra iglesia particular. Y qué decir, mis hermanos, de nuestro país, como mexicanos hemos realizado muchos aciertos, pero también nos falta mucho y también María que tanto ama nuestra patria y por eso ha venido a hacerse presente aquí, también dice: México ¿por qué te has portado así?, ¿por qué siguen tantas situaciones sin solucionarse?, ¿por qué no atiende la problemática de tantas personas?, ¿por qué no has luchado más por la unidad, contra la corrupción, contra todas las situaciones que tú sabes que están mal en el seno de tus mismos hijos?

Y hoy también como mexicanos nos cuestionamos ante esta pregunta de Nuestra Madre: ¿por qué te has portado así?, y para estas dos preguntas hay una tercera.

Ante María que dice: ¿cómo podrá ser esto?, y ante María que te pregunta: ¿por qué te has portado así?, escuchamos las preguntas que Ella realiza en el Tepeyac: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”, ¿”No estas por ventura en mi regazo?”. Es María que hoy sabe que vienes ante Ella, que venimos ante Ella y escucha esas palabras aquí brotando de esta hermosa imagen que Ella nos dejó en el Ayate de San Juan Diego.

Escucha las palabras de María que te invitan a tener una gran confianza en Ella, a reconocer su protección, su maternidad y siéntete así como el bebé en el regazo de su mamá, así siéntete en esta misa y en este momento, aquí estas en el regazo de tu Madre que te está diciendo: ¿”No estas por ventura en mi regazo?”. También así como diócesis de Piedras Negras sabemos que estamos en el regazo de Ella y la reconocemos como Nuestra Madre, porque está presente en el Santuario y en tantas parroquias y templos dedicados a Ella en nuestra iglesia particular, con tantos guadalupanos en el movimiento, con tantos devotos en nuestra iglesia.

Aquí estamos todos, porque estamos conscientes que Ella es nuestra Madre y por eso como mexicanos aquí estamos en este oasis, en este lugar del que emana tanta Gracia y tanta Bendición, no solo para nuestra patria sino para toda América Latina y el mundo.

Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha permitido venir este día, para escuchar estas tres preguntas de María y para responder con toda nuestra persona.

Gracias Señora, por estas tres preguntas que tú haces y que hoy también nosotros nos involucramos en ellas. Gracias Señora por lo que has permitido a cada uno de tus hijos durante este año, realizar y vivir. Gracias por lo que has permitido en nuestra iglesia particular y gracias también por lo que has permitido a nuestra patria y al mundo.

Síguenos ayudando Señora a continuar adelante, cada uno de nosotros con sus proyectos personales y los de su familia.

Ayuda a cada una de nuestras comunidades las que están aquí presentes por medio de tus hijos que han venido y todos aquellos que se han quedado en nuestra tierra, pero que tú conoces su amor hacia ti y hacia Dios. Bendice nuestra diócesis Señora con el don de la lluvia que tanto necesitamos.

Bendice a quienes realizan los trabajos en la Mina Pasta de Conchos, bendice a todas las personas que trabajan por el bien de nuestros hermanos y bendice a todos aquellos que tienen necesidad de la Gracia y aquí contigo Señora nos comprometemos a seguir buscando la voluntad de Dios a decir también nosotros junto contigo: “Hágase en mi según tu palabra”; A seguir confiando y creyendo en esta palabra del Señor y nos comprometemos junto contigo a seguir trabajando por una iglesia cada vez más de acuerdo a los deseos y la voluntad del Señor.

Te manifestamos nuestra gratitud, nuestra petición y nuestro compromiso en el aplauso que ahora de pie te dirigimos a ti desde el fondo de nuestro ser.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior