| Discípulos de Jesús con María Discípula
Estamos
de nuevo, como cada año con la ayuda de Dios, los Fieles
de la Diócesis de Atlacomulco, contemplando el rostro sereno
y lleno de amor de la Madre de Jesús; el rostro moreno que
Ella quiso tener entre nosotros. Es el rostro de la mujer
que contempló a Dios hecho hombre en sus entrañas y lo siguió
acompañándolo hasta la cruz y a la resurrección.
Venimos a aprender de Ella, discípula de su Hijo, la paz del
alma y de la vida que tanto necesitamos en estos días; a
poner nuestra confianza en "el verdadero Dios por quien
se vive"; a oír de sus labios aquellas palabras que
reavivan nuestra fe: "No temas, el más pequeño de mis
hijos, nos estás por ventura en mi regazo y corres por mi
cuenta, que has de menester".
Venimos a expresar de nuevo la fe y el amor de este pueblo
que desde siempre ha tenido a María de Guadalupe como su
esperanza. Venimos a depositar en sus manos que nunca dejan
de orar por nosotros, los problemas y alegrías de cada creyente
y de cada comunidad de nuestra Diócesis.
Venimos a orar y al mismo tiempo a manifestar que queremos
la paz y la concordia de nuestra Patria. Venimos a decirle
a la Morenita que hoy es uno de esos momentos en que México
necesita de su ayuda y de su luz; que nos una y nos hermane,
que destierre las ambiciones y nos haga pensar como una
sola familia que somos los mexicanos, que destierre los
odios y la violencia. Que Ella sea el corazón de México
para llevar a todos la vida, el amor y la paz.
Venimos a que nos enseñe a ser verdaderos discípulos de su
Hijo. Somos un país cada vez más plural en el que debemos
alcanzar una convivencia pacífica y respetuosa, puesto que
todos buscamos el progreso, la justicia, los derechos humanos
y el bien de la Patria.
Pero si bien en una familia caben legítimamente las diferencias
y divergencias, no es concebible el odio, y mucho menos
la violencia que siempre será condenable y estéril. Eso
mismo hemos comprendido y debemos seguir asimilando del
mensaje guadalupano: Santa María de Guadalupe vino a esta
nación a hermanarnos y a enseñarnos a ser todos hijos de
un mismo Padre.
Hemos venido hoy, en actitud de discípulos, con María discípula,
a escuchar de nuevo la palabra de Jesús: "Ahí tienes
a tu madre". Madre del Amor Hermoso, del que el Santo
Padre Benedicto XVI, en su Encíclica Dios es Amor nos dice:
"A su bondad materna se dirigen los hombres de todos
los tiempos en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías
y contratiempos, en sus soledades y en su convivencia.
Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan
el amor inagotable que se derrama desde lo más profundo
de su corazón. La devoción de los fieles muestra al mismo
tiempo la intuición inefable de cómo es posible este amor:
se alcanza merced a la unión íntima con Dios. María, la
Madre, nos enseña qué es en el amor en dónde tiene su origen,
su fuerza siempre nueva".
Que bueno que nos hallamos, queridos Hermanos, a los pies de
nuestra Madre, a los pies de la Señora de México, la gran
mujer que ha orientado, que ha caminado con el pueblo mexicano
durante estos 475 años. Ella nos ha enseñado a ser verdaderos
discípulos y misioneros de su Hijo Jesucristo. Nos ha enseñado'
a colaborar en mantener la unidad del espíritu con el vínculo
del amor.
Nuestros pueblos de la Diócesis de Atlacomulco necesitan de
auténticos y verdaderos cristianos, auténticos y 'verdaderos
discípulos, quienes con su presencia comprometida y activa,
demos razón de nuestra fe católica en, la cual jamás debe
existir separación o divorcio entre lo que se cree y lo
que se vive. Y todo esto lo realiza la respuesta de nuestro
amor al amor de Dios en nuestros hermanos.
Ante este maravilloso encuentro de peregrinación, caemos
en la cuenta, de que no regresamos a nuestras casas, vacíos,
solos y desamparados, sino sintiendo el amor de María de
Guadalupe, su protección y su cuidado, pero ante todo regresamos
portando a Dios.
Somos mensajeros, somos discípulos de su Hijo Amado. Llevémoslo
a nuestros seres queridos y manifestémosles ante todo que
el amor de Dios está con ellos, que nunca nos abandona y
que Santa María de Guadalupe bendice nuestros hogares, bendice a sus
personas y las protege con su amor de bondadosa madre. Pido a Dios Padre que los bendiga y los proteja a todos con
su gracia y con su amor. |
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