InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Homilías > Ciclo B
   
 

Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
el Emmo. Sr. Cardenal Don Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión de la Jornada de Oración por "La Reconciliación, la Concordia y la Paz en México"

6 de agosto de 2006

Muy queridos hermanos y hermanas, fieles laicos de Cristo Jesús. Queridos hermanos en el Ministerio Presbiteral. Gracias señores obispos por poner este signo de unión. Estamos muy agradecidos señor nuncio por hacer presente en medio de nosotros a Su Santidad Benedicto XVI.

Sin duda alguna, el elemento fundamental de la narración de la transfiguración, que acabamos de escuchar, es la voz del Padre: Éste es mi Hijo muy amado en quien tengo puestas mis complacencias, escúchenlo. Esta voz no sólo es el centro de la transfiguración, sino del Evangelio entero y es puesta por el evangelista estratégica y simétricamente al principio de su vida pública en el bautismo, cuando se escucha la voz del cielo: Éste es mi Hijo predilecto en el cual pongo mis complacencias. A la mitad del ministerio, cuando Pedro confiesa: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y al final de su vida, cuando es elevado en la cruz ante el mundo y el centurión proclama: Verdaderamente éste era el Hijo de Dios. Esta voz es la verdad de la proclamación que hace el Padre de la mesianidad, de la divinidad de su Hijo. Y los discípulos son invitados a descubrirla recorriendo la oscuridad de la pasión y de la muerte de su Señor.

De esta manera, la transfiguración se entiende en el contexto amplio de toda la vida de Jesús, porque después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, Jesús comenzó a manifestar a sus discípulos; que debía subir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas y ser condenado a muerte y resucitar el tercer día. Este anuncio lo hace tres veces, por esto la transfiguración no la podemos entender sino como una acción simbólica de lo que expresamente y abiertamente decía en su predicación. Con palabras y gestos Jesús nos revela el misterio de nuestra salvación que se realiza en su muerte y en su resurrección.

El mostrar su rostro resplandeciente como el Sol y sus vestiduras blancas como la nieve no tienen por función presentar a un mesías triunfante y glorioso, pues sería tal como confirmar la idea obstinada que tenían los discípulos de un mesías político y triunfante, resistiéndose aceptar a un Jesús desprovisto de poder y de gloria. La función de esta acción simbólica de la transfiguración del Señor es confirmar; que Jesús es el Señor, que Jesús es el Mesías, es el Hijo de Dios.

El camino que ha elegido y su forma de realizar el mesianismo es obedeciendo al Padre Celestial. Hay dos elementos que claramente así lo corroboran primero: la aparición de Moisés y Elías conversando con Él. Pues, Moisés y Elías representan a la ley y los profetas, es decir: toda la escritura. Segundo: como ya lo indiqué anteriormente, la voz que sale de la nube símbolo de la presencia divina y clara manifestación del proyecto divino, así son aleccionados los discípulos que se resistían a concebir un mesías padeciendo. Dios confirma a Jesús en su identidad y misión, y revela a sus seguidores que es el Hijo, el elegido, el Mesías quien tiene razón y a quien hay que escuchar. Y lo pone como norma de vida y seguimiento de todo, escúchenlo.

Cristo Jesús, el resucitado, el príncipe de la paz siempre sea ha comunicado con sus seguidores, y siempre nos ha manifestado su voluntad. El que por la sangre de su cruz dió muerte al odio en su carne y reconcilió con Dios a los hombres e hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. El que es nuestra paz y declaró bienaventurados a los que construyen la paz. Ciertamente nos está llamando a ser constructores de la paz. Esa paz que no sólo es ausencia de guerra y que no se limita asegurar el equilibrio de fuerzas adversas, sino de la paz que es respeto y desarrollo de la vida humana.

La paz que salvaguarda los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos y asegura la práctica de la fraternidad. La paz que en expresión de san Agustín es la expresión; es la tranquilidad del orden. La paz para Isaías; es obra de la justicia y que para el Vaticano II, es efecto de la caridad. Por eso comprenderemos como Su Santidad Benedicto XVI nos habla de esa paz fruto del amor. Éste es mi Hijo muy amado, escúchenlo.  

El Señor de la historia, nuestro salvador y redentor en el momento supremo de su vida oró por nosotros diciendo al Padre: Qué todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en tí, que ellos sean también uno en nosotros. La preocupación por la paz y el querer preservar la unidad de todos los mexicanos, debe estar en los creyentes y en los no creyentes y cada uno debe dar su mejor contribución, de la mejor manera posible.

Como nosotros los creyentes en Cristo creemos que la paz y la unidad son don del Padre y un llamamiento del Espíritu y que excede a las fuerzas y a las capacidades humanas, por eso estamos aquí, sí, escuchándolo, pero también rogándole que nos conceda estos dones a cada uno de nosotros y a nuestra amada patria en estos momentos de tensiones y de incomprensiones.

Esta oración la hemos querido hacer aquí, en esta casita de nuestra Madre, porque consideramos a santa María de Guadalupe como nuestra Reina de la Paz. Ya que en los momentos de insolubles conflictos enfrentados nuestros padres en una hostilidad sin poder entenderse, ni aceptarse, empeñados en defender lo propio y destruir lo del otro, Ella nos trajo  la paz. La paz de su Hijo que no es ausencia de penas y sufrimientos, no es cambiar nuestra naturaleza pecadora y limitada, sino aceptar al otro en lo que es; en sus grandezas y miserias, en sus haberes y carencias, en su realidad objetiva que Dios conoció y amó desde siempre.

Aquí escuchamos a su amado Hijo y queremos hacer lo que Él nos diga. Aquí también tenemos la seguridad de ser escuchados y conseguir lo que de corazón venimos a pedir. La transfiguración nos manifiesta el sentido misterioso y profundo, sí, de la vida de Jesús, pero también nos invita a vivir la realidad en toda su dureza y ambigüedad, a seguir a Jesús cargando la cruz. Contrariamente a lo que san Pedro está deseando y pidiendo de construir  tres cabañas para quedarse ahí, la transfiguración termina muy pronto y deja a los discípulos frente a la realidad cotidiana.

Es preciso que bajen de la montaña y acompañen a Jesús que se encamina a la pasión. Hoy igual que entonces los cristianos tenemos que enfrentar la realidad, nadie puede refugiarse permanentemente en la montaña, en la visión de Dios, en la trascendencia, en la oración, ni siquiera aquellos que han sido llamados a la vida contemplativa. La oración, la contemplación, el retiro espiritual no son para separarnos de la realidad, sino para ayudarnos a discernirla, para abrirnos a la fuerza y a luz divina a fin de poder afrontar la historia en toda su profundidad y poder ser fieles en el seguimiento de Jesús y poder continuar su obra salvífica.

Cuando los discípulos acaban de recibir el anuncio de que su maestro irá al fracaso; sufrirá mucho y será llevado a la muerte. Se les otorga una experiencia singular que alienta e ilumina ese camino que parece necedad y locura, ya que la resurrección, la vida nueva está al final del camino. En el corazón de la vida misma cargada de incertidumbres y de cruz en medio de los conflictos de la historia nos hace presente el amor de Dios, aparece cuando menos lo pensamos esa nube luminosa.

El discípulo, todos nosotros hemos de estar atentos a esas señales de Dios ya que su amor misericordioso nunca abandona en la penumbra y en la oscuridad a quienes lo buscan de corazón. Es cierto, no aparecen las señales que nosotros queremos, hemos de estar atentos para captar, aceptar, seguir y disfrutar las señales que Dios nos manda, no lo que nosotros construimos.

Todos nosotros corremos el riesgo de instalarnos en la vida buscando un refugio cómodo que nos permita vivir tranquilamente sin sobresaltos, ni preocupaciones excesivas. Habiendo logrado un cierto éxito profesional, llegando a cierta edad, asegurando de algún modo el porvenir, olvidando nuestras utopías juveniles, se nos antoja decir: Ya déjenme en paz, yo ya cumplí. Pero es entonces cuando debemos descubrir con mucha claridad que la felicidad no coincide con el bienestar.

La tentación de Pedro nos llega a todos, que bueno sería quedarnos aquí, hagamos tres chozas; es decir, conformarnos con lo que ya hicimos, eludir nuestra propia responsabilidad, esperando que Dios realice la salvación, sin poner lo que está de nuestra parte. Ante esta tentación, el mensaje de Jesús es claro, lo que nos aísla de los hermanos, nos instala cómodamente en la vida, nos tranquiliza y aleja del compromiso y servicio a los más necesitados, no es un estilo de vida cristiana. Hay que bajar del monte, llegar a donde está la gente, acompañar a Jesús y luchar hasta lograr la meta, hasta vencer al maligno.

A estas alturas quizás muchos ya están pensando en lo que esperan del nuevo presidente, pero ojalá también muchos pensáramos, muchos mexicanos nos cuestionáramos: ¿qué le puedo dar a mi patria ahora y en la futura administración? Subamos con Jesús al monte Tabor, aprendamos a contemplar, no nos quedemos dormidos, escuchemos atentos la voz del Padre y sigamos su mandato de escuchar a su Hijo muy amado, Jesucristo nuestro Señor. Detengámonos un poco conversando con Jesús y clarifiquemos y si le hemos entendido bien, cuando nos invita a seguirle por el camino del escándalo de la cruz, de la oscuridad y del fracaso.

Examinemos nuestra vida y clarifiquemos si hemos descubierto la presencia de Jesús en nuestro caminar, si captamos las señales que continuamente nos manda de que Él está con nosotros, porque solos es imposible afrontar el camino de la cruz. Es trascendental que con Jesús descubramos que el camino al cual nos invita termina en la gloria y en la resurrección, porque sólo así tiene sentido nuestra existencia, nuestras luchas diarias.

 
 
Agregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosImprimir PaginaPágina anterior