13 de junio de 2010
Queridos hermanos, hemos escuchado
lo que Jesús nos dice a cada uno de nosotros: tus pecados, que
son muchos quedan perdonados, porque has amado mucho. Más adelante
nos dice: tus pecados quedan perdonados, vete en paz tu fe te
ha salvado. Con estas palabras Jesucristo, nuestro Señor, nos
revela que nos ama mucho con estas palabras nos revela que Dios
nuestro Padre nos ama mucho, tanto que nos ha enviado a su Hijo
Jesucristo, nuestro Señor que muere en una cruz, y ahí en esa cruz
nos reconcilia con el Padre. El Espíritu Santo perdona nuestros
pecados en la Iglesia, a través del Sacramento de la Reconciliación,
Dios nos perdona.
Vemos, pues, tres cosas muy
importantes. Primera: somos pecadores y Dios reconoce que somos
nosotros pecadores; sin embargo, y precisamente porque somos pecadores
Dios nos perdona ¿por qué nos perdona? porque nos ama mucho. La
causa del perdón que Dios nos ofrece es porque Él nos ama mucho.
Pero, también, a esta reconciliación, a este perdón se requiere
una respuesta. Lo vemos precisamente, como san Agustín nos dice:
él que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti, necesita una respuesta.
Y, precisamente, vemos como los apóstoles y algunas mujeres caminan
con Cristo y nos ha invitado a todos nosotros a caminar con Cristo
hasta la cruz, que es el signo del amor de Dios hacia nosotros.
Caminamos hacia la cruz y por eso podemos decir, con san Pablo:
vivo yo, pero no soy yo es Cristo quien vive en mí, estamos viviendo
la vida de Cristo somos otro Cristo, pero también necesitamos una
respuesta. Dios exige una respuesta por parte nuestra. Somos libres,
respeta nuestra libertad, nuestra dignidad de personas humanas.
Veamos algunas de estas respuestas
de esta Liturgia de la Palabra. El fariseo no se siente merecedor
del perdón de Dios, porque no se siente pecador. Los apóstoles y
las mujeres caminan con Jesús. El Rey David se reconoce pecador.
La Santísima Virgen, María de Guadalupe exclama humildemente: el
Señor ha puesto sus ojos en la pequeñez de su esclava. ¿Cuál
es nuestra respuesta? ¿qué le respondemos nosotros al Señor? Es
una respuesta personal, nadie la puede dar en lugar nuestro, ni
la podemos dar en su lugar ¿cuál es nuestra respuesta? ¿realmente
reconocemos qué somos pecadores? Pero todavía más importante, ¿reconocemos
que solamente Dios perdona nuestros pecados? ¿lo creemos sinceramente?
Cristo por medio de la Iglesia perdona nuestros pecados.
Miren, si esto sucede aquí,
es tan hermosa esta paz que Dios nos da y que solamente Dios nos
la puede dar y nadie nos la puede quitar. Imagínense, si esto es
aquí en la tierra ¿cómo será esa paz en el cielo?
¡Qué hermoso! La oscuridad
que ahora tenemos será muy hermosa, con mucha luz, la luz de Cristo,
la luz de Dios.
Pues, bien, hermanos, en silencio,
en silencio de nuestro corazón digámosle a Dios esta oración que
rezamos en la Sagrada Eucaristía, y le decimos a Cristo:
¡Oh
sagrado banquete!, en el cual se recuerda la memoria de Su pasión,
se
nos llena el alma de gracia y se nos da una prenda de nuestra futura
gloria.
Amén.