Queridos hermanos, el Evangelio
que hoy hemos escuchado hace alusión a aquel pasaje donde Herodes
manda tomar preso a Juan el Bautista, lo tiene en la cárcel, le
incomoda escucharlo, pero aún así lo escucha. Herodes era sentenciado
por Juan el Bautista por andar de “coscolino” con la mujer de su
hermano. Y viene la circunstancia que tiene una fiesta, y aquella
bailarina le pide la cabeza de Juan el Bautista. Dice, la Escritura:
por no quedar mal Herodes manda matar a Juan el Bautista. Sabe que
hizo algo malo y la conciencia lo recrimina y cuando escucha que
Jesús está anunciando la verdad, el camino, la vida, dice:
es Juan el Bautista que ha resucitado y los amigos de él, el entorno
de él empiezan a comentar es Juan el Bautista y esto se empieza
a difundir y la es la noticia y llega a Jesús. Y el mismo Jesús
le pregunta a sus discípulos: bueno, han oído eso ¿ustedes quién
dicen que soy yo? Pero, bueno, la circunstancia primer es la pregunta
¿quién dice la gente que soy yo? Pues, unos dicen que eres Juan
el Bautista otros que eres Elías o algunos de los profetas.
Si hoy el Señor nos preguntara
¿quién dice la gente que soy yo? unos dirían, bueno dicen que eres
un filósofo otros dicen que eres un revolucionario otros dicen que
eres un farsante. Es más se acuerdan de aquella película donde se
decía que era casado, y que hoy vendrá otra película donde dice
que es gay. Bueno, eso es lo que dice la gente, sí, pero tú ¿quién
dices que es Jesús?, ya hoy tenemos que responderle, junto con Pedro:
Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Lo que digan los
demás no me interesa y podrán atacar a Jesús de mil maneras, pero
al final ¿quién dices tú que es Jesús? Si verdaderamente decimos
que es el camino, la verdad y la vida.
Entonces, si es el camino tengo
que caminar en el, tengo que seguir sus pasos; si es la verdad tengo
que asumir esa verdad y dejar mis mentiras; si es la vida tengo
que renunciar a todo aquello que no me deja vivir la gracia de Dios,
tengo que ser coherente, si es a Cristo al que sigo, tengo que seguirlo
con todas sus enseñanzas, es más el mismo Jesús nos dice: si quieres
seguir toma la cruz de cada día y ven conmigo.
Pero, cuando nos invita el
Señor a tomar la cruz, no nos invita a ser masoquistas, no obtengamos
esa conciencia que se trabajo mucho. No, es un llamado a ser masoquistas,
es un llamado a ser valientes, es un llamado a tomar la cruz de
cada día. Y es precisamente lo que tenemos que entender, porque
a veces queremos ofrecerle al Señor algunas cruces que no nos está
pidiendo, queremos ofrecerle, voy a dejar de comer esto; voy hacer
aquello, me voy a venir de rodillas a la Basílica, bueno son circunstancias,
no voy a decir que malas, pero tampoco las voy aplaudir, no, pero
son cosas secundarias lo que el Señor te está pidiendo es que asumas
la cruz que Él te ha dado. En cuantas ocasiones podemos ver: es
que si no nos entendemos nos dejamos, y se habla del divorcio ¿por
qué no asumes tu matrimonio responsablemente? ¿por qué no asumes
y tratas de cargar esa cruz? Ahora, ojo, señores, ojo señoras, el
esposo no debe de ser la cruz de la mujer, ni la mujer la cruz del
esposo, sino juntos cargar la responsabilidad del matrimonio, juntos
cargar la responsabilidad de la familia, juntos vivir ese encargo
que te da Dios todos los días: te encarga su amor, te encarga perdonar,
te encarga dar misericordia. Ese es el encargo que te da Dios y
por lo tanto sí te pide que cargues con la cruz, cargarla con dignidad.
Eso es lo que te está pidiendo, es lo que tenemos que responderle.
Hoy, queridos hermanos, también
tenemos, pues, la celebración del Día del Padre ¡Felicidades a todos
los Papás! A veces de hace más escándalo para el Día de la Madre,
bueno, pero también los papás tienen algo ver, y bastante. ¡Felicidades
Papás! Me imagino que hoy en la mañana el Niño Jesús ahí con su
martillo y su serrote fue a cantarle las mañanitas a san José y
a llevarle su regalo. Por algo en Europa el Día del Padre se celebra
el Día de san José. Pero sobretodo Cristo mismo ante su Padre Celestial,
Padre de todos, quiere darle de regalo a la humanidad redimida.
Tenemos nosotros que entender
que el llamado a la paternidad es consagrarse al Padre Celestial;
es consagrar su oficio de paternidad para ser una ventana de salud
celestial, la luz del Padre que viene a su familia. Ustedes papás
deben de ser esa ventana, que deje ver la misericordia del Padre,
que deje ver la gracia del que es Padre de todos, el Padre Celestial.
Deben de reflejarlo con su vida, con su amor, con su trabajo, con
su esfuerzo, comuniquen al Padre Celestial con alegría, con sencillez
y con valentía.
Hoy también nos visitan los
peregrinos del Grupo Bimbo, como lo hacen cada año, ya por más de
medio siglo, vienen constantemente a peregrinar, pero no solamente
peregrinan el día de hoy, se que continuamente en cada módulo del
trabajo, tienen a nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Ahí los
acompaña, ahí los protege en sus camiones, en sus oficinas.
Hoy vienen a dar gracias porque
Ella los ha acompañado durante todo el año. Hoy viene a darle gracias
y a ofrecer el fruto de su trabajo. Es algo muy importante, porque
decimos a la ahora del ofertorio: recibe el pan y el vino fruto
de nuestro trabajo, para que lo transforme en el Cuerpo y la Sangre
del Señor. Ustedes con su trabajo al llevarle el pan a quien
tiene hambre, también, viven esa parte del Evangelio síganlo haciendo
con alegría, sigan haciéndolo como mexicanos, porque Grupo Bimbo
es mexicano, y si es mexicano también es guadalupano.
Bimbo, Dios los bendiga, que
nuestra Madre los acompañe y los proteja y a todos nos conceda un
trabajo digno para que la Divina Providencia nos asista con la casa,
el vestido y el sustento.