Homilía
pronunciada por Mons. Héctor González Martínez,
Arzobispo de Durango, en la CXII peregrinación de la Arquidiócesis
de Durango a la Basílica de Guadalupe.
12 de junio de 2005
1.-
Saludo a María de Guadalupe
Santa María de Guadalupe: te saludamos como te saludó tu predilecto
Juan Diego en la cuarta aparición: “Mi jovencita, Hija mía la más
pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía?”
(NM 110).
Nosotros somos chichimecas, que venimos de las llanuras esteparias
de los zacatecas y de las zonas montañosas
de los tepehuanes, con el gusto de saludarte
y afianzar nuestra identidad humana, cristiana y sacerdotal. Aquí
estamos, como te explicó nuestro hermano el chichimeca Juan Diego,
para "seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan
quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros Sacerdotes"
(NM 24).
Te saludan los laicos personalmente, de Parroquias o de grupos,
las religiosas, los alumnos y formadores de los Seminarios Mayor
y Menor, los Presbíteros, representando a las dieciocho Zonas Pastorales.
“Te saludamos María, Virgen más bella que el sol; porque nos
has dado a Cristo, porque nos has dado a Dios”, siendo así la primera
evangelizadora del mundo y especialmente la primera evangelizadora
de México, como lo dijiste aquí en la colina del Tepeyac:
“mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada
en donde Lo mostraré, Lo ensalzaré, al ponerLo
de manifiesto: Lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en
mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación” (NM26-28).
2.-
De la lectura del Éxodo.
Acabamos de escuchar, con nuestros oídos externos e internos,
la Palabra del Éxodo: “si escuchan mi voz y guardan mi alianza,
serán mi especial tesoro entre todos los pueblos, aunque toda la
tierra es mía. Ustedes serán para mí un reino de Sacerdotes y una
nación que me es consagrada" (Ex 19,2-6).
El Éxodo, es el momento inicial y constitutivo de Israel como
pueblo de la alianza; es el objeto de la fe de Israel, porque ahí
ha experimentado a Yahvé como Dios liberador y aliado; incluye la
promesa, la elección, la liberación, la alianza y la ley, como dogma
central de la religión del Antiguo Testamento. Hoy, en el texto
leído y escuchado se pone como condición para pertenecer al Pueblo
elegido, escuchar la voz de Yahvé y guardar su alianza. Meditemos
estos dos elementos.
Escuchar, es una actitud religiosa fundamental para el creyente,
de todos los tiempos; "Schemá Israel", escucha pueblo,
decían los profetas a Israel en el Antiguo Testamento, sobre todo
cuando el pueblo elegido, el pueblo de las promesas se hacía desentendido.
"Schemá Israel, siguen proclamando los rabinos actuales al
pueblo judío. También hoy escuchamos a Yahvé Dios que nos condiciona:
"si escuchan mi voz".
Si escuchamos la voz de Dios, guardaremos su alianza. Alianza
que consiste en el misterio de la elección divina, pero libre y
alegremente aceptada, para un puesto especial y para una intimidad
única con Dios: "serán mi especial tesoro entre todos los pueblos",
"serán para mí un reino de Sacerdotes y una nación consagrada":
con fuertes y absolutas exigencias para ser santo como Santo es
nuestro Dios y cumplir la misión sacerdotal ante las naciones.
La Alianza se concretará luego en el Sinaí
con el Decálogo, como una disciplina para ser de verdad diferente
y separado de pueblos y culturas, para forjar la voluntad, domar
los caprichos, enderezar la generosidad y prepararse para los tiempos
del Espíritu, que exigen absolutamente ser santo, separado de los
demás y dedicado sólo para Dios.
Es la escucha de la voz de Dios, que lleva al pueblo a una
experiencia viva y personal con Yahvé, por la que se daba un contacto
real de Yahvé e Israel. De ahí que, "escuchar la voz"
está unida a la observancia de los preceptos y mandamientos de Dios
(Deut 13,5; 15,5; 28, 1. 15) Y con su
servicio Jos 24, 24); Israel debe estar
dispuesto a orientar la propia existencia según las directrices
que le vienen de Dios. Es esa relación, indispensable en una fe
madura, que tanto deseamos los pastores para todos los fieles y
que buscaremos para todos en la Arquidiócesis con la Misión Diocesana
de Predicación Kerygmática por toda la extensión y por todos los rincones
de nuestra Arquidiócesis, desde el 6 de enero hasta el 12 de diciembre
del próximo año.
Aunque en nuestros tiempos es difícil escuchar a Dios, con
tanto ruido y dispersión; puesto que no se trata sólo de oír con
oído externo, sino de escuchar con atención interior o hacer silencio
fundamental del corazón, como espera Dios por el salmo 94: "ojalá
escuchen hoy mi voz; no endurezcan sus corazones como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto, allí
me desafiaron sus padres y me tentaron, aunque habían visto mis
obras" (7-9).
Precisamente, la preparación a la Misión del próximo año nos
ofrece temas sobre Abraham, Jacob y Moisés donde aprendemos la actitud
de escuchar y entender para adorar. Igualmente así lo aprendemos
en el episodio de Samuel, quien llamado tres veces por Dios, dos
veces respondió "aquí estoy, pues me has llamado" y la
tercera vez respondió: "habla, Señor, que tu siervo te escucha"
(1 Sam 3, 4-5, 10).
Para que seamos misioneros, primero hay que ser destinatarios
y receptores, escuchar para luego pregonar. "Lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos y palpado con nuestras manos,
la Palabra que es vida", "se lo anunciamos también a ustedes
para que estén en comunión con nosotros, pues nosotros estamos en
comunión con el Padre y con el Hijo, Jesucristo" (1 Jn 1, 1-3).
Por ello, al final de nuestro Bautismo el Sacerdote, con sus dedos
tocó nuestros labios y nuestros oídos, diciendo: "el Señor
Jesús que hizo oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda
a su tiempo, escuchar su palabra y profesar la fe para alabanza
y gloria de Dios Padre".
3.-
Aplicaciones
Por el Bautismo, todos los fieles somos esa nación consagrada
a Dios; hombres libres que pertenecemos únicamente a Dios; todos
somos pueblo sacerdotal, "un reino de Sacerdotes" para
la liturgia interior de los templos y para la liturgia exterior
de la calle, de la familia, de los negocios y de los asuntos públicos.
Por lo cual no podemos dejamos contaminar por las idolatrías, las
costumbres impuras y los falsos valores de las culturas ideologizadas.
Si en la lectura dice Yahvé: "el mundo es todo mío",
por lo cual Dios es salvador de todos los hombres y la misma historia
es suya ¿porqué elige y constituye un pueblo como mediador?: porque
ha decidido reorientar la historia y hacerla madurar desde dentro,
mediante un pueblo suyo a modo de fermento.
Ha llegado pues el momento de tomar el compromiso de ser para
siempre, el Pueblo de Dios. En toda religión, especialmente los
Sacerdotes ministeriales se acercan más a Dios y reciben sus comunicaciones.
Para ello es necesario que los ministros sean efectivamente "hombres
de Dios" que gustan del estudio, de la contemplación, de la
vivencia y del trato íntimo o trascendente con lo divino.
Quiero recordar a todos que también en el Nuevo Testamento,
la Alianza es fundamental en la vida del creyente, bautizado u ordenado.
Ha de ser una experiencia y ha de ser una vivencia cotidiana. En
la Eucaristía y en las circunstancias diarias tenemos la oportunidad
de renovar nuestra Alianza con Dios como una relación tú-yo, yo-tú.
En la Eucaristía diaria que celebramos, en las palabras de la consagración
del vino decimos: "este es el cáliz de mi sangre, sangre de
la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por
todos los hombres, para el perdón de los pecados".
Aunque, al presente nuestra Alianza con Dios resulta afectada
por la mentira individual e institucional, simulación o apariencia,
engaño y fraude, desigualdades e injusticias, baja moral personal,
conyugal o pública, pobreza, falta de trabajo e injusticia, anticonceptivos,
pastilla del día después y condones, tecnología genética, clonación,
manipulación de embriones y la eutanasia como práctica real y como
ley que se avecina, inconciencia de pecado personal y social, negación
del derecho de Dios sobre nuestras vidas; brotes del pensamiento
débil de la postmodernidad filosófica,
desmitologización bultmaniana,
reduccionismo sobre la Resurrección o
los milagros; relativización de la moral o del sentido del pecado; moral
de situación e incoherencia entre fe-vida; deficiencias pastorales,
avidez de poder y de tener, descuido de los consejos evangélicos,
defectos y abusos en la administración de los Sacramentos: nos contagian
los vientos del mundo como bienestar, dinero, libertad sin límites
y el propio yo. El hombre se considera como el centro y como el
dios de sí mismo, la medida y la norma del mundo.
Es pues, tiempo oportuno de recordar el Éxodo: "si escuchan
mi voz y guardan mi alianza serán mi especial tesoro". Se impone
volver por los pasos del Evangelio y del seguimiento de Jesús. Si
queremos llevar el Evangelio al mundo, tenemos que ser más fuertes
que el mundo, "y esta es la victoria que vence al mundo: nuestra
fe" (Jn 5, 4); "ánimo, dice Jesucristo, yo he vencido
al mundo" (Jn 16, 36).
4.-De
la lectura de S. Mateo
Hasta el momento del trozo evangélico de hoy, Jesús predicaba
en las sinagogas cercanas a Cafarnaún.
Ante las multitudes que le seguían, "como ovejas sin pastor",
dice a los discípulos: "la cosecha es abundante, pero los trabajadores
son pocos", entonces forma el Grupo de sus Doce Apóstoles y
les da las siguientes instrucciones: "no vayan a tierra de
paganos ni entren en ciudades de samaritanos. Vayan más bien en
busca de las ovejas perdidas de Israel. A lo largo del camino, proclamen
que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen los leprosos y demás
enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios.
Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente"
(Mt 10,5-8).
Este trozo forma parte del sermón misional en el Evangelio
de San Mateo, que contiene instrucciones para el discípulo en la
tarea misional. Aquí Jesús admite a otros a compartir su misión
y sus poderes y les encarga la proclamación misionera a escala universal.
Cierto que, inicialmente los judíos tenían la preferencia de recibir
y escuchar la misión, para transformarse por la fe en su Mesías;
pero no fueron dignos de ello y su derecho de primogenitura pasó
a otros; y, distintos pasajes bíblicos muestran el desarrollo de
la conciencia misionera hacia los gentiles.
Se encarga pues a los evangelizadores y agentes de pastoral,
"a lo largo del camino, proclamen que se acerca el Reino de
los cielos" (Mt 10, 7), idea central
de la predicación de Jesús en los evangelios sinópticos; el mismo
Jesús es el reino personificado y presente en su fase de misterio
y humildad, avalado por señales, milagros y exorcismos; reino que
se orienta escatológicamente hacia su fase futura de gloria y luz.
Mientras tanto, la Iglesia es señal e instrumento del Reino; es
encargada de guiar al hombre y conducirlo hacia él; en la Iglesia
nos convertimos, damos frutos de obediencia, de práctica de amor
al prójimo y de despego de los bienes materiales; la vida de la
Iglesia en la justicia, la paz y la alegría es ya una participación
del Reino.
Como señales de prueba, para el momento inicial y para todos
los tiempos, Jesús indica "curen los leprosos y demás enfermos,
resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios". Es la
comunicación que Jesús hace de su poder a los Apóstoles. El Padre
envía a los mensajeros de su Palabra, pero también envía su Espíritu
para que toque el corazón y el espíritu de los que escuchan; el
Espíritu proporcionará señales, curaciones y gracias asombrosas
que apoyarán el testimonio de los enviados.
Por ejemplo, los enviados y sus sucesores serán misioneros,
antes que administradores de una Iglesia establecida; los misioneros
siempre han llegado primero, viviendo como pobres entre los pobres;
pobreza evangélica y misionera que hoy se nos urge de nuevo ante
la avidez galopante: "gratis han recibido este don, denlo gratis".
Como "la fe nace de una proclamación, y lo que se proclama
es el mensaje cristiano"; "¿cómo invocarán al Señor sin
haber creído en Él? Y ¿cómo oirán si no hay quien lo proclame?"
"y ¿cómo lo proclamarán si no hay enviados?" (Rom.
10, 14-15, 17); al final del Evangelio (28.19), Jesús transmite
el mandato: "vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean
mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado
a ustedes."
5.-
Aplicaciones
La Misión Diocesana no es una innovación; es fidelidad al designio
"Salvífico de una Iglesia convocada, en camino, en continua
misión, pregonando primero, haciendo luego discípulos por la catequesis
y consagrándolos por la vida sacramental.
El discurso propiamente misionero de los versos 5 al 18 del
capítulo 10 de San Mateo, nos habla de la misión como la primera
preocupación de la comunidad cristiana.
Hermanos fieles todos: en nuestra Iglesia arquidiocesana, la predicación evangélica nos llegó por misioneros
franciscanos y jesuitas; pero su evangelización quedó interrumpida
por varias circunstancias históricas ajenas a su propia vida; con
todo algo queda y permanece luego de la constitución de sus instituciones
administrativas. Sí, que "lo que se exige en un administrador
es que sea fiel" (1 Cor 4, 2); pero
junto con ser un buen administrador de cualquier institución eclesiástica,
hay que ser ministro y misionero del Evangelio, como dice San Pablo:
"¿cómo podría alardear de que anuncio el Evangelio? Estoy obligado
a hacerlo, y ¡pobre de mí si no proclamo el Evangelio!" (1
Cor 9, 16).
Todos, quienes ya hemos obtenido, desde nuestra infancia, el
don precioso de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, hemos
de damos y hemos de dar a otros, la oportunidad de escuchar la predicación
misionera para alcanzar un encuentro vivo y personal con Jesucristo,
como una, adhesión, firme e inconmovible, como expresa San Pedro
cuando responde "yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de
Dios" o como San Pablo cuando universalizando invita a que
"toda lengua ha de confesar, para gloria de Dios Padre, que
Jesús es el Señor" (Flp 2, 9-11);
adhesión personal inconmovible, como dice él mismo: "¿qué nos
separará del amor de Cristo? Las pruebas, la aflicción, la persecución,
el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada?"
(Rom 8,35-39); nada hay que nos pueda
apartar del amor de Cristo.
Motivados por la Palabra de Dios en nuestra peregrinación a
esta "casita sagrada" de Santa María de Guadalupe primera
evangelizadora de México, tenemos la oportunidad de evangelizarnos
más y mejor y hacemos misioneros, para la: Misión Diocesana de Predicación
Kerygmática del año próximo.
Santa María de Guadalupe: que mirando tu imagen, fieles, religiosas,
seminaristas, Presbíteros y Obispos sepamos y queramos leer tu imagen
como" ejemplo de evangelización perfectamente inculturada".
Que nos sintamos estimulados a reconocer que la inculturación ha
sido "una exigencia que ha marcado todo el camino histórico"
de la evangelización pero hoy es particularmente aguda y urgente...
no se trata de una mera adaptación externa, ya que la inculturación
significa una última transformación de los auténticos valores culturales
mediante su integración al cristianismo y la radicación del cristianismo
en las diversas culturas. Es un proceso profundo y global que abarca
tanto el mensaje cristiano, como la reflexión y la praxis de la
Iglesia. Pero es también un proceso difícil, porque no debe comprometer
en ningún modo las características y la integridad de la fe cristiana"
(RM 52).
6.-
Ante María de Guadalupe
A tus pies y bajo tu manto, Santa María de Guadalupe, nos inspiramos
en la actitud y en las palabras de Juan Diego: "con pena angustiaré
tu rostro, tu corazón; te hago saber, Muchachita mía, que está muy
grave un servidor tuyo, tío mío. Y ahora iré de prisa a tu casita
de México, a llamara alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros
Sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo" (NM
110-113).
Nos inspiramos en ello, para decirte que también nosotros traemos
en nuestro pensamiento y en nuestro corazón, muchas necesidades
materiales, morales y espirituales, propias y ajenas.
Apenas el reciente 5 de abril, clausuramos un Año Jubilar por
trescientos años de nuestro Seminario formando y forjando pastores.
Por ello, el Seminario peregrina hoy a esta "casita sagrada"
de María de Guadalupe y de todos los mexicanos, para dar gracias
por trescientos años de nuestro Seminario.
Y están presentes, formadores, maestros, colaboradores y bienhechores.
Están presentes los 82 alumnos del Seminario Menor, los 11 del Curso
Introductorio, los 31 de Filosofía y los 26 de Teología; y
espiritualmente presentes los 3 alumnos que estudian en Madrid y
en Roma. Aunque faltan casi tres semanas de exámenes y de otras
actividades, esta Eucaristía, es clausura solemne del presente Curso
Escolar.
Damos gracias por trescientos años de nuestro Seminario. Damos
gracias, por los 17 Obispos que el Seminario ha entregado a la Iglesia,
incluyendo al Señor Cardenal Norberto; por los innumerables Presbíteros,
incluyendo los 205 que actualmente dedican su vida y su ministerio
al servicio del Reino en la Arquidiócesis; por los innumerables
exalumnos, laicos que fermentan la sociedad
con su testimonio. Como en claroscuro, realzando la luz también
hay sombras; acudimos a tu intercesión para arrancar y destruir,
para edificar y plantar transformando las sombras en luz.
Entre luces y sombras, el conjunto es una corona sacerdotal,
como nos declaró el Santo Padre Juan Pablo II, diciendo en Durango:
"pueblo de Durango, pueblo de México, eres un pueblo sacerdotal,
Porque participáis en el sacerdocio único de Cristo Jesús, víctima
sacerdotal y esta participación constituye tu herencia bautismal.
De esta herencia, de este sacerdocio bautismal, sacerdocio común
de los fieles, nacen sacerdotes ministros, sacerdotes ministeriales
como han nacido hoy los hijos de ti, pueblo sacerdotal."
Con tu mirada compasiva, con tus manos maternales y en tu manto
de misericordia, recoge nuestras intenciones que se refieren a ideales
y anhelos, a enfermedades, trabajo, cansancio y desilusiones, a
nuestras fallas y pecados.
Intercede por las familias, tan hermosas por el ambiente humano
y cristiano que transmiten, pero hoy tan bombardeadas en su naturaleza
y en sus valores. Intercede por tantos buenos maestros que colaboran
conscientemente en la educación de niños, adolescentes, jóvenes
y profesionistas. Intercede por los servidores públicos para que
tengan los dones de sabiduría y prudencia en la conducción de los
asuntos del bien común. Intercede por los laicos agentes de pastoral,
por la vocación de los seminaristas, por las Religiosas, por los
Presbíteros y por los Obispos; alcánzanos a todos la fidelidad a
la propia vocación para ser el alma de la sociedad en que vivimos.
Especialmente, en nuestra ciudad episcopal, hoy mismo, también
las cinco Zonas Pastorales de la Región Centro, peregrinan por los
distintos rumbos de la Ciudad, hacia tu Santuario, para unirse espiritualmente
a nuestra peregrinación y para implorar tu intercesión por el auxilio
de las lluvias necesarias y oportunas para nuestros campos. Intercede
por nuestros campos que se dañan por la sequía y por los incendios;
intercede por nuestros campesinos para que no abandonen la tierra,
que la amen, que se arraiguen y sigan haciendo producir esta gran
tierra chichimeca.
Recibe todo este bagaje de peticiones y necesidades, más lo
que cada uno de los presentes te exprese en particular; y bendícenos
en todo, AMÉN.
Basílica de Guadalupe, 12 junio del 2005
+ Héctor González Martínez
Arzobispo de Durango