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Versión Estenográfica

Homilía
pronunciada por Mons. Excmo. Mons. Miguel Giles Vázquez, Obispo de Ciudad Altamirano

13 de mayo de 2005


Queridos hermanos sacerdotes, religiosas, queridos seminaristas, fieles hermanos y hermanas laicos de la Diócesis de Ciudad Altamirano:

Hoy llegamos como peregrinos, como Iglesia peregrina, a las plantas de la morenita del Tepeyac, presentándole a Ella y, a través de Ella, a su Hijo Jesucristo, el caminar de nuestra Diócesis guiado y orientado por nuestro plan diocesano de pastoral. Como a nuestra madre queremos encomendarle la vida de nuestra Diócesis, le pedimos por nuestro presbiterio, por nuestro seminario, por nuestras parroquias, por nuestras familias, por las necesidades de todos y cada uno de los fieles de nuestra comunidad diocesana.

Hoy la palabra de Dios nos invita a pastores y fieles a cumplir nuestra misión en la Iglesia bien arraigados en el amor a Jesús. Solamente si amamos podemos cumplir con la tarea.
Quiero presentarles aquí un hermoso, breve y sencillo comentario del Cardenal Martini acerca del evangelio de Juan que acabamos de oír.

Leemos en el texto una triple pregunta de Jesús, a la que sigue un triple encargo. Las tres preguntas se refieren al amor de Pedro por Jesús y se encuentran en un orden inverso al que podríamos esperarnos. Esperaríamos esta progresión" ¿Me amas?¿me amas mucho? ¿Me a-mas más que los demás?"; después sencillamente: "¿Me amas? ¿Me amas? ( ¿agapas me pleion touton?, agapas me?, ¿phileis me?). También hay una progresión en el uso de los verbos, que generalmente son traducidos del mismo modo, pero que en realidad habría que traducir así: Le dice: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas…?. Por tercera vez: “Simón hijo de Juan, ¿me eres amigo?"..

Esta es una progresión que parece centrar cada vez más la atención en la persona de Jesús. En otras palabras, la misión pastoral que Jesús le confía a Pedro se basa en una relación de confianza y de filial intimidad con el Señor, más que en cualquier otra cualidad humana..

La primera característica de este servicio consiste en una intimidad que no se demuestra con acciones o palabras que los hombres puedan juzgar, sino que debe ser conocida por Jesús, que lee en los corazones: "Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo" (21,17).

L a triple pregunta tiene una triple respuesta: "Señor tu sabes que te quiero -fhilo se-") a la que sigue una triple toma de posición por parte de Jesús, que se expresa en la asignación de un encargo.

También aquí hay una alternación de términos, que es difícil hacer en la traducción. En los encargos de Jesús se debería leer: " Apacienta", " Sé Pastor", "Apacienta". Los dos verbos en griego son distintos. Es difícil establecer si se trata de una simple oscilación de léxico o si nos encontramos ante una llamada de atención intencional sobre aspectos diversos. En todo caso, en la palabra poimáine hay ciertamente un llamamiento al poimén, el pastor del cual se habla en el capítulo 10. Juan nos invita a volver con el pensamiento al trozo de Jesús pastor. Y aquellas mismas características le vienen ahora atribuidas a Pedro.

En base al análisis del texto aparece todavía una participación, que tal vez es una pura variación filógica, pero que quizá sirve para indicar la amplitud de la misión: me refiero a los diversos términos usados en los versículos 15.16-17, para señalar el objetivo de la actividad del pastor: allí se habla de "corderos" y de "ovejas". (Ta arnía mu, ta probata mu).

¿Hay alguna diferencia? Es difícil decirlo. Cordero y ovejas son nombres griegos. Probablemente se trata de un simple motivo de variedad, pero también puede demostrar la vastedad de la misión, que supone diversos modos de tener cuidado, según los destinatarios: al comienzo, los principiantes; luego los que progresan y siguen adelante.

En los versículos 18-19, la profecía del martirio de Pedro está estrictamente unida con la misión pastoral. "Amar a Jesús" está unido con el dar la vida por él. La tarea pastoral se explica con esta capacidad de dar la vida que Santo Tomás explica muy bien en su comentario al capítulo (de la Sagrada Escritura) de Juan 10. La diferencia entre un pastor que guía en las cosas temporales y el pastor de la Iglesia, es ésta: mientras a quien guía en las cosas temporales no se le pide dar la vida por los demás porque está obligada sólo hasta un cierto punto, el pastor de la

Iglesia sí está obligado en razón de su mismo oficio. Esta es la verdadera característica que expresa con cuál profundidad un hombre esta ligado a las personas que se le confían, si toma en serio la misión recibida de Jesús.

La misión que la Virgen de Guadalupe encomienda a nuestro hermano San Juan Diego está basada también en un diálogo de amor.

Juanito, Juan Dieguito, el más pequeño de mis hijos, sabe y ten entendido que yo soy la siempre Virgen María, madre del verdadero Dios por quien se vive. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo... ve al Obispo de México a manifestarle lo que mucho deseo.

Señora, la más pequeña de mis hijas, niña mía, expuse tu mensaje al Obispo, pero parece que no lo tuvo por cierto...
Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón no te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás por ventura bajo mi regazo?... Sube ahora hijo mío a la cumbre del cerrillo, donde hallaras diferentes flores, córtalas y traerlas a mi presencia.

Hijo mío, esta es la prueba y señal que llevarás al Obispo para que vea en ellas mi voluntad. Tú eres mi embajador muy digno de confianza.

A nuestro hermano San Juan Diego verdaderamente le cuesta cumplir con la misión, tiene que superar arduas dificultades. Sin embargo ama a la morenita y vemos que con palabras tiernas, sencillas y cariñosas le expresa su amor. A la vez la Virgen Madre le entrega todo su amor maternal y apoyada en él confía en que San Juan Diego cumplirá su misión.


Queridos hermanos sacerdotes, mis próvidos colaboradores, queridos seminaristas, religiosas y religiosos, queridos fieles laicos, al culminar nuestra peregrinación en esta casa de María hoy hemos escuchado la voz de nuestro supremo pastor que nos pregunta a todos: ¿ me amas? ¿ quieres ser mi amigo? .

¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra?
¿No estás por ventura en mi regazo?

Con estas palabras llenas de amor que están bien grabadas en nuestro corazón regresaremos llenos de paz y alegría a nuestra Diócesis, para continuar en el camino de la Evangelización.

Si como Pedro, reconociendo nuestra debilidad, le decimos: Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero, entonces El nos seguirá confiando la misión de Evangelizar, de llevar su Buena Nueva a todos los rincones de nuestra Diócesis; de anunciar con nuestra palabra y nuestra vida el amor y amistad que tenemos con El a todos nuestros hermanos. El nos pide ahora que extendamos por todas partes la civilización del amor, que nuestra Diócesis sea una verdadera escuela de amor y comunión.

Como Diócesis peregrina hemos llegado hasta esta casa de María de Guadalupe porque la amamos igual que la amó y ama San Juan Diego. La amamos como a Nuestra Madre, Nuestra Niña, la más pequeña de nuestras hijas. Desde siempre Ella se ha ganado y robado nuestro amor. Por eso estamos aquí con Ella. Le decimos nuestros problemas, le pedimos por las necesidades personales y de nuestra familia.

Como Diócesis le pedimos por nuestro presbiterio, por nuestro seminario, por la vida consagrada, por nuestros pujantes laicos, por nuestra Plan Diocesano de Pastoral y escuchamos su voz amorosa que nos dice:

+ Miguel Giles Vázquez
Obispo de Cd. Altamirano

Basílica de Guadalupe, a., 13 de mayo de 2005

 
 
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